Creció en una una secta, sufrió abusos y pudo escapar del horror a los 15 años: hoy reclama justicia
La joven creció en casas comunitarias donde sufrió violencia física, psicológica y abusos. Escapó cuando era adolescente pero todavía padece las secuelas.
Rita Reidel sobrevivió años de abusos dentro de una secta en la localidad bonaerense de Olivos y denuncia a su padre, Miguel Reidel -conocido como Mika-: "Me despertaba a la noche con él agachado al lado mío. Me decía que me estaba orando. Eso se repitió muchísimas veces".
La joven creció en casas comunitarias junto a otras familias captadas por la organización. El argumento para retenerlas era siempre religioso: "Dios te eligió, sos especial, y esta plata que ponés para pagar la casa es para Dios".
Durante una entrevista exclusiva con Crónica, la víctima describió un entorno donde la violencia no se escondía. "Había adultos que nos daban besos en la boca; las niñas éramos obligadas a saludarlos así", contó. Cualquier adulto tenía permiso para castigar físicamente a los hijos ajenos.
Reidel era especialmente estricto con la limpieza. Si los chicos no cumplían sus exigencias, los sacaba de la cama en plena noche. "A mi hermano lo sacaba al patio en calzones hasta que se le pasara el llanto", recordó Rita.
A las mujeres se les aplicaba además una lógica de sometimiento específica: cualquier gesto de rebeldía era atribuido al diablo. "Soy mujer, y a las mujeres era más fácil que el diablo las captara. Entonces todo lo que expresabas como rebeldía era culpa del demonio", explicó.
Su madre, captada a los 15 años por un hombre 15 años mayor
La madre de Rita conoció a Reidel cuando tenía entre 15 y 16 años. Él le llevaba 15 años. "Mi mamá tenía problemas de abuso de sustancias, no estaba en sus cabales para decidir", dijo. Desde el principio, él la convenció de que Dios le había ordenado tener muchos hijos juntos.
La huida en la noche
A los 14 años, Rita lo enfrentó: "Le dije que me daba miedo y que no quería vivir más con él". Reidel la retuvo apelando a la lástima: le dijo que quién le haría el pan si ella se iba.
Un año después escapó de noche, mientras él dormía. Antes de irse, preparó una caja con ropa para los gatos de la casa. "Me fui con toda la culpa de dejar a mi hermano ahí", recordó.
Las secuelas y el pedido de justicia
Hoy Rita convive con un diagnóstico de trastorno límite de la personalidad (borderline), consecuencia directa del entorno en que creció. "Soy una persona muy sensible que encima sufrió muchísima violencia", señaló.
También reconoció las marcas en su vida adulta: "No termino de entender cómo leer el afecto de parte de los hombres". Pero fue categórica al cerrar: "Yo no me voy a callar. Merezco justicia. Merezco que él vaya a explicar qué hizo todos estos años".

