"Me cegué, no controlé mi ansiedad ni mi bronca, saqué el arma y disparé", confesó el peluquero acusado de matar a su compañero
Abel Guzmán rompió el silencio ante el tribunal y justificó el brutal crimen de Germán Medina. Habló de deudas económicas, maltrato laboral y el uso de productos tóxicos en el local.
Abel Guzmán, el hombre que mantuvo acusado de asesinar a sangre fría a su compañero Germán Medina en una peluquería de Recoleta, se sentó finalmente frente al Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 24.
En el inicio del debate oral, el estilista no solo reconoció ser el autor del disparo mortal, sino que intentó explicar qué fue lo que pasó por su cabeza aquel fatídico marzo. "Me cegué, no controlé mi ansiedad ni mi bronca, saqué el arma y disparé", sostuvo ante los jueces.
El imputado, que se encuentra alojado en el penal de Ezeiza, reconstruyó los minutos previos al ataque y aseguró que la situación en el local de la calle Beruti venía acumulando una tensión insoportable.
El conflicto
Según su declaración, el conflicto de fondo era económico y señalaba directamente al dueño del establecimiento, Facundo Verdini. Guzmán afirmó que reclamaba una indemnización millonaria desde hacía más de un año.
"El conflicto económico era con Verdini, provocó todo este desmadre e hizo que termine todo de esta manera", consideró.
"El reclamo duró más de un año, tratando de negociar y nunca quedamos en acuerdo en absolutamente nada. Esperaba respuestas, pero siempre me esquivaba", sostuvo.
En su declaración, el peluquero también puso el foco en las supuestas irregularidades que se vivían puertas adentro del salón de belleza. Denunció que se trabajaba con formol en espacios con escasa ventilación.
"Al bajar la calidad, empezaron los problemas con la gente y con mis compañeros. No eran productos aprobados, hacían tratamientos caseros", declaró.
Este punto, según Guzmán, no solo afectaba a la clientela, sino que era el combustible de las constantes discusiones que mantenía con sus compañeros y con el propio Medina.
El crimen
Sobre el día del crimen, el acusado relató que la jornada parecía transcurrir con normalidad hasta que escuchó una frase que lo sacó de eje. Según él, oyó a Medina decirle a Verdini que debían echarlo porque ya tenían un reemplazo.
"Me dijeron que íbamos a hablar de mi indemnización, pero después me dijeron que lo veíamos al día siguiente. En ese momento escuché que Medina le dijo a Verdini que me iban a echar, que ya tenían a otro empleado y que no iba a trabajar más", recordó.
Esa idea de quedarse sin trabajo y sin la compensación que esperaba fue el detonante final. Fue en ese instante cuando decidió ir hacia su locker, donde guardaba una pistola que, según justificó, llevaba para protegerse de los robos que sufría en sus viajes diarios hacia Merlo.
Guzmán aseguró que ninguno de sus compañeros sabía de la existencia del arma y que, en un momento de pérdida total de control, decidió encarar a Medina. "No medí las consecuencias", repitió ante el tribunal, intentando describir un estado de shock que, según su defensa, se apoderó de él apenas apretó el gatillo.
Tras el disparo que terminó con la vida de su colega, el estilista escapó por una ventana, iniciando una fuga que duró más de dos meses hasta su detención en mayo de 2024.
Fuga
Durante su relato sobre la huida, confesó que descartó el celular y el arma, caminando sin rumbo fijo mientras procesaba lo ocurrido. Explicó que el miedo a terminar tras las rejas y la angustia por haber arruinado su vida y la de los demás lo empujaron a permanecer en la clandestinidad.
"Me escapé porque tenía miedo de quedar preso, me angustié por lo que hice, de arruinar mi vida, la de mi familia. La de mis compañeros, la de Medina. A partir de ahí, cambió completamente mi mundo, me quedé desempleado, sin indemnización, sin futuro, no tengo las palabras para transmitir la angustia que me pasa por lo que viví", expresó.
Hacia el final de su exposición, el acusado buscó mostrar una faceta de remordimiento y pidió disculpas públicas a los familiares de la víctima y a quienes fueron sus compañeros de trabajo durante años.
"Les pido disculpas a todas las personas a las que hice daño, a la familia de Medina y a mis compañeros. Nadie se merece terminar de esa manera", dijo.
El juicio continuará el martes una fecha clave donde empezarán a declarar los testigos presenciales, entre ellos el dueño de la peluquería y los empleados que presenciaron el horror.
La querella y la fiscalía buscarán demostrar que no hubo ceguera ni arrebato, sino una ejecución fríamente planeada por alguien que no aceptaba perder su lugar de privilegio en el salón.
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