Por Ricardo Filighera

@Rfilighera

Acto primero

Mediodía del jueves 13 de abril de 1989. La propietaria del inmueble de la calle Melo al 3000, en Vicente López, preocupada, como el resto de los mortales de este país, observaba con sumo detenimiento las declaraciones que estaba realizando el flamante ministro de Economía, Juan Carlos Pugliese, por cadena nacional.

La situación social y financiera del país era particularmente dramática. Faltaban apenas dos semanas para las elecciones presidenciales y el gobierno del doctor Raúl Alfonsín se tambaleaba sin solución para la paz social. El panorama era desolador. Con las arcas vacías anunció un aumento de tarifas que no caía para nada bien en una sociedad que vivía, cada vez con mayor frecuencia, cortes de electricidad.

Pugliese informa de un impuesto a las exportaciones agrícolas e industriales, circunstancia que va a enardecer a los empresarios. En febrero de ese 1989 un dólar valía 17 australes, a fines de abril había aumentado más del 350%: la divisa norteamericana cotizaba a 60 australes.

Mate en mano, la propietaria hace unos gestos de abatimiento ante las declaraciones del veterano dirigente radical. Avizora, como todos, un duro panorama, previsible, en definitiva. Horas más tarde, suena el timbre. A las 21. Y se dirige hacia la puerta. La abre y se encuentra con su vecina, Irma Beatriz Girón (22), precisamente la chica que le estaba alquilando, desde hacía tres meses, el PH del fondo de ese inmueble. La propietaria se sorprende e intranquiliza en primer término, por la hora.

La propietaria: “Hola, Irma, ¿cómo estás...? ¿Todo bien por tu casa?"

Irma: “Disculpame la molestia. ¿Me podrías facilitar el teléfono unos minutos? Voy a pedir un médico a domicilio para mi prima (Gloria Fernández, 15), está con fiebre y realmente no se siente bien”.

La propietaria: “Sí, pasá, nena, por supuesto... aquí lo tenés”, y se lo señala, ubicado a un costado de esa sala comedor.

A la madrugada, una ambulancia del hospital de Vicente López se hace presente. Baja el médico perteneciente a la sala de guardia del citado nosocomio, Arnoldo Bresciani.

Bresciani: “Buenas noches. Soy del Hospital de Vicente López, se anunció luego de ser atendido por el portero eléctrico.

Irma llega hasta la puerta de entrada: “Pase, por favor, doctor. Se trata de mi prima que tiene fiebre desde ayer”.

Caminan el pasillo y llegan al PH del fondo. Gloria se encuentra recostada y la atiende el doctor Bresciani. Gloria tiene 38 de temperatura.

Bresciani: “Le voy a dar un analgésico- antipirético... Comprale este producto, Multin (dirigiéndose a Irma), y que lo tome cada 8 horas... El resto todo ok. Cuidate, linda (le dice a Gloria), y date, dentro de lo posible, algún baño de inmersión que te va a ayudar para el tema de la fiebre. Es una gripe estacional.

Acto segundo

Mediodía del domingo 16 de abril de 1989. La calle Melo al 3000, de la localidad de Vicente López, se encuentra convulsionada. Un fuerte olor nauseabundo emana de un edificio, el tradicional PH. Los vecinos salen a la calle ante la hipótesis de una importante pérdida de gas y que pudiera derivar, en consecuencia, a una tragedia impensada. Se acerca una patrulla con el comisario Benítez a la cabeza.

Ingresa a la vivienda luego de golpear la puerta insistentemente, cruzan el living comedor y se dirigen hacia el baño. Allí se encuentran con una imagen macabra. En la bañera se encontraban, en más que avanzado estado de descomposición, los cuerpos de las primas.

Irma Beatriz Girón, la inquilina, semidesnuda, con el torso cubierto sólo por un suéter empapado; mientras que el otro cadáver era de una adolescente que iba a ser identificada como Gloria Fernández, de 15 años, prima de Irma. Estaba completamente desnuda. Ambos cuerpos presentaban fauna cadavérica, es decir gusanos recorriendo la humanidad de las infortunadas mujeres -hinchadas al máximo-.

La bañadera donde hallaron a las primas muertas en avanzado estado de descomposición (Crónica/Archivo).

