INFORME

La orden de los Caballeros Templarios: revelaciones e impactantes detalles

EL ORIGEN. Un poco de historia y datos muy necesarios para poder entender el Tercer movimiento militar surgido en Tierra Santa.

Por Antonio Las Heras (*)
alasheras@hotmail.com

La Orden de los Templarios fue la tercera orden militar que se fundó en Tierra Santa. La primera había sido la de los Canónigos del Santo Sepulcro, mientras que la segunda la de los Caballeros de San Juan de Jerusalén u Orden del Hospital (cuyos miembros luego se conocieron como “hospitalarios” y, posteriormente, fue llamada Orden de Malta hasta nuestros días). Hacia el año 1099 Godofredo de Boullión conquistó Jerusalén.

Inmediatamente después fundó una Orden a la que denominó Priorato de Sión, que fue uno de los factores que le permitió convertirse en Rey de Jerusalén. Eso afirma parte de la historia, que también lo responsabiliza de la creación de la Orden del Temple en 1118. 

Sin embargo, nuestras investigaciones nos han llevado a reconocer que el Priorato de Sión repudió al Temple por no haber evitado la caída de la Ciudad Santa, motivo por el cual los Templarios debieron abandonar esas tierras y cumplir su misión lejos de allí. Resulta difícil creer que una Orden fuera creada por un único hombre iluminado, en cambio, es más probable que esta sea el producto de la planificación de un grupo con el mismo objetivo y unido por una misma búsqueda, como ocurre siempre en el campo esotérico.

Según el historiador de las Cruzadas de origen sirio Guillermo de Tiro (1130-1186), el Temple se fundó hacia el año 1118 cuando nueve caballeros, representados por Hugo de Payen y André de Montbard, le ofrecieron a Balduino, por entonces Rey de Jerusalén, organizar una Orden armada que se encargara de velar los caminos que se utilizaban para la peregrinación a Tierra Santa.

Dos postales de un viaje a la historia. 
Dos postales de un viaje a la historia. 


Y fue así como de la inmediata aceptación del pedido nació la originalmente llamada Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón

De acuerdo con nuestras investigaciones y los datos documentales recogidos de la Orden de Sión, la Orden del Temple habría sido, verdaderamente, su brazo visible, administrativo y armado, creado con el fin de seguir manteniendo en secreto los objetivos perseguidos por el Priorato. ¿Y cuáles eran aquellos objetivos? Si bien fueron celosamente resguardados a través de los tiempos, podemos sostener que ambas órdenes iniciáticas buscaban el “poder” emanado de los designios del Creador, para transformarse en Guías de la Humanidad.

Ese poder supremo se hallaba oculto en las ruinas del Primer y Segundo Templo, esto es, en los construidos por Salomón y por Herodes.

En aquellas rocas en donde alguna vez había estado erigido el Gran Templo de Salomón, edificado bajo las órdenes del Maestro Mayor Hiram Abif (arquitecto y maestro en geometría), debían estar guardadas las valiosas reliquias cuyo valor esotérico permitiría, a quien las encontrara, obtener ese “poder” tan anhelado.

Y una de ellas estaba representada por el Arca de la Alianza, perdida en los tiempos en que se produjo la primera destrucción del Templo en manos del rey babilónico Nabucodonosor en el año 587 a. J.

Esto explica perfectamente el hecho de que estos nueve caballeros estuvieran más abocados a excavar los cimientos del Templo durante casi una década desde su llegada a Tierra Santa, en lugar de cuidar los caminos, como, aparentemente, habían prometido hacer. Clara demostración de que fue la excusa para justificar la creación de la Orden del Temple ante los ojos profanos.

En el año 1104, Hugo I de Champaña realizó un encuentro al que asistieron miembros de las familias que, años después, tendrían una estrecha vinculación con los Templarios y con la historia de Jerusalén. Entre ellos se encontraban André de Montbard, Gran Maestre del Temple desde 1154 (y tío de Bernardo de Claraval); el conde Fulko V de Anjou, Rey de Jerusalén en 1131; y Juan de Brienne, otro Rey de Jerusalén ungido en 1210.

Esta reunión fue fundamental porque en ella se sentaron las bases sobre las cuales se erigiría más tarde la Orden del Temple: allí se transmitió el secreto referido a la verdadera misión que tendría la Orden y a la ubicación exacta de las reliquias del Gran Templo.

A mediados del siglo XX, en las cuevas del Qumram, cerca del Mar Muerto, fue hallado un manuscrito que data del siglo anterior al nacimiento de Jesús y que se conoce con el nombre de “Rollo de Cobre”. En él se detalla la localización precisa de sesenta y cuatro emplazamientos donde se encontraban grandes riquezas, que incluían entre cincuenta y ocho y ciento setenta y cuatro toneladas de metales preciosos.

El pormenorizado estudio de este texto llevó a los investigadores a la conclusión de que ese tesoro había pertenecido al Templo de Salomón y de que el manuscrito señalaba la existencia de una copia del mismo. En base a nuestras propias investigaciones, estamos en condiciones de afirmar que el conde de Champaña poseía esta copia y que había transmitido sus datos a Hugo de Payen y a los ocho caballeros restantes que formaron inicialmente la Orden del Temple, para que buscaran en Jerusalén el tesoro que se ocultaba allí.

