Las mujeres, quemadas como brujas

Se registran cada vez más casos de femicidios que involucran sustancias combustibles y fuego. Crónica habló con una especialista, que explicó por qué algunos hombres utilizan este método cruel.

María Helena Ripetta
mripetta@cronica.com.ar

Los femicidios cometidos a través del fuego hacen recordar a la quema de brujas, asesinato masivo de mujeres cometido en varias sociedades occidentales en los siglos XV y XVI: condenaron a 100.000 en toda Europa, de las que 50.000 acabaron en la hoguera.

"Es el más cruel de los femicidios, por el dolor que produce, y si queda viva, por las marcas visibles en la piel", dice la psicóloga y periodista especializada en género Liliana Hendel.

La semana pasada Graciela Coria, de 47 años, en Quilmes, y Rocío Micaela Cortés, de 24, en El Jagüel, murieron producto de las quemaduras recibidas. Las parejas de ambas están detenidas acusadas de haberlas asesinado prendiéndolas fuego.

"En la época de las quemas de brujas, las hogueras se usaban como excusa del odio, 'la purificación del mal'. Las mujeres somos el mal para estos varones que se desquician, dicen que por lo que nosotras provocamos. Es siempre disciplinador. Es la peor amenaza junto con te voy a sacar a los chicos", afirma Hendel, que desde hace años trabaja sobre la violencia de género.

"La agonía por quemadura es brutal y dolorosa. El femicidio por incineración consiste en quemar hasta causarle la muerte a una mujer víctima de violencia de género y constituye uno de los modos más cruentos. Quemar a las mujeres es un método que no siempre tiene como objetivo causar la muerte de la mujer, sino causarle sufrimiento permanente y dejarla desfigurada", agrega la especialista.

"Siempre pueden decir como el ex baterista de Callejeros, Eduardo Vásquez, se me cayó lo que bebía y se quemó con el cigarrillo, lo cual es imposible. Nadie se quema sola", sostiene Hendel, haciendo referencia al femicidio de Wanda Taddei.

"En 2010, cuando Vásquez la mata a Wanda Taddei hubo, 58 casos de mujeres quemadas, muchas de ellas sobrevivieron. En ese momento él estaba en libertad y yo pensaba que era por la impunidad, todos decían como él que se había tratado de un accidente", sostiene Jorge, el papá de Wanda, que hoy junto a su esposa ayuda a las víctimas de violencia de género.

En general los femicidas suelen decir que las víctimas, tras un accidente al manipular alcohol, se prendieron fuego y que ellos intentaron ayudarlas, así buscan justificar las lesiones en sus manos.

"Quemarlas vivas implica una muerte dolorosa, cruel, es una manera de tomar una revancha por lo que creen que ellas no han cumplido, por no satisfacerles su deseo, por no cumplir el supuesto rol de sumisión impuesto socialmente. Esta herida narcisista está asociada con la crueldad. El fuego suele estar asociado a la destrucción total, a la reducción a cenizas", señala la perfiladora criminal María Laura Quiñones Urquiza.

Quitarles la vida con dolor o dejarle marcas de por vida es lo que busca este tipo de hombres.

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