Joaquín V. tiene 19 años y su vida cambió para siempre desde que empezó a ser señalado como el "entregador" de menores de la pensión de Independiente. Cada vez que se habló de la causa, se hizo incapié en que el chico era el "intermediario".

Con el avance de la investigación, pasó de ser victimario a víctima y parte fundamental de la investigación que trata de desbaratar a esta banda de pedófilos, que no sólo se encuentra relacionada con Independiente, sino con varios clubes de Argentina.

Joaquín ya no se encuentra en la pensión del club y desde hace un tiempo, duerme en un hotel ubicado en el barrio de Constitución. El joven tiene una sola cosa en la cabeza: jugar al fútbol y llegar a Primera División.

Lo mismo que deseaba antes del escándalo que envolvió al club que lo trajo desde Cipoletti, su cuidad natal, a donde pudo viajar para estar con su familia en Semana Santa.

En la causa, pasó de imputado a testigo: ya no es señalado como cómplice, sino como víctima de los acusados. El mismo día que la fiscal Soledad Garibaldi y el juez Luis Carzoglio, cambiaron su situación personal, Joaquín volvió a entrenar.

"Una vez que te contactaban, te pasaban los teléfonos. Por ir diez minutos, te ganabas entre 1500 a 2000 pesos. Te pasaban a buscar y te traían. A todos lados, departamentos en Palermo, San Isidro, Sarandí, hasta en La Plata. Pero es en muchas pensiones, no sólo la del club. Recién ahora que pasó, entiendo el quilombo en el que estaba metido", señaló el joven.

El chico oriundo de Cipoletti afirmó que la única manera de poder sobrellevar todo este cimbronazo que pasó, es haciendo lo que lo hace feliz: jugando al fútbol.