Benítez, perteneciente a la comisaría segunda bonaerense de Florida, se comunica telefónicamente con el doctor Raúl Casal, juez en lo penal del Juzgado Nº 2 de San Isidro.

Benítez: “Doctor... encontramos dos chicas muertas en una bañera. Pensamos que la muerte de ambas sucedió algo así como hace dos meses porque se encuentran en estado de descomposición. Supera nuestro ámbito, necesitamos que venga lo más rápido posible”.

Casal, que había terminado de almorzar, le contesta: “Muy bien, voy para allá”. El juez le dice a su esposa que realizará una inspección de rigor y que volverá pronto.

Sin embargo, la naturaleza de los hechos que se le presentaran ante sus ojos lo va a demorar varias horas. Casal llega al lugar de los acontecimientos, Benítez: “Doctor, tápese la boca y la nariz con un pañuelo”. Casal ingresa, entonces, haciendo uso de la recomendación y queda impactado ante la apabullante imagen. Inmediatamente, le ordena al jefe del cuerpo de bomberos que retiren los cuerpos.

Jefe de bomberos: “No sé si vamos a poder debido a cómo se encuentran los cuerpos. Apenas los tocamos, se deshacen, doctor”.

Casal: “Rompan la bañera, entonces y trasládenlos dentro de esta...”.

Jefe de bomberos: “Discúlpeme, pero me parece que no se va a poder realizar”.

Dicha situación incomoda sustancialmente al magistrado, quien le vuelve a dar la orden, aunque en esta oportunidad sin tantos rigores académicos. Finalmente, procedieron a su traslado. Luego, la bañera fue higienizada y todo quedó como lo habían previsto. La bañera no se rompió y los cuerpos fueron retirados uno arriba del otro.

Se cursaron los pasos necesarios y fueron extraídos los objetos que eran prioritarios para la investigación. Se preservó el lugar con las normas establecidas para estos acontecimientos y se selló la puerta de ingreso al inmueble.

El gran misterio de una habitación cerrada

“Los crímenes de la Rue Morgue” (Edgar Allan Poe)

La noticia decía: extraordinario crimen; esta mañana han sido asesinadas dos mujeres alrededor de las tres de la mañana cuando fueron despertados los habitantes por unos gritos desesperados que provenían del piso de un edificio. La habitación era habitada por madame Espanaye y su hija mademoiselle Camille. Los vecinos, en un acto desesperado para poder ayudar a las damas, forzaron la puerta entrando 8 o 9 personas, pero cuando empezaban a adentrarse en el edificio, cesaron los gritos.

Los ciudadanos llenos de curiosidad y de ansiedad comenzaron a abrir cada una de las habitaciones sin los resultados esperados, hasta que llegaron al cuarto piso donde había una habitación que se encontraba cerrada por dentro. Los vecinos forzaron la puerta y cuando lograron entrar, sus débiles cuerpos se llenaron de miedo y de asombro. En toda la habitación había indicios de peleas, rotos los muebles, ventanas quebradas, pero lo que más sorprendió fue una navaja de barbero cubierta con sangre humana, mientras que sobre la chimenea colgaban tres mechones de cabellos que parecían haber sido arrancados de raíz.

En el suelo se podía apreciar unos valiosos tesoros, incluyendo una bolsa de oro de gran valor, lo que descartó que se tratara de un robo, ya que había indicios de peleas, sangre, y mechones de cabello. Procedieron a investigar la escena del crimen, comenzando por la chimenea. Y la gran sorpresa que se llevaron, aparte del susto, fue que de la chimenea extrajeron a mademoiselle Camille, que es la hija de madame Espanaye. Su cuerpo había sido introducido a la chimenea boca abajo a una altura considerable y su cuerpo aún permanecía caliente o más bien tibio, eso tal vez se debía a la fuerza con la que se intentó subir y con la fuerza con la que se la extrajo de la chimenea.

En la cara de la joven se podían apreciar arañazos y en su cuello cicatrices que dejan los asesinos sobre las personas que intentan estrangular, los habitantes comenzaron también la búsqueda de madame Espanaye, a la que ubicaron en un patio posterior al hotel con el cuello cortado de tal modo que la cabeza se desprendió al levantar a la mujer.

