DETALLES

Informe: la ciudad andina secreta

CREER. Antes de la fundación de Mendoza, ya existían leyendas sobre seres desconocidos 

Por Prof. Antonio Las Heras (*)
alasheras@hotmail.com

Situada a escasos veinte kilómetros al oeste de la ciudad de Mendoza, muy próxima al macizo de los Andes, se encuentra una región desértica y pedregosa debajo de la cual algunos investigadores afirman que se extiende Isidris, una ciudad mágica y, por lo tanto, secreta.

Hoy en día, el sitio es atravesado por modernas carreteras, pero todavía continúa tratándose de una región inhóspita, con poca población, donde rara vez llueve y cuyo clima presenta amplitudes térmicas. Isidris es el nombre con que los esoteristas bautizaron a la ciudad subterránea en la segunda mitad del siglo XX.

Fue bautizada así alrededor de 1984. Alguien comenzó usando ese nombre en una conferencia y los que lo escucharon lo repitieron, después fue publicado un pequeño libro - una especie de folleto hoy inhallable - que, bajo el seudónimo Kervher oculta el nombre de una autora mendocina que lleva por título “Isidris”.

En la década del ‘50 se realizó un loteo de terrenos - que habría de convertirse en el germen de un futuro country club o ciudad cerrada - bautizado, precisamente, con el nombre de “Campos de Isidris.” El proyecto no fue viable. Mucho antes de todo esto, la región ya era conocida como mágica y misteriosa.

Hay leyendas, desde la llegada de los primeros colonizadores, que refieren la presencia de seres desconocidos - unas veces tomados como dioses, otras como demonios - que aparecían tan repentinamente como se esfumaban y que en lugar de caminar sobre el suelo parecían desplazarse a mínima altitud del piso.

Igualmente existen historias similares procedentes de leyendas de los pueblos originarios, que hablan de divinidades capaces de manifestarse a través de las rocas o de figuras - cual si fueran pequeños duendes - que parecían dedicados a jugar en la boca de las cavernas y grutas que abundan entre los peñascos.

De acuerdo a los testimonios que hemos podido recoger, una cúpula translúcida - semiesférica - de alrededor de trescientos metros de diámetro, suele verse entre la penumbra de las noches solamente iluminadas por la Luna Llena, lo que indicado la ubicación geográfica, exacta, de Isidris.

“Pude ver Isidris, sin buscarlo - nos dice un testigo que prefiere mantener el anonimato debido al destacado puesto que ocupa en el gobierno mendocino - poco antes del amanecer, en una agradable jornada de primavera. Yo pasaba por la carretera con mi auto, después de haber estado en una reunión que concluyó con una cena tardía. Como estoy acostumbrado a estar despierto hasta muy tarde, me mantenía fresco y mi estado de ánimo más que bueno, diría que era de tranquilidad. Siempre manejo con cuidado, no voy a gran velocidad por ese camino que es sinuoso, así que no resultó raro que pudiera ver hacia mi izquierda, hacia el lado de las montañas, algo que distrajo mi atención. Es el día de hoy que bajo los párpados y me parece estar viéndolo. Era algo así como una lente, parecía de vidrio o alguna sustancia trasparente; pero lo que más me llamó la atención es que parecía palpitar mientras emitía una luminiscencia entre blanquecina y rosa muy pálido. Cómo me habrá atraído lo que veía, que paré el auto al costado de la ruta, bajé, y me fui caminando para poder ver el fenómeno de más cerca. No era alucinación, ni tampoco una confusión o algún reflejo. Todavía no amanecía, aunque faltaba poco. Pero estaban todas las estrellas, el cielo oscuro... y eso latiendo allí. Tuve que mirar con cuidado para no resbalarme, ni caerme entre las piedras sueltas, que está lleno de éstas”.

Y continúa su relato: “Empezó a amanecer lentamente y yo ya estaba a no más de 100 metros del fenómeno. Debo haber estado a 50 metros, como mucho, cuando la luminiscencia empezó a debilitarse. Bien de a poco, para esfumarse totalmente en cuestión de un par de minutos. Desapareció totalmente”.

“Esa misma tarde, y los días siguientes, conversé sobre lo que me pasó con unas pocas personas de mi confianza. Y así fui enterándome sobre la existencia de Isidris. Yo soy de acá, nacido en Mendoza, pero nunca presté atención a todo esto, si bien algunas historias sobre misterios de esta índole siempre escuché. Pero no es lo mío. La verdad, es que nunca creí que estas cosas existieran y como tengo un pensamiento racional y lógico siempre he sostenido que el esoterismo es cosa de mentes débiles. No tengo empacho en decirlo, ni tengo por qué mentir. Pero me consta lo que tuve oportunidad de ver aquella madrugada. Y lo cierto es que coincide con los relatos que desde la fundación de nuestra ciudad capital hasta la actualidad abundan”, afirmó seguro.

No es difícil encontrar testimonios como este. Muchos relatos provienen de personas que se encuentran alejadas de las cuestiones esotéricas porque no las conocen o, directamente, no les importan. Lo cual los hacen especialmente valiosos.

EL NOMBRE: INSPIRADOS EN ISIS Y OSIRIS

Las teorías sobre el origen y el nombre de esta ciudad oculta ubicada en las cercanías de la ciudad de Mendoza se han multiplicado con los años, pero una versión predomina. La denominación Isidris es un juego de abalorios entre “Isis” y “Osiris”. De acuerdo a los estudiosos del tema, las letras “si”, de Osiris son tomadas de aquellas con las que también se menciona a Isis, lo que -siempre de acuerdo a los investigadores de lo paranormal en Argentina- revelaría el profundo lazo de unión que existe entre ambas divinidades egipcias.

(*) Doctor en Psicología Social, parapsicólogo, filósofo, historiador

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