INFORME

Revelador: René Guénon y la metafísica oriental

PENSADOR. Reconocido por sus análisis de carácter filosófico espiritual y de antiguos misterios

Por Dr. Antonio Las Heras (*)
alasheras@hotmail.com

René Guénon (Blois, Francia, 15/11/1886 - El Cairo, Egipto, 07/01/1951) fue matemático, filósofo y esoterista. También maestro masón. Es reconocido, aún hoy, por sus esclarecedoras publicaciones de carácter filosófico espiritual tanto como por su esfuerzo a favor de la conservación y divulgación de aquellas tradiciones que se conocen como los “Antiguos Misterios”.

En 1930, ya convertido al Islam, se instaló en Egipto. Los artículos y libros de Guénon abarcan los grandes temas de las diversas formas tradicionales de Oriente y Occidente (Hinduismo, Taoísmo, Budismo, Tradición Hermética, Masonería, Judaísmo, Cristianismo, Islam) en sus vertientes metafísica, cosmogónica e iniciática.

Fue iniciado masón por una logia francesa. Sobre esta antigua sociedad tratan sus libros póstumos “Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada” (1962) y “Estudios sobre la Francmasonería y el Compañerazgo” (1964).

Sobre la existencia de una Metafísica Oriental opuesta o complementaria a una Occidental, el sabio francés ha dicho: “He tomado como tema de esta exposición la metafísica oriental; quizás habría valido más decir simplemente la metafísica sin epíteto, ya que, en verdad, la metafísica pura, al estar por esencia fuera y más allá de todas las formas y de todas las contingencias, no es ni oriental ni occidental, es universal. Son sólo las formas exteriores de las que es revestida por las necesidades de una exposición, para expresar lo que es expresable de ella, son estas formas las que pueden ser orientales u occidentales; pero, bajo su diversidad, es un fondo idéntico el que se halla por todas partes y siempre, al menos donde hay metafísica verdadera, y eso por la simple razón de que la verdad es una”.

Y sobre la Metafísica, escribió: “La razón es una facultad específicamente humana, pero lo que está más allá de la razón es en verdad ‘no humano’ y justo lo que hace posible el conocimiento metafísico”.

El especialista español David Hernández de la Fuente explica: “René Guénon escribió una gran obra de iniciado más que de estudioso, que pretendía recuperar el fondo común de la experiencia metafísica del ser humano y restaurar el vínculo de espiritualidad entre Oriente y Occidente. Fue uno de los grandes estudiosos de las religiones orientales y, a la vez, no descuidó su deuda hacia su Occidente natal. Pero sus textos han sufrido cierto ostracismo por parte de las autoridades religiosas y académicas, de uno y otro lado, y de la crítica erudita que se ha ocupado de ciencias de las religiones. Hoy, en un mundo hiperconectado, de atolondrada inmediatez, su pista se ha perdido para muchos y parece que pocos leen ya una obra escrita con arte, inspiración y cuidado, clave para quien se ocupe de filosofía y religión”.

Y agrega: “Hay una tradición primordial de sabiduría metafísica que une íntimamente las grandes culturas de la antigüedad, la indoeuropea, desde la antigua India al mundo grecorromano, pasando por el celta, el eslavo o el germano, la semítica o la china, y que se destaca por el énfasis en un conocimiento que va más allá del yo y se concreta en diversos grandes temas de conocimiento del ser, de la unidad primordial y de los ciclos de la existencia. A pasar el testigo de ese hondo saber filosófico y religioso, desde la antigüedad a nuestra desnortada modernidad, dedicó su vida e inmensa labor un autor único e inclasificable, Guénon, que fue definido por su más o menos confeso discípulo Mircea Eliade como ´el hombre más inteligente del siglo XX´. Educado en el catolicismo, viajó muy pronto a Oriente, que le deslumbró, y se inició en diversas tradiciones, desde el hinduismo al sufismo, para acabar residiendo en El Cairo, donde murió. Su vida fue reservada pero muy intensa, con muchos intercambios intelectuales con algunas de las mejores cabezas de su tiempo, en las que influyó discretamente”.

