Por Ricardo Filighera
@Rfilighera

El caso de la desaparición de la doctora Cecilia Enriqueta Giubileo conmocionó al país y, además, sigue formando parte de una terrorífica trama de criminalidad sin resolver, con connotaciones de impunidad en diversos sectores de nuestra sociedad. El hecho sucedió el domingo 16 de junio de 1985, a las 23.50 aproximadamente, en la Colonia Montes de Oca, localidad de Torres, muy cercana a Luján. La mencionada Colonia, dedicada a enfermos psiquiátricos, se había convertido en una verdadera casa del horror, y la doctora Giubileo, en testigo capital de las terribles anomalías que se estaban llevando a cabo en aquel lugar.

Las versiones indicaban, por aquel entonces y también en los años posteriores, que en aquella Colonia se practicaba con los enfermos que allí habitaban nada más ni nada menos que tráfico de órganos. Bajo un manto de silencio y complicidad al modo de una secta o una hermandad, los ilícitos, luego, también se trasladaron al sector administrativo. Y realmente, allí, entre esas paredes transitadas por la angustia, el desconcierto, el desamparo, la desprotección y ¿el crimen organizado?, se iba a escribir una de las páginas policiales más impactantes. Eso sí, ocultada con el firme objetivo de enterrar el grito de verdad y justicia.

La doctora Giubileo era una profesional muy responsable, que siempre trató de ayudar a sus semejantes. En la Colonia expresaba su verdadera vocación y la plasmaba en una suerte de ejercicio social que se anteponía a cualquier tipo de situación de tipo económica.

Pero ¿quién era puntualmente la doctora Giubileo? Muestra de una vida de constante esfuerzo, se había recibido en la Universidad de Córdoba el 12 de abril de 1973 como médica cirujana y, años después, contrajo matrimonio con Pablo Chabrol. Posteriormente, decidieron viajar a probar suerte a España, para residir en Gijón; sin embargo, las cosas no salieron como ellos esperaban y regresaron a la Argentina, para al poco tiempo separarse.

Tal como reseñó nuestra colega Enrique Sdrech en su investigación sobre este caso, dos hermanos del citado Pablo Chabrol fueron detenidos con vida en la aciaga etapa de "los años de plomo" en la Argentina.

Una vez sucedido este dramático episodio, desde las propias entrañas de esa institución, comenzó una campaña de feroz desprestigio hacia la destacada profesional. A todo esto se sumaban características de la personalidad de la doctora Giubileo y que tenían que ver con un carácter de muy bajo perfil.

Dos mujeres pertenecientes al personal de la Colonia Montes de Oca, Mabel Tenca y María "Chichita" Realini, se convertirían en testigos fundamentales de la trágica trama que se iba a plasmar en aquel psiquiátrico del horror. En tanto, Graciela Sánchez, con domicilio en la ciudad de Campana, además de ser su profesora de tenis, se iba a erigir en una gran amiga, especialmente en los últimos tiempos de vida de la doctora Giubileo.

A las tres ese vínculo que habían sabido generar con la doctora las involucraría en una serie de episodios profundamente desagradables y que tenían que ver con diversas amenazas y "recomendaciones" especiales. Cabe señalar que Realini fue la última persona que vio con vida a Giubileo en la Colonia, alrededor de las 23.50.

La enfermera expresó en el testimonio que brindó a la policía que Giubileo había venido del pabellón 7 y se dirigió a ingresar en la casa médica, una pequeña habitación destinada a los profesionales que se encontraban de turno. En este sentido, Realini remarcó: "Me pidió tres cigarrillos para aguantar toda la noche, ya que se encontraba realizando un curso de especialidad en materia de medicina". A lo que agregó que "estaba bien de ánimo, sin que se notara signo de preocupación alguno".

