Por Javier Carrodani
@JavierCarrodani 

Desde este viernes 8 de noviembre y hasta el domingo 10 se reunirá el Buenos Aires el llamado Grupo de Puebla, con el presidente electo, Alberto Fernández, como anfitrión y bajo el lema "El cambio es el progresismo".

En rigor de verdad, será el segundo encuentro de este grupo que toma su nombre de la sede de la primera reunión, realizada entre el 12 y el 14 de julio último en la ciudad mexicana de Puebla. Entre sus miembros figuran, además del citado Fernández, varios ex presidentes y dirigentes de centroizquierda de América latina, como la brasileña Dilma Rousseff, el uruguayo José "Pepe" Mujica, el paraguayo Fernando Lugo y el colombiano Ernesto Samper. Para esta ocasión también estará, en representación del gobierno de Bolivia, el vicepresidente Álvaro García Linera, además del ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, como invitado especial.

Uno de los virtuales fundadores de este foro es el ex candidato presidencial chileno Marco Enríquez Ominami, hombre muy allegado a Alberto Fernández, con quien mantiene fuertes coincidencias sobre la política internacional.

¿Por que surgió?

El grupo se constituyó ante la necesidad de sus integrantes de marcar distancia del Grupo de Lima, conformado en 2017 por la mayoría de gobiernos americanos que -con el argumento de buscar una salida al cruento conflicto político y social que se vive en Venezuela desde hace años- han condenado varias veces los procederes autoritarios y antidemocráticos del gobierno del presidente Nicolás Maduro y han exigido que éste renuncie. Entre esos gobiernos se cuentan el del argentino Mauricio Macri y el del mexicano Luis Peña Nieto. Este último ya fue sucedido por Andrés Manuel López Obrador.

A comienzos de este año, el Grupo de Lima respaldó la designación de Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela por parte de la Asamblea Nacional de ese país, órgano enfrentado con Maduro. Desde la óptica del Grupo de Puebla, lo que han hecho esos gobiernos ha sido entrometerse indebidamente en los asuntos internos de un país soberano, además de ayudar a generar condiciones para una eventual invasión armada que podría ser respaldada -o incluso encabezada- por los Estados Unidos.

El hecho de que haya sido Puebla el lugar del lanzamiento de esta agrupación de dirigentes parece indicar que López Obrador también impulsó su conformación. Tras haber recibido a Alberto Fernández estos días, se supo que enviará al menos en representación de su partido MoReNa -aunque no del gobierno mexicano-, a Yeidckol Polevnsky, la titular de esa corriente política. Todo esto marcaría entonces que al menos México y Argentina van a adoptar una posición distinta a la mayoritaria en el Grupo de Lima, para quedar cercana a la de Uruguay, que es neutral respecto de la puja entre el chavismo y la oposición venezolana.

Hipótesis contrafáctica

Este cambio de posicionamiento que estarían preanunciando tanto Alberto Fernández como Andrés Manuel López Obrador remite a las elecciones presidenciales de México del 2 de julio de 2006, que el ahora mandatario perdió muy ajustadamente con el entonces candidato oficialista, Felipe Calderón. Hubo gran polémica por el recuento de votos y el sector de López Obrador quedó convencido de que hubo fraude. 

Más allá de si eso fue así o no, cabe hacer un recorrido sobre cómo era el mapa político de aquel momento en América latina: En Argentina gobernaba Néstor Kirchner; en Uruguay, Tabaré Vázquez, del Frente Amplio -también es presidente en estos momentos-; en Chile, Michele Bachelet; en Brasil, Lula Da Silva; en Bolivia, Evo Morales, y en Venezuela, Hugo Chávez. Poco tiempo después Rafael Correa y Fernando Lugo llegarían al poder en Ecuador y en Paraguay, respectivamente.

Estaba fresco aún el rechazo al ALCA concretado en Mar del Plata a fines del año anterior, un fuerte golpe que le propinaron gobiernos sudamericanos a la iniciativa que encabezaba Estados Unidos bajo el mando de George W, Bush. En ese contexto de gran impronta progresista en la región, el ascenso de alguien como López Obrador en un país como México habría aumentado la ya fuerte preocupación que había en muchos sectores de poder, identificados con el impulso al capitalismo y a la globalización. Tal vez sea ese el principal argumento que sustente la sospecha de alguna manipulación que alteró el resultado en aquella elección mexicana.

De vuelta a la actualidad y a la reunión en Buenos Aires, la condición de presidente electo de Fernández le aporta una cuota de avance simbólico al Grupo de Puebla, de cara a su proyecto de contrarrestar el giro a la centroderecha que hizo parte la región en los últimos años.

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