ESCALOFRIANTE

Los niños poseídos o demonios taquilleros

INQUIETANTE. El cine de terror insiste en exprimir la fórmula de que lo tierno también puede ser perturbador.

En el imaginario colectivo, los niños representan lo vulnerable, lo incorruptible. Pero la industria del cine insiste con asociar a estos portadores de inocencia con el mal. Los muestra poseídos, endemoniados.

Y hay dos motivos que lo explican: este subgénero del terror es un verdadero arte que juega al límite, como así también, cada tanto brinda un éxito de taquilla.

Es que para el espectador promedio, hay algo profundamente inquietante en ver el contraste entre la pureza asociada a lo infantil y la oscuridad que la invade, según lo cuente la historia. Esto suele generar una tensión emocional que otros tipos de terror no alcanzan.

Cuando ese símbolo se quiebra, el efecto es devastador: el temor no es sólo por el personaje, sino por la pérdida de la inocencia misma. Según aseguran los expertos en este arte, el cine de terror con niños funciona porque enfrenta al consumidor a un tabú: el miedo a que la infancia deje de ser un refugio.

Es lo que se explotó desde los primeros años del surgimiento de este género, cuando la niñez se convirtió en un espejo donde lo sobrenatural se mezcla con lo psicológico.

Perfectos canalizadores

El llanto en la oscuridad, los juegos que parecen invocar presencias invisibles o los amigos imaginarios que adquieren autonomía son recursos que, más allá del susto, revelan una ansiedad colectiva: la desconfianza hacia lo desconocido que habita en lo más puro.

Además, los niños, con su lenguaje emocional directo y su sensibilidad a lo intangible, son personajes perfectos para canalizar fuerzas invisibles o revelar verdades que los adultos se niegan a ver. En ese linaje se inscribe “Weapons”, la película protagonizada por Julia Garner, que se estrenó recientemente en todo el mundo y también llegó a las plataformas de streaming.

Dirigida por Zach Cregger, la mente detrás de “Barbarian”, el film combina el terror psicológico con el horror social. La trama gira en torno a un pueblo estadounidense sacudido por la desaparición de todos los chicos de un grado escolar (menos uno), un evento que desata una serie de sucesos inexplicables.

Garner interpreta a una maestra que intenta proteger a sus alumnos mientras una energía oscura parece manipular los hechos desde las sombras.

A medida que avanza la historia, la película se transforma en un rompecabezas donde el tiempo y la realidad se quiebran, revelando que los niños pueden ser tanto víctimas como vehículos de algo mucho más grande y siniestro. “Weapons” revitaliza el subgénero con una mirada contemporánea: el miedo no solo proviene de la posesión o el demonio clásico, sino de la violencia intencional y dirigida.

En ese sentido, comparte ADN con títulos emblemáticos como “El Pueblo de los Malditos” (1960), donde un grupo de niños rubios, idénticos y de mirada hipnótica, encarna una amenaza que nace del interior de la comunidad.

También dialoga con “La Profecía” (1976), donde el pequeño Damien representa al Anticristo en medio de un entorno racional. O con “Los Niños del Maíz” (1984), adaptación de Stephen King, en la que un pueblo rural queda dominado por menores guiados por una entidad maligna. En todos los casos, la semilla del terror brota del mismo terreno: la infancia convertida en canal del mal.

“REDRUM”: “EL RESPLANDOR”, UN ANTES Y UN DESPUÉS

Cuando Stanley Kubrick estrenó la película “El resplandor” (1980), redefinió el terror psicológico y consolidó una de las imágenes más icónicas del género: Danny Torrance recorriendo los pasillos del Hotel Overlook en su triciclo hasta que se encuentra con dos gemelas para nada inocentes.

Basada en la novela de Stephen King, el largometraje exploró cómo el mal se filtra en la mente y destruye la familia desde adentro. Danny, con su “amigo invisible” Tony y su don de comunicarse telepáticamente, representa la sensibilidad infantil ante lo sobrenatural.

En medio del aislamiento y la locura de su padre -interpretado por un Jack Nicholson descomunal-, su silencio se convierte en el grito más aterrador. Más de cuatro décadas después, “El resplandor” sigue siendo la obra maestra que mostró que el verdadero horror no siempre proviene de los fantasmas, sino que puede encontrarse aún en la inocencia de los chicos.

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