Acto tercero

Los cuerpos de Irma y Gloria fueron trasladados a la morgue de la ciudad de La Plata y se les realizó la primera autopsia. El análisis instruyó que los cuerpos no presentaban herida alguna de armas de fuego o de arma blanca. Tampoco había rastros del antifebril que le había recetado el médico del Hospital de Vicente López, así como tampoco registro alguno de veneno. En concreto, nadie podía explicar cómo los cuerpos se habían descompuesto en apenas tres días. Porque la propietaria de la casa aseveraba una y otra vez que había conversado con Irma hacía menos de 72 horas -cuando la joven le pidió el teléfono- y los padres de la adolescente, por otra parte, le dijeron al juez que Gloria se había despedido de ellos, precisamente, el jueves a la tarde, diciendo que se quedaría a dormir en lo de su prima.

Dudas: (1) Las primas se habían conocido en una reunión familiar llevada a cabo el jueves 13 de abril. Decidieron, ese mismo día, organizar una pyme de entrecasa y realizar souvenires para un casamiento que se iba a concretar en siete días. La más joven, Gloria, opta entonces por irse a vivir unos días a la vivienda de la calle Melo cuya inquilina era su prima.

El macabro hallazgo de las primas conmocionó a los investigadores (Crónica/Archivo).

(2) Irma Beatriz Girón tenía un amante de 30 años, casado. Sin embargo, no tenía llaves del inmueble que Irma se encontraba alquilando. Interrogado rigurosamente por el doctor Casal, admite que el domingo 16 de abril llegó hasta la vivienda de Irma y que luego de golpear la puerta varias veces y abrir una ventana cercana a la puerta y no recibir respuesta alguna se retiró. Extrañamente, admite que había percibido un olor extraño, pero “no tan fuerte”. Expuso el trayecto que tuvo hasta la casa de su amante y se corroboró dicho recorrido, consultando horarios y frecuencia de la línea de colectivos que utilizó.

Esta persona pidió -y finalmente se accedió por su franca colaboración- que no se develara su nombre debido a que estaba casado. Lo que expuso se comprobó en cuanto a veracidad. Por otra parte, no era propietario de veterinaria alguna, como se expresó en un primer momento por aquellos años. Se lo liberó, en consecuencia, de las sospechas.

Acto cuarto

A los 10 días de sucedido el episodio, el doctor Casal, acompañado por un colega del diario La Nación, regresa al domicilio que habitaban las primas. Saca las bandas del correspondiente sello (el precinto policial estaba intacto) que habían colocado.

Ingresan a la vivienda, todo tal como lo habían dejado, pero al pasar al baño el panorama iba a arrojar una postal aterradora y diabólica. La bañera estaba desbordada nuevamente y con el agregado de la fauna cadavérica. Casal no lo podía creer.

Así encontraron a los cuerpos de las primas Irma Girón y Gloria Fernández.

Acto quinto

Casi dos meses después del terrible episodio, el juez Raúl Casal recibió el llamado de un perito del Cuerpo Médico Forense de la Policía Federal, Andrés Barriocanal, y que expone un capítulo misterioso, impactante y cuasi diabólico que se incorpora a esta escena.

La hipótesis radicaba en que la rápida descomposición de los cuerpos de Irma y de Gloria obedecía al veneno de una serpiente conocida como la mamba negra. El especialista, entonces, explicaba que se trata de una serpiente venenosa que habita en diversas zonas de África y que mide entre dos o tres metros. El color de la piel varía entre el gris y el marrón oscuro, pero se la conoce vulgarmente como mamba negra porque cuando ataca a sus presas abre extremadamente la boca, cuyo interior es negro azulado.

Después de describir al bicho, el perito fue al punto: el veneno de la mamba negra contiene una toxina que no sólo mata rápidamente, sino que acelera la descomposición del cuerpo a una velocidad que hace parecer que cada hora transcurrida desde la muerte fueran seis.

El forense le dijo también que en el mundo había varios casos registrados de asesinatos cometidos con veneno de mamba negra. En este sentido, el doctor Casal encontró luego una bibliografía muy importante de estos casos.

En consecuencia, ¿había mambas negras trepándose por los edificios de la calle Melo en Vicente López?, o ¿había alguien muy conocedor del tema que trasladó al citado ofidio hasta el inmueble y se lo habría llevado, luego, una vez ya consumado el crimen?

