Por Jorge Cicuttin
@jorgecicu

“Nunca perdí una elección”, solía decir Carlos Menem. Dato en parte cierto, aunque discutible, ya que la elección presidencial de 2003 que ganó, la perdió al desistir de la segunda vuelta. De todas maneras, este “animal político” estuvo al frente de la Presidencia de la nación de manera continua más que ningún otro, de julio de 1989 a diciembre de 1999.

Preso durante la dictadura, pero también durante la democracia. Condujo el país como un peronista que le dio la espalda a las raíces históricas del movimiento, privatizaciones y “relaciones carnales” con Estados Unidos mediante. En definitiva, creó el “menemismo” dentro del peronismo. 

Carlos Saúl Menem dejó, sin duda alguna, su marca en la historia reciente argentina. Los números que arroja su carrera política son sorprendentes. Más de diez años presidente de la Nación, nueve como gobernador de La Rioja y quince años continuados como senador por esa provincia. Falleció ocupando este último cargo desde 2005.

El movimiento creado por el general Juan Domingo Perón generó con el tiempo variables de diferentes tonos políticos, pero todas aceptando un tronco común: el legado de Perón y Evita.

Pero si hay dos bien distintas desde el retorno de la democracia son sin dudas el menemismo y el kirchnerismo. Peronistas al fin, Menem apoyó en las últimas elecciones al frente que llevó al poder a Alberto Fernández y a Cristina Kirchner.

El hombre de las patillas

Carlos Saúl Menem nació en Anillaco, 2 de julio de 1930. Desde joven lo apasionaron los deportes y la política. En el primero de los casos, su pasión fue River Plate, en el segundo, el peronismo.

Durante la dictadura militar de Pedro Eugenio Aramburu, Menem fue detenido por primera vez en 1956, acusado de participar en una conspiración peronista para derrocar al gobierno. Tras su liberación, en 1957, fundó en la clandestinidad la Juventud Peronista de La Rioja. Su actividad lo llevó a ser uno de los pasajeros del vuelo que, el 17 de noviembre de 1972, trasladó a Perón de regreso desde España a la Argentina.

Con la marca personal de sus largas patillas que recordaban al caudillo riojano Facundo Quiroga, ganó por un amplio margen las elecciones que en 1973 –acompañando al FREJULI de Héctor Cámpora-, lo convirtieron en gobernador de la provincia, cargo que mantuvo hasta el golpe militar del 24 de marzo de 1976.

Con las largas patillas que recordaban al caudillo riojano Facundo Quiroga (Crónica/Archivo).

Durante la dictadura estuvo en distintos centros de detención. Fue prisionero en un Regimiento de Infantería, en el barco 33 Orientales, en el penal de Magdalena y en el cuartel de Gendarmería de Las Lomitas. En esta última localidad, pasó a ser alojado en la casa de la familia Meza. Allí mantuvo un romance con la hija de los anfitriones, una maestra rural llamada Martha Meza, con la cual tuvo un hijo que tardó muchos años en reconocer: Carlos Nair.

La renovación peronista

En 1983 vuelve a presentarse como candidato a gobernador y pese a que a nivel nacional Raúl Alfonsín derrota al peronista Italo Lúder, en medio de una gran polarización, en La Rioja la lucha fue más despareja y Menem se impone al candidato radical con casi el 57% de los votos. De esta, su segunda gobernación, se recuerda la visita a la provincia que en 1986 realizó el senador de los Estados Unidos Edward Kennedy, supuestamente preocupado por el discurso antiimperialista de Menem y su crecimiento dentro del PJ.

Tras la visita, el riojano bajó el nivel de sus críticas hacia el país del Norte. “Estados Unidos, nos guste o no, es una realidad que pesa sobre Argentina y sobre todos los países del mundo, sin excepción. Con esto quiero decir que Kennedy no es Rockefeller y viceversa”, explicó.

Menem integró la llamada "renovación peronista" (Crónica/Archivo).

En esta época, Menem se suma a la llamada “renovación peronista” encabezada por Antonio Cafiero y alejada de los llamados “mariscales de la derrota” del PJ en 1983. Una propuesta de la renovación que cambió al partido fue la elección interna en la que los afiliados definirían al candidato presidencial. Y Menem, acompañado por Eduardo Duhalde, se animó a hacerle frente a Cafiero.

