SECUENCIAS

¡Revelador! Poderosas bestias satánicas

ATERRADORAS. Desde Baphomet y Pazuzu hasta un sumo sacerdote del mal

Por Carlos Parodi (*)
@CarlosParodi.64

Invocadas en lúgubres páramos y escalofriantes santuarios, la deleznable fragancia de las imágenes diabólicas burbujeó como un caldero hirviente el transcurrir de los tiempos con degradante fascinación por parte de diversos cultos secretos.

Dentro de un maremagnum de tradiciones herméticas y creencias profanas plenas de oscuridad y siempre “presentes” ante actos macabros, ciertas imágenes enlazadas con lo demoníaco tomaron diversas formas en las diferentes civilizaciones.

De la antigua Mesopotamia existen registros de adoración al Mal ante una deidad llamada “Shedu” (“demonio de la tormenta”) que tomaba la forma de un toro negro con alas, gigantestos cuernos y ojos color fuego.

Deidades del infierno

Es bien sabido que durante el Medievo los dogmas religiosos enfrentaban a las supuestas manifestaciones de adoración al Diablo provocando infinidad de masacres de mujeres injustamente acusadas de brujería.

Eran aquellos terribles tiempos de degradación, pestes y hambrunas, en los cuales la figura del Diablo dejaba de ser meramente abstracta y adquiría para muchas creencias y supersticiones la naturaleza de una bestia infernal a la cual se rendía pleistesía.

Por ejemplo, para algunos historiadores de la religión cristiana, la siempre enigmática esencia que rodeaba a los caballeros Templarios los sindicaba como adoradores del temible “Baphomet”. Incluso también se ha interpretado que ciertos grupos de Templarios renegaban de su fe cristiana y daban rienda suelta a la adoración de este ser bestial.

Lo cierto es que “Baphomet” fue adorado desde la antigüedad mediante rituales y prácticas ocultistas. Su conformación física era representada por un gigantesco “macho cabrío” (del cual deviene la denominación de “aquelarre”) y su imagen está impregnada de un aterrador simbolismo pagano.

Muchos investigadores también lo han identificado como la contraparte satánica de la mansa imagen de la cabra asociada al Cristianismo. En tal sentido, los especialistas en demonología señalan que la cabeza de cabra, los cuernos y alas de “Baphomet” representaban una suerte de corpus viciado por las tentaciones del deseo terrenal y por la irrefrenable búsqueda de lo infernal.

Al igual que la antorcha que en su clásica imagen lo ilumina en medio de la oscuridad y que ha sido interpretada como esa diabólica luz que abre las puertas tanto del conocimiento hermético como de las profundidades del infierno. También de tiempos remotos deviene la figura de “Bael” o “Baal” mencionado en los primeros grimorios demonológicos.

Esta bestia del averno era adorada en los bosques y cavernas y tenía el poder de mutar de fisonomía dentro de la espesura de los bosques. Se le temía y adoraba y también podía asumir la forma de un inmenso gato negro con cabeza humana o de serpiente que envenenaba las almas de aquellos que lo reverenciaban.

Otra figura demoníaca que se manifestaba en los desiertos de Asia fue “Pazuzu”, también conocido como el “Diablo de los Vientos”.

Para algunos grupos que lo adoraban, “Pazuzu” apelaba a sus fuerzas para detener las plagas que acababan con las cosechas.

Pero según otras creencias rurales, su aparición y encuentros cara a cara eran sinónimo de pactos diabólicos o de muerte inminente. Su abominable fisonomía lo presentaba con el tronco de un ser humano desplegando oscuras alas de águila y una punzante cola de escorpión. Inmerso en una amalgama de elementos discordantes, la demoníaca figura de “Pazuzu” también era reverenciada para ahuyentar a otros seres malignos que habitaban las dunas del desierto.

Recordemos que su flamante “estreno” en la cultura de occidente acaeció en la película “El Exorcista” estrenada en 1973 y tanto su siniestra fisonomía como su aterrador simbolismo oculto siguen despertando el mismo horror sobrenatural ante quienes lo contemplan.

Estudio de los demonios

La demonología es una disciplina que se adentra en el estudio de los demonios, sus orígenes, nombres y funciones, y cómo han sido representados a lo largo de la historia.

Los investigadores que la practican no solo abordan cuestiones de entidades malignas en sí, sino también su interacción con el mundo espiritual y material. Esta disciplina entiende al demonio como la encarnación de todo mal y según sus avances, cada uno de los demonios puede asociarse con uno de los pecados capitales.

Según la mitología de las religiones monoteístas, la existencia de estos seres duales implica necesariamente un cielo y un infierno.

EXPERTO: UN SÍMBOLO MALÉFICO

En 1974, el ocultista norteamericano Anton LaVey (1930-1997), creador de la Iglesia de Satán y autor de la “Biblia Satánica”, viajó hasta la ciudad de Durango, al norte de México, al ser contratado como “supervisor técnico infernal” de la película “La Lluvia del Diablo”.

Recordemos que en 1968 este singular devoto de Satán había “asesorado” al director Roman Polanski para su obra cinematográfica “El bebe de Rosemary” grabada en el edificio Dakota.

Lo cierto es que apenas hizo pie en territorio mexicano, un escalofriante rumor comenzó a correr de boca en boca cuando los infernales seguidores de LaVey filtraron un dato que preocupó a los productores de la película.

Según los miembros de sectas luciferianas mexicanas, la verdadera razón de visitar ese territorio radicaba en que estaba en conocimiento de era un lugar con un pasado de actividad demoníaca y en el cual se reverenciaba a una extraña muñeca de trapo con “poderes diabólicos”.

(*) Periodista, investigador de temas sobrenaturales

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