Un enigma tenebroso en ciernes

“Los crímenes de la Rue Morgue” (Edgar Allan Poe)

Auguste Dupin, el investigador asignado al caso, comienza a investigar la forma del asesinato. Para él, ni el más depravado de todos los asesinos gastaría tanta cantidad de fuerza para matar a una persona y luego intentar subirla por la chimenea boca abajo. También hay que pensar en el esfuerzo de subir a la mujer por una cavidad tan estrecha.

También pensaba en los mechones de cabello que habían logrado ser arrancados de raíz, según él, se requería de una cantidad impresionante de fuerza. También en la herida de cuello estaba razonando, pues, fue un sencilla navaja barbera y que los golpes estaban tan magullados porque la mujer había caído desde la cuarta planta hacia el pavimento. También había consignado que madame tenía enrollados en sus dedos unos mechones de cabellos.

Acto sexto

Episodio, a continuación, que genera un nuevo giro en esta diabólica historia. Raúl Casal ordenó nuevas autopsias de los cadáveres de las primas con el firme objetivo de determinar si habían sido asesinadas con el tan mentado veneno de mamba negra. La pericia quedó a cargo del Servicio Especial de Investigaciones Técnicas de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

Las pruebas recolectadas en el baño donde encontraron a las primas (Archivo).

He aquí que cuando los forenses buscaron los corazones de las dos jóvenes no los encontraron por ninguna parte. Se ordenó un registro completo de la morgue, sin resultado. El sumario interno no permitió establecer qué había pasado, aunque dado el funcionamiento habitual de ese organismo, coadyuvó en la hipótesis de que se habían extraviado por negligencia.

Por otra parte, una versión posterior indicaba que los corazones habían sido depositados en frascos que fueron situados en el patio de la morgue y que un perro, acuciado por varias jornadas sin alimento, había pasado por el lugar y se los depositó en su estómago.

Finales

Corazones desaparecidos y la presión de los medios periodísticos de ese entonces coadyuvaron a que nuevamente el juez Casal ordenara otra autopsia. En esta oportunidad estuvo a cargo de los médicos forenses Néstor de Tomas y Osvaldo Raffo (profesionales muy reconocidos), quienes trabajaron, en consecuencia, a partir de muestras óseas.

Los resultados sorprendieron a todos: Irma y Gloria habían muerto intoxicadas -de acuerdo con el informe, con monóxido de carbono- y dicha circunstancia quedaba “acreditada científicamente por la presencia de carbohemoglobina en la médula ósea”.

La picadura de mamba negra, una de las pistas que siguieron los investigadores (Crónica/Archivo).

Por lo tanto, el avanzado estado de descomposición de los cuerpos también tenía una explicación sencilla, según la apreciación de los profesionales: una estufa de gas encendida, que dejó a los cuerpos sometidos a una altísima temperatura en el ambiente húmedo del baño, habría sido la principal protagonista de esta historia. Eso aceleró el proceso.

Un triste accidente fatal había desencadenado el terrible panorama que enfrentó la Justicia, tal como certificaron los renombrados peritos. De esto, supuestamente, se dedujo que los policías que entraron al baño apagaron la estufa, pero no registraron el hecho en su informe.

Los forenses que hicieron la primera autopsia no buscaron vestigios de monóxido de carbono, la causa más común de muerte dentro de baños sin ventilación y con estufas a gas en su interior.

“Los crímenes de la Rue Morgue” (Edgar Allan Poe)

Dupin logró visualizar que las huellas marcadas en el cuello de la víctima por estrangulación, no eran huellas humanas, luego le mostró a su compañero y le pidió que si podía leer el artículo minuciosamente. Su compañero comenzó a leer una descripción del gran orangután salvaje de la india oriental, comprobando que la descripción de las huellas pertenecía a la especie de este orangután, el mechón de pelo se parecía en gran medida al del orangután en la imagen del artículo.

Entonces, Dupin aclaró que las voces que se oyeron cuando iban subiendo eran de un francés y de un español, y que tal vez al francés se le había escapado el orangután y que siguió el rastro del animal hasta el cuarto del edificio y que por ello Dupin dedujo que el orangután seguía libre. Siguiendo sus deducciones, él logró descubrir que el dueño del orangután era un marino francés y perteneciente a un navío maltés.

Por R.F.

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