Pero, ¿quién fue Hugo de Champaña? ¿Y cómo obtuvo ese documento? Nació en el año 1077 y sus padres fueron Teobaldo III de Blois y de Champaña y Alejandra de Valois. Obtuvo el feudo de la Champaña en 1093. En una fecha que no puede precisarse, pero que se sitúa alrededor del año 1104, estuvo en Tierra Santa.

A su regreso, tomó contacto con el abad del Císter, Esteban Harding. A partir de esa reunión, el abad comenzó a estudiar, junto con otros miembros de su monasterio, los textos sagrados hebraicos, para lo cual solicitó la ayuda de los sabios rabinos de la Alta Borgoña. Este hecho resulta algo inusual y llama la atención, pero lo más notorio es que sucediese a partir de su reunión con Hugo de Champaña.

EL CONDE
CONFIANZA DE CHAMPAÑA

Por qué el conde de Champaña confió su misión a Hugo de Payen, convirtiéndolo en uno de los hombres que solicitó la creación de la Orden del Temple transformándose en su primer Gran Maestre? ¿Por qué depositó en él su confianza?

Hugo de Payen se estima que nació en Payns hacia el año 1080, aunque no hay datos precisos que determinen la exactitud de esta fecha. Sí, se sabe que fue uno de los oficiales mayores de la casa de Champaña, ya que su firma aparece en dos actas importantes del conde de Troyes: en una firmando como Hugo de Paenz (con fecha 21 de octubre de 1100), y en otra como Hugo de Paenciis.

Según las crónicas de la época, también se lo conoció como Hugo de Paganensis, de Paon y otros nombres similares. También se puede establecer que su rango sedebía no solo a sus dotes personales, sino también a que su familia, de origen noble, estaba emparentada con la del conde Hugo de Champaña. Era señor de Montigny y primo de San Bernardo por parte de su madre.

Cabe resaltar este último hecho, ya que encontramos un nuevo parentesco de San Bernardo con otro de los miembros de la Orden del Temple (recordemos que era sobrino de André de Montbard).

Poco más se sabe de este misterioso hombre, salvo que tuvo un hijo conocido con el nombre de Thibaut o Teobaldo de Pahans, que fue abad de Sainte-Colombede-Sens, quien tuvo algunos problemas por haber empeñado una cruz y una corona de oro con incrustaciones de pedrería pertenecientes a su abadía, con el fin de costear sus propios gastos para participar en la segunda Cruzada.

Este hecho fue el que posibilitó que quedara en los registros de la historia, aunque no de la mejor manera. La relación entre Hugo de Payen y el conde de Champaña no sólo estaba marcada por sus lazos familiares y de confianza, sino también por una visión compartida sobre la importancia de proteger a los peregrinos y los lugares sagrados en Tierra Santa.

Cuando el conde regresó de su propio peregrinaje, se dice que quedó profundamente conmovido por la situación precaria en Jerusalén, donde los caminos hacia los sitios sagrados estaban plagados de peligros y amenazas.

Fue en este contexto que Hugo de Payen, con su experiencia militar y su firmeza de carácter, fue elegido como el hombre adecuado para liderar la creación de la Orden del Temple, una organización que uniría el fervor religioso con la disciplina militar.

Esta decisión no solo respondía a las habilidades estratégicas de Hugo, sino también a su devoción y su disposición a consagrar su vida a una causa superior.

La orden de los Caballeros Templarios: revelaciones e impactantes detalles
r Antonio Las Heras frente a la Capilla de Notre Dame de Belén que fuera de los Templarios, situada en el sur de Francia, donde fueron tras los pasos de María Magdalena. 
ESCRITOS
EL VIAJE A JERUSALÉN

Resulta fácil concluir que el texto que tan minuciosamente estudiaron los monjes de la abadía de Císter era, justamente, la copia del manuscrito hallado en las cuevas de Qumram

Lo que no podemos transmitir es la manera en que el conde de Champaña la obtuvo en su viaje a Jerusalén ni por qué medios recibió la información de su existencia, pero sí podemos afirmar que se trató de ese documento. 

Hugo vuelve nuevamente a Tierra Santa en 1114 y cuando regresa (en 1115) le ofrece a Esteban Harding unas tierras ubicadas en el bosque de Bar-sur-Aube, conocidas como Valle de la Absenta, para que estableciese allí una abadía. 

Para dirigir este proyecto, Harding designa al joven monje Bernardo de Fontaine, de veinte años de edad quien, acompañado de otros dos clérigos, funda la abadía de Claraval. Este monje fue conocido luego como Bernardo de Claraval. Nos referimos nada menos que a San Bernardo.

Poco después, Hugo de Champaña expresa su deseo de regresar a Tierra Santa para unirse a los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén. Pero para ello no debía tener esposa, o ésta debía entrar a un convento. Al negarse ésta última al pedido de su esposo, parte en su reemplazo Hugo de Payen.

Finalmente, fuertemente movido por su deseo de cumplir con la misión trascendente a la que había estado abocado durante todos esos años, en 1125 repudia a su mujer, renuncia a su condado, reniega de su hijo, y parte para reunirse con los nueve caballeros que ya estaban cumpliendo las tareas.

(*) Doctor en Psicología Social, filósofo y escritor. Magister en Psicoanálisis. Pte. Asoc. Arg. Parapsicología y de la Asoc. Junguiana Argentina.

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