Por Luis Autalan 

@luisautalan 

El 25 de septiembre la CGT tiene un plazo fijo en su dilatada senda para intentar definir el segundo paro nacional al gobierno de Cambiemos y otras cuitas en el Comité Central Confederal. Para esa convocatoria, que realizó el triunviro Juan Schmid en Plaza de Mayo, no hay demasiadas alternativas, sumar o quitar fuego al “punto caramelo” que tiene la central respecto de una nueva fractura.

Pablo Moyano representa el sector más intransigente dentro del CGT 

Casi sin certezas traccionan en la previa los sectores en los que se divide Azopardo, bajo la mirada de quienes hoy no integran esa casa, léase las 62 Organizaciones alineadas a la Casa Rosada y el Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA) que lideran Sergio Sasia (Unión Ferroviaria) y Omar Viviani (Taxistas) que analizó la semana pasada “el escenario global”, según consignaron desde ese bloque que no integra la CGT.

Respecto del 25 del mes próximo, el titular de los Bancarios y la Corriente Federal (CFT), Sergio Palazzo, fue terminante, si ese día no se lleva adelante la reunión federal “habrá ruptura” en la CGT. Ese dirigente, junto con Schmid y Pablo Moyano, fue primordial para concretar la concentración del martes pasado frente a la Casa Rosada.

Como ya publicó este diario, es de accesible deducción de qué lado estarán si se repite la última división que tuvo lugar en 2012. Con intensidad similar, pero en la vereda opuesta, los “dialoguistas” reiteran que están a la espera de saber “de qué se disfrazan nuestros compañeros si ese lunes 25 no se define un paro”.

Lo expresan desde el resultado de las PASO, de cara a las legislativas de octubre, pero marcando con resaltador las tarjetas rojas al ex titular de la Superintendencia de Salud, Luis Scervino, y al viceministro de Trabajo, Ezequiel Sabor, como más que una señal. “Las 62” continuarán el rumbo que trazó Gerónimo “Momo” Venegas, ya al mando de Ramón Ayala, junto al gobierno nacional con porción de crítica para sus primos cegetistas, a los que les diagnosticaron fracaso rotundo en cuanto a la conducción del triunvirato actual.