El doctor Martin Lings, profesor de Literatura por años en la Univ. de El Cairo y que lo conoció en persona, en rueda de prensa en 1994, en Londres, indicó: “Era consciente de tener que ejercer una misión y distinguía con claridad qué le era propio y qué no. Supo que lo suyo no era tener discípulos, sí enseñar la preparación de una vía que las personas hallaran por sí mismas, y consistía en llenar vacíos que dejaba la educación convencional moderna.

El primero es la falla en entender el significado de lo trascendente y por ello, en el significado de la palabra intelecto, que hemos olvidado en occidente. Guénon insistió en sus escritos en darle al intelecto su real significado de percepción de lo trascendente, como una facultad que puede percibir las cosas del mundo inmediato; sus prolongaciones en el alma son lo que llamaríamos intuiciones intelectuales, destellos preliminares antes de que la intelección propiamente dicha tenga lugar.

"Los problemas que trata se muestran como si hubieran surgido al fin por la pérdida de su dimensión de los misterios del esoterismo. Ubica todos los problemas del mundo moderno relacionados con el olvido de los aspectos elevados de la religión; estaba seguro de ser pionero.

“Todo lo que podemos hacer o decir servirá para dar, a quienes vengan después, facilidades que a nosotros no nos fueron concedidas. Aquí, como en cualquier lugar, está el principio del trabajo que es más difícil”. Tal fue la certeza de este autor de que en la Gran Arquitectura Universal todo lo que ocurre sucede por un razón, que sorprendió, y aún lo hace al expresar: «Puesto que todo lo que existe bajo cualquier forma, incluso el mismo error, posee su necesaria razón de ser, hasta el propio desorden ha de encontrar por fin su lugar entre los elementos del orden del Universo”.

PENSADOR DEL SIGLO XX
SU CONVERSIÓN AL ISLAM Y UNA PROLÍFICA OBRA

René Guénon se mudó en 1930 a Egipto para profundizar su saber del mundo tradicional islámico. Ya se había convertido antes al Islam y se vinculó a un tariqa sufí de la rama shadhilí. En suelo egipcio vivió hasta su muerte en 1951, siendo conocido en los círculos del sufismo egipcio como Abdul Wahid Yahya.

Publicó 17 libros, además de 10 colecciones de artículos, pero en forma póstuma. Sus obras escritas en francés (sólo escribió en árabe dos artículos para la revista El Maarifâ) han sido traducidas a todas las lenguas modernas. Los historiadores del tema lo consideran el mayor metafísico de Occidente durante el pasado siglo.

Su pensamiento tuvo una influencia decisiva en el ámbito del esoterismo, en las sociedades para cuyo ingreso debe hacerse un ritual iniciático, como también de la cultura en general. Entre 1909 y 1950 escribió su obra. En la Argentina sus escritos fueron reconocidos por autores de la talla de Ricardo Güiraldes, Leopoldo Marechal y Héctor Murena, entre otros.

El primer libro de Guénon publicado en español, lo fue en la Argentina, con prólogo de reconocido filósofo Armando Asti Vera. Mas la vida misma de Guénon está relacionada con nuestro país, a punto tal que uno de los tres albaceas de su obra fue el Embajador Madero a quien conoció cuando ocupaba ese cargo en El Cairo.

Su obra abarca todos los grandes temas de las diversas formas tradicionales de Oriente y Occidente (Hinduismo, Taoísmo, Budismo, Tradición Hermética, Masonería, Judaísmo, Cristianismo, Islam) en sus vertientes metafísica, cosmogónica e iniciática. Fue iniciado masón por una logia francesa. Sobre esta antigua sociedad tratan sus libros póstumos “Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada” (1962) y “Estudios sobre la Francmasonería y el Compadrazgo” (1964).

(*) Doctor en Psicología Social, filósofo y escritor. Magister en Psicoanálisis. Pte. Asoc. Arg. Parapsicología y de la Asoc. Junguiana Argentina

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