Los seres que acechan durante las pesadillas
FIGURAS ESPECTRALES. La esencia tenebrosa de los sueños y sus visitantes
Por Carlos Parodi (*)
@CarlosParodi.64
Desde sus orígenes, la humanidad ha vivido y soñado envuelta en medio de la pendular noción del Bien y del Mal, y dentro del enigmático universo onírico, la sustancia de lo que se manifiesta como alucinante, parece transgredir los restos diurnos y surgir bajo las formas de las pesadillas más aterradoras.
En tal sentido, son infinitos los relatos acerca de seres mitológicos que cobraban vida en sueños. Incluso muchos siglos atrás, las figuras y presagios malditos que auguraban las pesadillas, eran objeto de consulta de los sacerdotes persas, egipcios y babilónicos.
De la misma manera que sucedía en muchos otros cultos, en los cuales los demonios nocturnos simbolizados en "íncubus" y "súcubus" también tomaban las fisonomías de lobos, peces horripilantes, vampiros sanguinolentos o bestias sin formas definidas.
Con el curso de la historia, esas "apariciones" horrendas de ensoñada esencia eran tratadas con plantas medicinales, rituales, amuletos, sortilegios y fórmulas alquímicas que, a manera de protección, ofrecían un feliz descanso a los humanos durante aquellas trágicas épocas signa- das por las guerras y pestes.
De este modo, animales legendarios como el basilisco, los dragones o las serpientes endemoniadas conformaban el macabro zoo de las pesadillas, todo ello sumado a los relatos rurales de acerca de presencias fantasmagóricas que ululaban por los bosques, camposantos, abadías y castillos.
Una devota religiosa llamada Hildegarda Von Bingen (1098-1179) oriunda de Alemania, fue también una "visionaria" que escribió trata- dos contra esas "apariciones".
Una de sus obras más representativas fue "Los Fantasmas diabólicos" en la cual describía sus propias visio- nes plenas de noctámbulas y caóti- cas fragancias.
Durante la Edad Media, los "seres" provenientes de ese manto de des- asosiego nocturno, originaron el surgimiento de grupos de lecturas y rezos que unían a los pobladores de las aldeas más inhóspitas del viejo continente, en pos de alejar a dichas entidades.
Según registran muchos tratados del Medioevo, merced a la lectura de estos salmos, unas figuras etéreas "intervenían" en los perío- dos de sueño y preservaban el des- canso bajo la luz diáfana de los "án- geles de la guarda", que alejaban las sensaciones de angustia y terror de los plácidos durmientes.
Por ese mismo sendero contem- plativo transitó el poeta alemán Hans Sachs (1494-1576) cuando describió a una "babosa del sueño infernal" que tomaba vida por las noches, subía a las camas y con su brillo impregnaba de espuma hedionda el cuerpo y alma de los pecadores.
Este aterrador suceso constituía un principio de razón suficiente para que los aldeanos, luego de comer y beber en abun- dancia, se entregaran a la plegaria, antes de sumergirse en los brazos de Morfeo.
El arte también fue motivo de en- cantamiento por la presencia de es- tas oscuras figuras.
El artista Francisco de Goya (1746-1828) creó la obra "El sueño de la razón produce monstruos", en la cual la vigilia y la fantasía onírica se enfrentaban entre sí.
Por su parte, el novelista británico Walter Scott (1771- 1832) le confirió al sonambulismo el origen de esos entes endemo- niados que alteraban la paz de sus sueños.
Para tal fin y como forma de espantarlos, llevaba un diario personal en el cual -al despertar- describía esos terrores que lo apesadumbraban durante las noches.
Adentrado el siglo XIX, a la palabra "pesadilla" en idioma español se la describió como a esa pesadez que experimenta el cuerpo luego de co- mer, y también fue diagnosticada como resultado de las "parálisis del sueño" y de las "alucinaciones hipnagógicas".
Para la ciencia médica aplicada a los Estudios del Sueño, suelen producirse durante los episodios asociados al sueño "REM" y son catalogadas como un tipo de parasomnia.
Aún tomando las explicaciones científicas, psicoanalíticas y mís- ticas, el ser humano, fiel a la na- turaleza propia de su raciocinio, siempre intentará encontrar una explicación lógica a esos períodos del sueño vinculados a sensaciones tan agobiantes como perturbadoras.
Así y todo, el pavor y el posterior alivio que sobrevienen al despertar luego de una pesadilla abominable, ponen en marcha mecanismos de la psique que acaso no estén tan alejados de representar un simbólico enfrentamiento entre los arque- tipos ancestrales concernientes a la Luz, pero también a la Oscuridad.
LITERATURA
LOS CUENTOS ARGENTINOS
Señoras, señores: los sueños son el género, las pesadillas la especieà", así comienza la conferencia que Jorge Luis Borges ofreció sobre "La Pesadilla" en 1977, y podríamos afirmar que Argentina cuenta con una cautivante literatura dedicada a esta singular "especie".
Borges también publicó "El Libro de Sueños" en el que recopila historias oníricas de la literatura universal. El mismo sendero transitaron Leopoldo Lugones con "Las Fuerzas Extrañas", Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, y tambén el escritor, parapsicólogo, abogado criminalista y estudioso de las ciencias ocultas Juan Jacobo Bajarlía, bautizado por Leopoldo Marechal como el "zoólogo de la monstruosidad".
(*) Periodista, investigador de temas sobrenaturales

