Manifestaciones: apariciones y visiones
FENÓMENOS. El fluctuante devenir de manifestaciones espectrales a través del tiempo
Por Carlos Parodi (*)
@CarlosParodi.64
Mientras la condición propia del misterio es la de ser invisible a los asuntos mun- danos, la perplejidad de reaccio- nar ante lo “extraño” -tal como sucede con ciertas “visiones”- dispara interrogantes que no siem- pre cuadran con la noción de realidad.
Si bien para las corrientes científicas estas manifestaciones se reducen y responden a imáge- nes provocadas por la psique y a figuras abstractas de simbología inconsciente, también es justo señalar que desde los más anti- guos relatos y hasta la casuística actual, muchas “apariciones” mutaron de tipología y de sus- tancias indescifrables.
La conciencia de la propia finitud y la necesidad de trascen- dencia de una energía más allá de la corpórea, constituyeron aquellos ingredientes que do- sificaron en los antiguos cultos sincréticos. En tal sentido, para las diversas creencias animistas, los diferentes tipos de “apariciones” pueden transmutarse por sueños e invocaciones, así como a través de meditaciones y rituales chamanísticos.
Durante el siglo XVII fue el filó- sofo inglés Henry More (1614- 1687) quién acuñó la palabra “Spissitude” para describir a una “cuarta dimensión espacial” des- de la cual provenían aquellas “apariciones” que vulneraban el plano de los vivos. Curiosamen- te, el mismo término que definía los conceptos de aquí (“abajo”) y arriba (“o fuera de”) también fue aplicado más de dos siglos después por el matemático y escritor británico Charles Howard Hinton (1853-1907) pensador teosófico proveniente de la Universidad de Cambridge.
Pero también, por caso, para una cultura milenaria como la de Japón, las “apariciones” comprenden diversas características que se extienden en un abani- co cuyos extremos representan las nociones del Bien y del Mal. A todas ellas se los denomina “Yokai” (“aparición sospecho- sa”); y mientras algunas son con- sideradas benefactoras para el ser humano (ya que incluso regresan a sus lugares de pertenencia terre- nal) otras son malditas, dado que su manifestación representaría a energías oscuras.
De este modo, se describen en la rica mitología japonesa, por un lado a los “Kappas”, representa- dos como figuras acuáticas que emergen desde las aguas, y a los “Tengu”, como a esas visiones que tienen una fisonomía bestial injertada por huesos y escamas, con nariz pronunciada, larga cola y alas.
De igual modo que en el folklore bengalí de la India, en el cual los credos míticos postulan que los métodos científicos no pue- den abarcar la totalidad de todo aquello que no se percibe mediante los sentidos. En esta cultura, por ejemplo, se manifiestan los “Bhoots” o apariciones de personas fallecidas en trágicas circunstancias (suicidios, accidentes o asesinatos) que retornan a los lugares en los que se despojaron de su vida terrenal.
Lo cierto es que para muchos in- vestigadores de fenómenos para- normales, las diversas “apariciones” acuden a este plano carnal, acaso por apegos, o por no reco- nocerse como seres que han des- materializado su corpus. Pero también es preciso recordar que no hay “visiones” sin testigos que las visualicen, y es en este vaporoso y frágil punto evanes- cente donde la mente también juega sus cartas tan psicológicas como filosóficas.
Por ejemplo, el parapsicólogo francés René Sudré (1880-1968) en su “Tratado de Parapsicología” refiere que “Las apariciones se reducen a una porción de espacio vinculada a determinados lugares y no necesa- riamente requieren de la representación visual de un sujeto”. De este modo, inferimos que estas “visiones” permanecen como formas sutiles e imperceptibles ante la mirada o la intuición.
Por su parte, desde la antropología, no se evalúa si las “apariciones” resultan falsas o reales, ya que se las estudia desde su em- pírico enfoque social y muy en particular desde la visión propia de aquel sujeto que las visualizó y que por lo tanto también cree en ellas. Lo real es que si bien para las ciencias estas “manifestaciones” representan la contra- parte del modelo tradicional de conocimiento, lo innegable re- sulta su aterradora y no menos cautivante esencia.
En tal sentido, y más allá o más acá de las teorías, el ser humano transita por la vida acompañado de forma invisible (o quizás no) por esas misteriosas percepciones y visiones que constituyen uno de sus más extraños y existencia- les interrogantes.
BUDISMO: LAS ENIGMÁTICAS “TULPAS”Originarias del misticismo budista, las llamadas “Tulpas” (“emanación”) refieren a visiones de formas energéticas producto de una fuerte concentración de pensamiento. También se las describe como “almas residuales”.
Si bien su creencia es milenaria, son diversos los testimonios de investigadores de la teosofía que han convivido con monjes tibetanos y han presenciado este tipo de manifestación espectral. Se reseña que las “Tulpas” pueden presentarse bajo la forma de un animal fantástico, de un ser humano, e incluso como un objeto.
Uno de los casos más resonantes vividos por personas provenientes de Europa fue el de la exploradora antropóloga y periodista francesa Alexandra David Weel (1868-1969) conocida por haber sido la primera mujer occidental que ingresó a la ciudad “prohibida” de Lhasa.
Esta aventurera fue seguidora de los preceptos ocultistas de Madame Blavatsky, también practicó meditación y convivió con monjes del Himalaya. Pero lo más impactante fue que durante sus exploraciones solitarias llegó a manifestar y a describir sus experiencias con sus propias “Tulpas” que dejó reseñadas en su libro “Magia y Misterio del Tíbet”, publicado en 1932.
(*) Periodista, investigador de temas sobrenaturales

