PANORAMA

Milei explicó por qué aparece el FMI: objetivo inflación cero y que el ajuste valga la pena

El Presidente optó por el camino del DNU para asegurar vía libre en el Congreso, apurar negociaciones por fondos frescos y "terminar para siempre" con el alza constante de precios. En Washington hablan de "avances" pero Luis Caputo es más específico y revela sus ansias de firmar antes de mayo mientras rechaza una devaluación.   

Tras el "ajuste más grande de la historia", la baja contundente de la inflación que mide el Indec es el mayor capital político del presidente, Javier Milei. Es la base de defensa de su gobierno y la principal carta para mostrar en año de elecciones. El nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) "aparece", según el mandatario, para "sanear el Banco Central y terminar con este problema de una vez y para siempre".

Cuando los precios empezaron a mostrar una fuerte desaceleración durante el primer año de gestión, en la Casa Rosada hacían una lectura sobre el apoyo mayoritario que mostraban las encuestas a pesar de la recesión: "La gente entendió por qué es necesario ajustar". Esa paciencia e intensa calma callejera habilitó otra: la aceptación de la caída del poder adquisitivo como condición para eliminar el flagelo de la inflación.

Las presiones por una devaluación del peso frente al dólar estadounidense que Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, vienen denunciando en las últimas semanas atentan contra ese activo del gobierno. Por eso rechazan una corrección del tipo de cambio y aclaran que el FMI no pidió tal cosa, conscientes de que la mera especulación o su aplicación tiene impacto instantáneo en precios.

No se trata sólo de declaraciones agoreras sobre el dólar, sino de un escenario económico que se mantiene en alerta. Por un lado, por la imperiosa necesidad de aumentar las reservas del Banco Central para seguir conteniendo la brecha cambiaria. Y recientemente, por la aceleración de la inflación de los alimentos que muestran las mediciones privadas sobre la primera semana de marzo.

Por eso el gobierno apura un nuevo acuerdo con el FMI. Asegura que no implica más deuda y explica los objetivos a largo plazo que llegan hasta la salida del cepo cambiario. En ese recorrido hacia un entendimiento final con los técnicos con oficina en Washington, saltea la aprobación del Congreso al programa completo y revela las necesidades en el corto plazo.

Deseos y objetivos

Luego de repasar los resultados de su modelo sobre el “equilibrio monetario”, el presidente Milei aseguró este sábado que “aún falta un paso adicional y ahí es donde aparece el nuevo acuerdo con el FMI”.

“Así, el dinero que ingrese del FMI, el Tesoro lo utilizará para cancelar parte de su deuda con el Banco Central, de modo tal que la deuda bruta no sube y en caso de que la misma se utilice para rescatar títulos cuyo valor de mercado está debajo la par, la misma caerá”, desarrolló en una columna que publicó el Presidente en el diario La Nación. Por lo tanto, “el acuerdo con el FMI busca restaurar el patrimonio del BCRA, para que de este modo la inflación sea solo un mal recuerdo del pasado”, afirmó.

Sólo Milei y su equipo conocen los detalles que facilitarían las promesas vertidas en esa columna. El presidente firmó esta semana un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) en el cual vuelca la decisión de firmar un nuevo acuerdo con el FMI. Fuentes de la Casa Rosada indicaron a Grupo Crónica que, a más tardar, estará publicado este lunes en el Boletín Oficial. El Congreso aprobará o no ese DNU, mientras no lo trata, es válido.

 

El Presidente desistió así de enviar al Parlamento un proyecto de ley con las cláusulas técnicas del programa que luego se traducen en medidas económicas. Esa vía le exigía conseguir apoyos de diputados y senadores de la oposición no aliados ni tan dialoguistas.

El antecedente más cercano es 2022, durante el gobierno de Alberto Fernández, cuando por la Ley de Fortalecimiento de la Sostenibilidad de la Deuda Pública impulsada por el exministro de Economía, Martín Guzmán, todavía vigente, el Congreso recibió un proyecto con el staff level agreement adosado.