Luego de algún tiempo, otro testimonio, en este caso brindado ante la Justicia, puntualmente el de Graciela Sánchez, proyectaría importantísimos datos con el objetivo de rastrear los pasos previos a la desaparición de la médica. Y tienen que ver con la actividad que ambas mantuvieron el sábado 15 y el domingo 16.

La declaración de Sánchez es la siguiente: "El sábado llegué a la terminal de Luján a bordo de uno de los micros de la empresa Expreso Paraná, como lo hacía habitualmente. Ya antes de descender del ómnibus había advertido la presencia del Renault 6 blanco de Cecilia, ubicado en el lugar de estacionamiento. En cuanto bajé la vi a Cecilia haciéndome señales con su brazo derecho en alto. Fuimos al departamento: Cecilia había hecho para comer manzanas al horno con ajíes, una comida muy rara pero que le salía riquísima. Después fuimos a la casa de la abuela Bellido. Como justo en esos días se había puesto en marcha el Plan Austral y se había decretado un feriado bancario, Cecilia no había podido renovar uno de sus plazos fijos y entonces le pidió prestados a la abuela cinco mil pesos o cinco australes; de allí fuimos, como siempre, al club El Timón, de Jáuregui, donde por dos horas practicamos tenis. De regreso al departamento de Luján, compramos en un negocio un pote de crema de leche".

Graciela Sánchez continuó con su testimonio de la siguiente manera: "Como yo tenía unas líneas de fiebre, seguramente el principio de un estado gripal que estaba incubando, me acosté temprano esa noche del sábado, mientras Cecilia en la cocina batía la crema hasta el punto chantilly, luego, vimos algo de televisión".

Siguiendo con el hilo de esta declaración: "El domingo continuaba con unas líneas de fiebre, en consecuencia, hicimos poco tenis en El Timón; en cambio, estuvimos más tiempo en casa de la abuela Bellido". La denunciante destacó que durante ese encuentro tomaron mate y degustaron tortas fritas.

Sánchez especificó luego que "retornamos por la tarde al departamento y, poco antes de las 19, Cecilia metió en su inseparable cartera azul algunos de los elementos que llevaba a la Colonia, donde iba a tener guardia desde el domingo hasta el martes. Recuerdo que antes de retirarnos del departamento tuve que convencerla sobre la conveniencia de no dejar encendida la estufa durante su prolongada ausencia. Sin embargo, ella sostenía una y otra vez que, si lo hacía, los ambientes no iban a estar tan fríos y mucho mejor calefaccionados. Sin embargo, pude convencerla de que no lo hiciera y le recordé, en este sentido, los numerosos accidentes que esa práctica venían ocasionando".

Más adelante, Graciela destacó que "finalmente, acompañé a Cecilia hasta la Basílica y, a las 20.30 me dejó en la terminal de micros, quedando en volver a vernos, en consecuencia, el jueves 20, que era feriado; me dijo que de allí pasaría por la casa de los Ávila, para ver a Ana y a su ahijada, para después entrar a tomar servicio en la Colonia. Fue la última vez en verla y estaba contenta y llena de proyectos".

Las declaraciones efectuadas por Graciela Sánchez a las autoridades policiales un año después, tal como se consignó, ponen de manifiesto de manera absoluta que no se trataba de una persona que organizaba desaparecer voluntariamente e iniciar una nueva vida en el exterior, todo lo contrario. En consecuencia, ese argumento esgrimido por las autoridades oficiales constituía una verdadera falacia y se desvanecería con el paso del tiempo.

