El múltiple femicida Ricardo Barreda tuvo como último deseo antes de morir que su cuerpo fuera cremado y sus cenizas esparcidas en la cancha de Estudiantes de La Plata, lo que no se pudo cumplir porque a los 84 años falleció solo en un geriátrico de la localidad de José C. Paz, según contó su biógrafo Pablo Marti, la única persona que lo visitaba en ese establecimiento.

Este deseo de Barreda no cayó nada bien en el club pincharrata. "Nadie presentó nada. Por lo tanto es algo que ni siquiera llegaríamos a analizar o que podamos evaluar. No vemos con buenos ojos que se pueda concretar, pero ni se ha considerado. Somos un club con una historia muy fuerte de respeto y de participación de las mujeres en la vida social, deportiva e institucional del club", comentaron desde el seno de la comisión directiva de Estudiantes frente a la posibilidad de que las cenizas de Barreda sean desparramadas en 1 y 57.

La inhumación de uno de los principales femicidas de la historia criminal argentina, que en 1992 asesinó a escopetazos a su esposa, a sus dos hijas y a su suegra, fue autorizada por un empleado del PAMI que firmó la documentación necesaria para su traslado al cementerio de esa localidad, al que no concurrió absolutamente nadie.

"Su última voluntad era ser cremado y que se esparcieran sus cenizas en la cancha de su amado Estudiantes de La Plata", aseguró a Infobae Marti, que contó que se enteró de la muerte del odontólogo el lunes por un llamado desde el geriátrico, ya que era la única persona que tenía contacto con él.

Barreda, que estaba por cumplir 85 años el próximo 16 de junio, falleció alrededor de las 14 del 25 de mayo último, cuando sufrió un paro cardíaco en el Hogar Geriátrico Del Rosario, donde estaba internado desde el 10 de marzo último. "Tenía problemas en la próstata, demencia senil, deterioro cognitivo, estaba postrado en silla de ruedas y conectado permanentemente a una sonda. Estaba parcialmente ubicado en tiempo y espacio. Hubo momentos en que estaba lúcido y otros en que no sabía ni quién era", contó el dueño del establecimiento, Daniel Otero.

Por su parte, Marti, quien es escritor y tuvo contacto con Barreda hasta su muerte, recordó: "Lo conocía desde hace más de un año y le pedí escribir un libro sobre su vida. Lo vi por primera vez en un bar frente a la estación de trenes de San Martín, y después lo seguí viendo en el Hospital Eva Perón, donde se generó un vínculo a través de las visitas y empezó a contarme cosas".

El biógrafo aseguró que Barreda "nunca olvidó sus crímenes" y recordó que alguna vez le preguntó si pensó en suicidarse, a lo que el dentista respondió que no. "Lo acompañé el 10 de marzo y justo empezó la cuarentena. Tuvo siete días de adaptación donde no podía tener visitas", dijo, y agregó: "El 18 lo fui a visitar a las 10.30 y lo vi durante 15 minutos con todos los recaudos". "Lo vi totalmente rapado, sentado y atado a la silla de ruedas para que no se caiga", sostuvo.

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