Por Jimena Golender

@JimeGol20

Pocos años alcanzaron para que Eva Duarte se ganara un lugar en el corazón del pueblo y de la historia. Durante ese tiempo, su vestuario fue reflejo de la trayectoria personal y pública que construyó y que la convirtió en una figura icónica que aún hoy impacta en todo el mundo. La indumentaria supo ser un poderoso instrumento a través del cual Evita transmitía su identidad en cada uno de sus looks, una imagen que perdura y trasciende en las páginas del tiempo y de la moda.

En el centenario de su nacimiento, el Museo Evita renovó las vitrinas con piezas de su colección privada que muestran la evolución de su imagen, desde su llegada a Buenos Aires en 1935 para convertirse en actriz, hasta la Eva referente de lucha y líder política.

En la vitrina, uno de los sombreros de Evita. De fondo, el momento en que lo lució. (Foto: Jonatan Moreno)

En la primera sección, seis maniquíes representan las diferentes etapas en la vida de Eva, una especie de prólogo que anticipa lo que, a lo largo del recorrido, se llega a apreciar en detalle con elementos e imágenes de archivo. Cada uno de sus atuendos cuenta una historia, la mujer que soñaba, la líder social, la figura política, la abanderada de los pobres y el símbolo del poder; todas ellas fueron Evita.

En los años ‘40, plena época de posguerra, las mujeres llevaban trajes tipo sastre con hombreras marcadas y faldas tubo por debajo de las rodillas. Un estilo austero y con aire masculino que Eva lució a finales del ’45, cuando acompañó a Juan Domingo Perón en su gira nacional a bordo del tren “El Descamisado”.

Una cartera, un par de zapatos y el detalle del bordado de uno de sus vestidos. (Fotos: Jonatan Moreno)

En 1946, y con solo 27 años, Evita se convirtió en Primera Dama, un rol tradicional que históricamente había quedado relegado a tareas de beneficencia, sin ningún impacto político. Sin embargo, ese sería el comienzo de su corta pero significativa carrera como líder peronista; así como su relación con el diseño. En ese entonces comenzó a visitar las mejores casas de costura de Buenos Aires, Bernarda, Paula Naletoff y Henriette, que fueron las primeras en crear un vestuario acorde a su nueva función, junto al modisto Paco Jamandreu.

La indumentaria también jugó un rol importante en su gira europea como Primera Dama en 1947. Una etapa que marcó la vida y el estilo de Eva Perón y la instaló en el plano político internacional. Los diseños que lució, tanto en presentaciones oficiales como a lo largo del viaje, eran exclusivamente realizados por argentinos. La maduración de su imagen tuvo un papel importante en las reuniones con Jefes de Estado, presidentes, Primeros Ministros y el Papa. Eva, sin haber ocupado nunca un cargo en el gobierno, y en un contexto que excluía a las mujeres de los espacios de poder, se consolidó como una figura política poderosa en el ámbito internacional.

En su paso por París nació su pasión por el diseño francés, fue allí cuando conoció y entabló relación con Christian Dior y Jacques Fath. Ambas casas crearon un maniquí con la figura de Evita para realizar después trajes a su medida, que su asistente recogía y trasladaba a Buenos Aires en barco o en avión. Ese mismo año surgió la silueta característica de Dior, el famoso “New Look”. Un diseño inspirado en la forma de las flores, con cintura marcada, falda acampana y escote corazón, que reinstalaba la figura femenina luego de la Segunda Guerra Mundial. Eva se adueñó de este look, convirtiéndose en la embajadora del estilo Dior. Décadas más tarde, el diseñador francés llegó a decir que “la única reina a la que vestí es a Eva Perón”.

Diferentes estilos de una Eva que fue plasmando en el vestuario su madurez como política y como mujer. (Fotos: Jonatan Moreno)

Su interés por los diseñadores internacionales la convirtió en el centro de críticas de ciertos sectores del poder que la acusaron de frívola. Un aspecto por el que aún es cuestionada, como si el legado de su trabajo social y su vestuario fueran excluyentes entre sí. Los vestidos impactantes y los trajes convivían con aquellos más casuales, despojados de adornos y apliques, que utilizaba en su rol en la Fundación de Acción Social. En la sala del museo que homenajea la conquista del derecho al voto femenino se encuentra un traje sastre que ilustra el rol de Eva como representante de la participación cívica de la mujer y su lugar como presidenta del Partido Peronista femenino.

El legado de su icónica figura trasciende más allá de su vestuario, pero también supo ser una herramienta que evidenció su trabajo político y social. Lo cierto es que estos tesoros que la vistieron atraen todas las miradas de los visitantes del Museo Evita, que allí se quedan, durante varios minutos observando con detalle, como si en aquellos textiles se hubieran tejido los hilos de su lucha.