Por Jorge Cicuttin

Fue un día de violencia, represión y muerte. El 20 de diciembre del 2001, un presidente -Fernando De la Rúa-, preparaba su renuncia en la Casa Rosada y se iba en helicóptero, cerrando una jornada en la que hubo más de 30 muertos, decenas de heridos y cientos de detenidos.

El centro de la Ciudad de Buenos Aires parecía un territorio en guerra. Los manifestantes eran reprimidos por una policía que les disparaba -tanto con gases lacrimógenos, como con balas-, y los atropellaba con sus caballos. Los patrulleros cruzaban las calles a toda velocidad llevando detenidos a destinos inciertos.

En uno de esos patrulleros, iba un joven de 25 años, al que un grupo de integrantes de la Federal había “levantado” en Plaza de Mayo y lo golpeaba, picaneaba y amenazaba de muerte, sin “blanquear” su detención.

El joven salvó su vida porque, “entretenido” con golpearlo, el policía que manejaba el móvil hizo una mala maniobra y chocó un taxi. Herido, el prisionero fue llevado al hospital Argerich, donde los médicos impidieron que los policías se lo llevaran y dieron aviso a sus compañeros del sindicato de judiciales. Eso le salvó la vida.

Ese joven detenido se llamaba Eduardo “Wado” de Pedro. El choque ocurrió en una dirección que entonces no significaba mucho políticamente. Fue en la calle México al 300. Allí tuvo sus oficinas de campaña Alberto Fernández, allí comenzó a delinear su gobierno después de su contundente victoria en las PASO, allí comenzó a pensar en Wado de Pedro como integrante del gabinete.

Dieciocho años atrás, en esa esquina salvó su vida el entonces estudiante de abogacía, trabajador en la Unión de Empleados Judiciales de la Nación (UEJN) y militante en la agrupación HIJOS. Hoy, Eduardo “Wado” de Pedro es el ministro del Interior del gobierno del presidente Alberto Fernández.
 

Secuestros

La larga noche de la dictadura militar se llevó a sus padres. Enrique de Pedro, desapareció el 22 de abril de 1977 y la madre, Lucila Rébora, el 11 de octubre de 1978. Lucila estaba embarazada de casi nueve meses, algunos testimonios señalan que fue llevada al centro clandestino de detención de El Olimpo.

Es muy probable que Wado tenga una hermana o hermano apropiado. Nunca se supo nada de ella o él.

Distinta fue la suerte de Wado, quien estuvo solo unos meses secuestrado, hasta que pudo ser recuperado por la familia y criado por una tía en Mercedes.

De ese secuestro, el hoy ministro pasó a otro. Fue en la mañana del 20 de diciembre de 2001. Cuando en medio de la represión en Plaza de Mayo intentó reclamarle a un grupo de la Policía Federal por el bolso que le habían quitado y que llevaba papeles de su trabajo en la UEJN. Allí se produjo su segundo secuestro.

Wado de Pedro fue uno de los casos de detenciones arbitrarias e ilegales ocurridas el día que cayó De la Rúa. Y los detalles aparecen claramente en la nota que le hizo días después el escritor y periodista Miguel Bonasso, durante la cual le muestra a Wado la fotografía tomada por Damián Neustadt, en la que se ve el momento en que lo detienen y golpean.

Los efectivos de la Federal –varios de civil- que cortaban la calle San Martín no recibieron “de buen modo” el reclamo de Wado. Recibió un primer golpe que lo derribó y los demás aprovecharon para tirársele encima. En medio de los golpes –la zona era un mundo de gases lacrimógenos, disparos, gritos y sirenas-, atinó a decir que era de HIJOS. Entonces le pegaron con más saña.

A los golpes le siguió la tortura con una picana portátil y el ingreso al patrullero a culatazos en la cabeza. Wado recuerda las amenazas de los policías: “¡Hijo de puta! ¿Te hacés el guapo? Te vamos a matar, hijo de puta”.

En el detalle que le brindó a Bonasso, Wado señala que los golpes en el cráneo, la columna y los riñones, siguieron en el asiento trasero del patrullero. Uno invitó a quien manejaba a que le diera unos golpes. Paradójicamente, eso lo salvó.

Por pegarle, estrelló el patrullero contra un taxi. La gente se agrupó en el lugar y Wado aprovechó para pedir a los gritos una ambulancia, pese a las amenazas de los policías –“Callate, hijo de puta, porque en cuanto lleguemos a la comisaría te vamos a matar”-, en voz baja. Pero no tuvieron más remedio que llevarlo al Argerich.

Y allí, la salvación. Pese a estar esposado, custodiado y amenazado, Wado intercambió algunas palabras y miradas con el médico de guardia quien rápidamente se dio cuenta de lo que pasaba. Las múltiples heridas que tenía no eran producto del choque.

Pero fue cuando Wado pidió que lo viera un neurólogo –por los fuertes culatazos que la habían dado en su cabeza-, que llegó el doctor Pablo Barbeito. Este les dijo a los policías que debía quedarse varias horas en observación, las suficientes para que llegaran al Argerich los compañeros Eduardo de Pedro en el Sindicato de Judiciales. Cayeron con el secretario general de la UEJN, Julio Piumato, y un asesor del defensor del Pueblo y el abogado Pablo Ceriani Cernadas, del CELS.

Allí comenzó una lucha judicial en la que descubrieron que Wado –como la mayoría de los detenidos ese día-, no estaba a disposición de ningún juez y que la Federal negaba tenerlos presos. En favor del hoy ministro hubo seis hábeas corpus.

A las cinco de la tarde de ese jueves, un juez ordenaba la libertad de Wado de Pedro, directamente en el Argerich, sin pasar por ninguna comisaría debido a las amenazas sufridas por el prisionero.

A partir de la llegada de Néstor Kirchner y Cristina Fernández al gobierno, la historia de Wado de Pedro es más conocida. Fue uno de los fundadores de La Cámpora, diputado nacional y ex secretario general de la Presidencia con CFK.

Los dos secuestros que sufrió quien hoy es uno de los integrantes del gabinete más influyentes, son parte de una historia poco conocida. Pero que lo formaron humana como políticamente. 

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