Polémica por los "ocupas", un fenómeno sin freno
Debate nacional: ¿mano dura o mano blanda? Un repaso de las situaciones que se produjeron en los últimos tiempos en diversas zonas del conurbano. Mientras tanto, la Justicia parece mirar para otro lado
Por Marco Bustamante
Es un fenómeno en crecimiento, pero tristemente nos estamos acostumbrando a una barbaridad: las historias sobre casas ocupadas por personas desconocidas. Lo llaman el "Boom Ocupa" y los motivos sobran. Es que los relatos se repiten una y otra vez como si estuvieran guionados: un pobre vecino o vecina que le cambian la cerradura de la que fue su casa toda la vida, lo que está acompañado de una irremediable sensación de desamparo, porque perciben que el Estado no resguarda la propiedad privada, y la incertidumbre de no saber si algún día van a poder regresar a sus hogares. Las personas que son dejadas en la calle, muchas veces sacadas por la fuerza, quedan en un oscuro limbo del cual desconocen si van a salir alguna vez. Perdieron su casa, sus pertenencias y su dignidad, los usurpados perdieron todo. La justicia: bien gracias.
En el barrio San Pedro, en la esquina de El Trigo y Cañuelas, encontramos un ejemplo de propiedad ocupada. Pertenecía a Laura, digo "pertenecía" porque otra familia del barrio desvalijó el lugar y ahora esta misma gente se metió en la casa y se niegan a salir. La dueña está desesperada y dice que este es su modus operandi: "Te roban, te usurpan y después la venden", y agrega: "Esperaron que se muera mi padre para sacarnos la casa". Cuando fuimos a verificar la historia, no pudimos llegar al lugar. Cuando nos bajamos del auto para hablar con los vecinos, un grupo de violentos comenzó a insultarnos y a tirarnos cosas. Algo que verifica, en cierta forma, lo que dice Laura.
"Si se muere, me meto"
En Rodrigo de Triana 2033, entre Agüero y Güemes, San Miguel, encontramos una pequeña propiedad que pertenece legítimamente a dos hermanos que hace poco perdieron a su madre y que fue tomada por unos vecinos de la zona. Los "ocupas" tienen cuatriciclos, camionetas y casas en una localidad balnearia; los ocupados, sólo deudas y poco más. Con esta modalidad de "se muere, me meto", ya ingresaron a dos propiedades del barrio. Las personas que los conocen están indignados: "Después que se instalaron no los sacas más, ellos no necesitan las casas que toman, lo hacen para tener más, eso es todo". Por otro lado, Gabriel y Antonella, los dos jóvenes que actualmente están en la calle, siguen trabajando, lloran en silencio a su madre y tratan de volver a su hogar. Vivieron ahí durante veinte años, hoy no tienen nada. Pudimos hablar con la usurpadora, Norma, y confesó que se metió en la casa porque no había nadie y no tubo problemas en vomitar una contundente frase: "La ocupé porque yo no pido permiso para progresar". Sin palabras.
Lo usurparon y pusieron un comedor
En Los Hornos, localidad de La Plata, otra modalidad para quedarse con una casa: una mujer acusó falsamente de violación al hijo de 12 años de un hombre. La indignación del barrio los dejó en la calle y los usurpadores pusieron en el lugar un comedor. La acusación quedó en la nada, porque la denunciante no tenía absolutamente ninguna prueba que demostrara lo que supuestamente había ocurrido. Jorge, el damnificado, hoy con una mano atrás y otra adelante, sueña con recuperar su hogar. El tiempo corre, Irma, la denunciante, habría intentado vender el terreno en al menos dos oportunidades.
Los venden y después los reclaman
En Guernica, partido de Presidente Perón, sur de la provincia de Buenos Aires, se da una situación extraña. Una casa ubicada en Catamarca entre Sarmiento y Moreno es motivo de una disputa interminable. Una familia que vendió su propiedad para mudarse a otra provincia decidió cancelar la operación unilateralmente y quiere recuperar su casa, eso sí, no pretende devolver el dinero que recibió en su momento. Entre gritos y acusaciones cruzadas, el que reclama es un supuesto pai umbanda que, dicen los vecinos, "le tiraba trabajos a todo el mundo". El que vive en la casa es un humilde panadero que en tiempos de pandemia se convirtió en el héroe del barrio porque le regalaba pan a todo el mundo. Esta gente ya habrían aplicado esta modalidad en al menos otras dos oportunidades.

