Juicio por la muerte de Diego Maradona: un neurocirujano afirmó que "no había urgencia" para operarlo
Según su testimonio, recomendó estabilizar el cuadro general antes de cualquier intervención, pero Leopoldo Luque decidió el traslado y la cirugía.
En una nueva jornada del juicio que investiga las causas de la muerte de Diego Armando Maradona, el testimonio de Guillermo Burry, jefe de Neurocirugía del Sanatorio Ipensa de La Plata, aportó un dato clave que compromete la estrategia de la defensa: el Diez no debía haber sido operado de urgencia en noviembre de 2020.
Burry recordó que, durante la internación de Maradona en La Plata, se le solicitó analizar una tomografía computada. Según el especialista, el hematoma subdural detectado era pequeño y no justificaba un paso inmediato por el quirófano.
"En la imagen se veía que el cerebro tenía una condición líquida. Era un hematoma subdural crónico, es decir, un sangrado de larga data. El origen, en general, son microtraumatismos de cierto tiempo, no de una caída reciente", explicó el médico ante el fiscal Cosme Iribarren.
El neurocirujano detalló que, tras evaluar personalmente al exfutbolista -quien se encontraba sedado y con baja respuesta verbal-, su sugerencia fue priorizar la estabilización clínica: "Decidí controlarlo, vigilar otras comorbilidades que tenía Maradona, sus antecedentes y el consumo de alcohol. A mi criterio, había que estabilizarlo primero".
La discrepancia con Leopoldo Luque
A pesar de que Burry, junto al clínico Marcos Correa y el neurólogo Martín Cesarini, recomendaron mantener una observación y seguimiento, la decisión final fue otra.
El testigo señaló que fue Leopoldo Luque, neurocirujano personal de Maradona y principal imputado, quien resolvió el traslado a la Clínica Olivos para realizar la cirugía.
Si bien Burry aclaró que este tipo de intervenciones suelen tener una resolución sencilla, remarcó que el contexto clínico de Diego no era el adecuado: "Había que revisarlo sin sedación para obtener un diagnóstico más preciso".
Maradona ingresó a Ipensa el 2 de noviembre de 2020 con un evidente deterioro físico. Tras la operación en Olivos, falleció el 25 de noviembre en una casa de Tigre.
La declaración de Burry refuerza la hipótesis de la fiscalía sobre el homicidio con dolo eventual, al sugerir que se ignoraron criterios médicos preventivos y se forzó una intervención quirúrgica que, según los especialistas locales, no era prioritaria frente al delicado cuadro general del paciente.

