Por Fernando Vázquez
fvazquez@cronica.com.ar

Hay momentos en los que Cristian Luis Haupt se queda con la mirada perdida, como tildada. Les dice a todos que todavía sufre pesadillas. Sueños malos que comenzaron en 2016, cuando se lo detuvo por el salvaje asesinato de su cuñado, identificado como Damián Alejandro Acosta, en un cruento suceso de ribetes confusos, que se registró en la localidad bonaerense de General Pacheco, en el partido de Tigre. La víctima pereció al ser baleada en la cabeza y, a pesar de que los funcionarios nunca lograron establecer de manera fehaciente los móviles del fusilamiento y aunque hasta aquel momento las pruebas en su contra eran desde difusas hasta contradictorias, la Justicia de San Isidro le bajó el martillo, sentenciándolo a purgar una condena de 14 años en la cárcel.

La historia, de la que nuestro diario se hizo eco en noviembre de 2017, tenía una particularidad impensada: familiares del hombre agredido creían en la inocencia del recluso, quien inclusive era visitado frecuentemente en su calabozo, en la cárcel de Campana, por el padre del fallecido, con quien tomaba mate. Gracias a las diversas apelaciones de su defensa y porque Crónica -fiel a su clásico slogan "Firme junto al pueblo"- se encargó de difundir la situación, en la jornada del martes pasado -29 de mayo- se dictaminó que el preso no era responsable del homicidio, a la vez que se dispuso su inmediata libertad y que se continúe con la investigación del crimen.

Víctor Horacio Violini y Ricardo Borinsky, al frente de la Sala Tercera del Tribunal de Casación de la provincia de Buenos Aires, resolvieron absolver al joven y dejarlo libre, al considerar que los jueces que lo condenaron se basaron en testimonios muy contradictorios y en pruebas incompletas.

Segunda oportunidad

El muchacho ya abandonó la Unidad Penitenciaria de Campana, situada en el kilómetro 5,500 de la ruta provincial 6, y, tras escuchar cerrarse a sus espaldas las puertas del predio, comprendió que la vida le había concedido una segunda oportunidad.

El 7 de noviembre pasado, el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 4 del departamento judicial de San Isidro, a cargo de los magistrados Federico Ecke, Osvaldo Rossi y Hernán San Martín, resolvió condenar a la pena de 14 años de prisión a Haupt, al hallarlo responsable del crimen a disparos.

Tal como publicamos en su momento, a las 18:30 del 4 de mayo de 2016, 4 individuos armados interceptaron a un hombre que conducía una camioneta VW Amarok gris, patente JLS 152, y que en dichos momentos se disponía a guardar el rodado en el garaje de su finca, situada en Delia al 4000, en la localidad bonaerense de José C. Paz.

El grupo delictivo sustrajo la unidad, en los que fugó rápidamente. Apenas una hora después, 3 sujetos, en el interior del vehículo robado, arribaron a Céspedes al 600, entre Arenales y Freire, en el denominado Barrio Las Tunas, en General Pacheco, en el norte del conurbano provincial, donde uno de los forajidos, que se afirma viajaba en el asiento del acompañante, agredió a tiros a Acosta.

Se estima que la infortunada víctima fue baleada debido a una venganza, aunque nunca se logró averiguar qué motivos tenía Haupt para adoptar esta represalia en perjuicio de su cuñado.

Acosta dejó de existir casi de manera instantánea al ser alcanzado por un certero proyectil de arma de fuego en la región craneana. La autopsia, que se realizó al cadáver, estableció que la bala -de 9 milímetros- provocó múltiples contusiones en el individuo, tras ingresarle por la región occipital, destrozándole tanto el cerebro como el cerebelo (parte posterior del encéfalo, cuya función principal es integrar las vías sensitivas y motoras), lo que originó un paro cardiorrespiratorio de índole traumática y el deceso de la víctima.

"Yo tenía la certeza de que iba a salir", les asegura el joven a sus amigos.

Ahora el ex convicto quiere conseguir un trabajo, estar con su familia, recuperarse de los 2 años de encierro y reinsertarse en la sociedad, a pesar de esas pesadillas que lo acosan, agrediéndolo, y de los terribles sueños que lo lastiman, pero que le enseñaron que en la vida se aplican muchas formas de robar. Una de estas maneras -Haupt la padeció en cuerpo y alma- consiste, alejada de toda sutileza, en que te hagan perder la libertad por culpa de errores ajenos.

Nuestra tapa del 28 de noviembre pasado, en la que contamos el calvario del joven.


Aportes vitales para demostrar la verdad

Testigos señalaron en la causa que, el día del crimen, en la camioneta VW Amarok gris robada en José C. Paz se desplazaba un peligroso malviviente que mantenía un vínculo amoroso con una hermana de Cristian Luis Haupt. Sin embargo la documentación aportada por el Servicio Penitenciario de la provincia de Buenos Aires demostró que este hombre debía estar alojado al momento del ilícito en la Unidad Penitenciaria Nº 36, en la localidad bonaerense de Magdalena.

Además los jueces, basándose en los diferentes datos y filmaciones de las cámaras municipales adjuntados al expediente por los abogados defensores del muchacho, consideraron que las personas que declararon en el proceso, a raíz de su posición al momento de la agresión a disparos que padeció Damián Alejandro Acosta en la vía pública, no se hallaban, en aquellos momentos, situados en un lugar en la que observaran con claridad el accionar de los delincuentes. Peritos lograron establecer que algunos de los disparos que realizaron los criminales, mientras fugaban a gran velocidad, impactaron en una camioneta Fiat Fiorino, que había sido estacionada en una vereda y que a su vez la ubicación de este rodado impedía que los testigos vieran con precisión los movimientos de los forajidos.

Se determinó que la unidad VW Amarok nunca se detuvo mientras se accionaba la pistola 9 milímetros. Los funcionarios de Casación opinaron también que el Tribunal en lo Criminal N° 4 de San Isidro llevó a cabo una arbitraria valoración de las pruebas y que no se analizó el contenido de un aparato de telefonía celular que la defensa creía que hubiera sido fundamental para resolver el asesinato, por el cual el joven fue sentenciado a purgar 14 años entre rejas en un establecimiento carcelario.

El preso liberado agradeció la intensa tarea desplegada por sus abogadores defensores para demostrar su inocencia.