Por entonces se aprobó la refinanciación (no solicitó ampliación de fondos) del programa de vencimientos de la deuda tomada en 2018 por el expresidente, Mauricio Macri, por 45 mil millones de dólares. Antes de eso, la última negociación con el mismo actor la impulsó el exmandatario del peronismo, Néstor Kirchner, en 2006, cuando canceló la deuda histórica con el Fondo.

Milei le pide ahora más plata al organismo multilateral de crédito. Se calculan entre 5 mil y 20 mil millones de dólares extra, además de un nuevo refinanciamiento sobre lo solicitado en 2018, cuando el peso se devaluó más del 100%. Caputo explicó que por ahora el monto es “confidencial”.

“Están definidos el programa y el monto. Hemos modelado muchos escenarios para aprobarlo, el staff estuvo de acuerdo y ahora lo manda al board (directorio), que decide si le pone el gancho”, adelantó el ministro al ratificar que todo estará listo antes de que arranque mayo: “en el primer cuatrimestre”.  

A ciegas sobre el escenario que Milei y Caputo definieron con los técnicos del Fondo, el Congreso validará o no el DNU, mas no tendrá acceso a las condiciones del acuerdo.

A contramano de lo dicho por el Ministro, igualmente, el FMI marcó que no tiene por condición contar con la aprobación del Parlamento: “tener el apoyo legislativo es una decisión de las autoridades tal como lo establece la legislación interna argentina", dijo el último jueves la vocera del Fondo, Julie Kozack.

Plano político

Además de las urgencias económicas de alcanzar un acuerdo entre este mes y el de abril, las hay políticas externas e internas.

Cuando el gobierno comenzó las tratativas con el FMI y desplegó los primeros esfuerzos por conseguir el respaldo de Donald Trump, la figura internacional de Milei estaba en claro ascenso en la esfera de la nueva derecha global, donde buscaba posicionarse. El escándalo por la promoción o difusión de la moneda cripto $Libra amenaza con destruir ese logrado perfil.

En un acto de fe, el republicano mantuvo más que el buen vínculo con Milei y, mientras las investigaciones periodísticas y judiciales locales y en otras partes del mundo comenzaron a dar los primeros pasos, le concedió una reunión y una foto en Washington.

Son gestos claves de Trump a Milei en plenas tratativas con el FMI y, más aún, si los tiempos son como los indicó el ministro Caputo y sólo falta la aprobación del directorio del acuerdo.

Pero mientras al nuevo programa con el norte “sólo le falta el moño”, en el país transcurrió una semana difícil para el gobierno que podría comenzar a deshilachar su hipótesis sobre la paciencia social.

Hubo apagones masivos de luz en la Capital Federal y sus alrededores en un contexto de fuertes subas de tarifas de los servicios públicos energéticos y del transporte que afectan a todo el país.

Luego de los incendios forestales en la Patagonia y las críticas por la falta de recursos nacionales para su combate, la ciudad bonaerense de Bahía Blanca sufrió una catástrofe por las intensas lluvias. Milei se vio obligado esta vez a marcar la presencia del Estado: canceló su participación en la Fiesta de la Vendimia en Mendoza, envió ministros y autorizó 10 mil millones de pesos de Nación para la urgencia.

Los cortes de luz por largas horas y con 44 grados de térmica evidenciaron la falta de personal para mantener el orden en el microcentro porteño que quedó sin semáforos. En paralelo, los principales canales de televisión mostraron un máximo despliegue de efectivos policiales para contener una no muy numerosa protesta de jubilados en el Congreso.

Podría haber sido no más que una escena típica del verano en el país, pero en esta ocasión contó con un componente inédito: del reclamo participaron algunos hinchas del club de fútbol Chacarita. El método empleado para dispersarlos despertó más muestras de solidaridad y ya son por lo menos una docena los grupos de simpatizantes de diversos clubes que anticiparon su presencia para la misma cita de la semana próxima. Una manifestación inédita que encontrará a camisetas rivales unidas en una causa común: reclamar por el poder adquisitivo de los jubilados.

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