"Se trataba de un depósito de cuerpos humanos"

En charla exclusiva con Crónica, Marcelo Parrilli, abogado de la familia de la doctora Giubileo, destacó que “este tema, en primera instancia, me deja una fuerte sensación de frustración por no haber podido determinar qué ocurrió realmente con el paradero de la doctora y, por otro lado, posibilitó como hecho estadístico determinar el grave estado en que se encuentra la salud mental en la Argentina. Se pudo conocer el estado en que se encontraban los enfermos en esta Colonia, médicos con dificultades emocionales, falencias de los recursos materiales y la inseguridad. A esto había que sumarle casos de corrupción que se daban en esa institución. Por otra parte, hubo pocos recursos para la investigación y, a modo de detalle muy importante, adentro de la colonia había una muy importante ciénaga que no se pudo dragar para comprobar si allí se encontraban cuerpos humanos, entre ellos, el de la doctora Cecilia, puntualmente. Justamente, la irregularidad de ese lugar, entre otras cosas, era tener una ciénaga en medio de un instituto donde los internos estaban permanentemente deambulando por allí”. A lo que agregó: “La cantidad de desaparecidos en ese lugar es inmensa, porque no había constancia de los enfermos, ni fichas ni legajos actualizados. Estaban alojados en pabellones y el control, por consiguiente era muy precario. Tengamos en cuenta que la Colonia era y es muy amplia; los internos la recorrían durante el día y a la noche no se podía saber si habían regresado todos. Precisamente, en la búsqueda de Cecilia se encontraron huesos humanos pertenecientes a pacientes cuyo paradero se desconocía hace ya muchísimos años".

¿Que sucedía con los familiares de esos pacientes? ¿Se preocupaban por ellos?

Sucede que, en casi todos los casos, la familia se encontraba lejos y no reclamaba atención. Pero aquí cabe señalar que se trataba de pacientes insanos declarados a partir de procesos judiciales. Detrás de cada una de esas personas había un juez, un expediente, un secretario, un asesor de “Menores e Incapaces”, quienes eran los que se debían de ocupar de la situación del interno. Pero, lamentablemente, no existía, por otra parte, mucha preocupación de las autoridades de turno.

¿Cómo se podía definir a la Colonia Montes de Oca?

Un depósito de personas, la mayoría de ellas oligofrénicos que van a permanecer allí hasta que se mueran y, honestamente, no sé si hoy han cambiado, de alguna manera, las características del lugar. Estaba poblado por hombres, mujeres y niños; uno recorría la Colonia y parecía un campo de concentración: no estaban aseados, tampoco bien vestidos, y los presupuestos que se manejaban para ese lugar eran por demás limitados. El mantenimiento de ese lugar provocaba escozor, debido a ello es que hubo una causa aparte en el Juzgado Federal de Mercedes.

Las irregularidades, entonces, a la orden del día

Es un lugar donde es muy difícil poder determinar si lo que ocurría era por dolo, delito o desidia. Descontrol absoluto y un espacio donde se registraban, también, irregularidades enormes en cuanto a los recursos económicos, tampoco existía registro alguno; en consecuencia, se podía disponer de cualquier interno sin que nadie se pudiera dar por enterado.

Entonces, sobreviene como eje central el tráfico de órganos

En la Colonia es muy probable que no se llevara a cabo, in situ, el tráfico, porque no contaba con el espacio necesario para la estructura quirúrgica. Es decir, lo que resulta muy probable es que se llevara a esa persona a otro lugar para consumar esa instancia. Lo que se encontró allí fue un acuerdo oficial con el Incucai para la ablación de córneas. Nada más que eso oficialmente. Ahora bien, extraoficialmente, podías desaparecer de allí; en tanto, tus pulmones, tus riñones y tu corazón podían aparecer en otro lado. Reitero, esas personas que estaban en ese lugar no le interesaban a nadie, se trataba de un depósito sin la más mínima consideración por la condición humana. No había garita de control; no se sabía quién entraba o quién salía. En consecuencia, no puede haber ninguna duda de que la desaparición de la doctora Giubileo tiene que ver con las irregularidades de la Colonia. Esos enfermos estaban en el medio del campo, con poca atención desde el Estado y porque se los consideraba menos valiosos que un número y, además, insignificantes para muchos dirigentes porque no votan. Como si fuera un leprosario de la Edad Media ubicado en el Buenos Aires contemporáneo.

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