El modelo a seguir en la primavera democrática era Raúl Alfonsín, y quien más se le parecía dentro del peronismo era Antonio Cafiero. La victoria de éste en la interna peronista era vista como segura, mientras que Menem se perfilaba para los medios nacionales como un pintoresco personaje antisistema.

Pero llegó la sorpresa, y el 9 de julio de 1988 se produjo el holgado triunfo de la fórmula Menem-Duhalde, que logró el 54 % de los votos contra el 46 % de la fórmula Cafiero-De la Sota.

“¡Síganme!”

“No los voy a defraudar, ¡Síganme!”, gritaba Carlos Menem en una campaña electoral en la que intentaba dar pocas precisiones sobre su proyecto económico, más allá de eslóganes como “¡Se viene el salariazo!” o “¡Hagamos la Revolución Productiva!”. Todavía con unas abultadas patillas que fueron mermando al llegar a la Presidencia, su figura contrastaba con la del atildado radical cordobés Eduardo Angeloz.

Promesas de un futuro mejor pero sin un proyecto concreto, así fue la campaña electoral de Menem quien se animó a dejar una “silla vacía” en el frustrado debate entre candidatos que intentó hacer Bernardo Neustadt. Pero la hiperinflación y una situación económica insostenible debilitaron las aspiraciones radicales y Alfonsín adelantó cinco meses el llamado a elecciones, en las que Menem obtuvo una amplia victoria en mayo de 1989.

Así, se convirtió en el primer peronista en ganar una elección presidencial después de la muerte de Perón. El aumento de la crisis y los conflictos sociales llevaron a Alfonsín a entregar anticipadamente el poder, el 8 de julio.

Privatizaciones y convertibilidad

Menem llega a la Casa Rosada con un panorama terrible. La hiperinflación destruyó el poder adquisitivo de los argentinos y se esperaba el “salariazo” prometido en campaña. De entrada, sorprendió al designar como ministro de Economía al ingeniero Miguel Roig, por sugerencia del poderoso grupo empresario Bunge & Born. Pero Roig murió una semana después de asumir y lo reemplazo en el cargo el vicepresidente de Bunge & Born: Néstor Rapanelli. Así se empezó a implementar el llamado “Plan BB”.

Las reformas económicas comenzaron a marcar un camino más liberal que lo esperado. Con la aprobación de la Ley de Reforma del Estado, Menem quedó autorizado a privatizar las empresas estatales que estimara conveniente. Y así fueron cayendo todas: Entel, Aerolíneas Argentinas, los canales de televisión, la red ferroviaria, Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) y Gas del Estado. Esta desregulación de la economía se afianzó con la apertura de las importaciones y la libertad de precios.

Cavallo y Menem, los rostros de la Ley de Convertibilidad (Crónica/Archivo).

Pero el gran golpe llegó con la asunción en Economía de Domingo Felipe Cavallo y su Ley de Convertibilidad: un peso pasó a ser igual que un dólar desde enero de 1992. La aparente estabilidad económica –inflación bajísima- y explosión del consumo ocultaba el cierre de industrias, los despidos masivos en las empresas privatizadas y el subempleo generado por la flexibilización laboral.

En alineamiento automático con los Estados Unidos, definido humorísticamente por el entonces canciller Guido Di Tella como “relaciones carnales”. Y lo que comenzaba a aumentar peligrosamente: la deuda externa. Todo enmarcado en fuertes polémicas y escándalos de corrupción que salpicaron al gobierno durante todo el período, sucediéndose además los atentados terroristas contra la AMIA y la Embajada de Israel en Argentina.

La muerte de Carlitos

Sobre el final de su primer mandato, Menem sufre un durísimo golpe personal: la muerte de su hijo, Carlos Menem Jr., “Carlitos”, en un dudoso accidente en helicóptero, a los 26 años de edad. Los peritos determinaron que el aparato cayó al embestir cables de alta tensión pero su madre, Zulema Yoma, insistió siempre en que su hijo había sido atacado por proyectiles y que el propio gobierno estaba ocultando las pruebas. Las especulaciones fueron desde un atentando hecho por personajes del entorno presidencial a una venganza de sectores islámicos por promesas incumplidas de Menem y su alianza con el gobierno de los Estados Unidos.

En 2010 la causa fue reabierta, y en 2014, Menem realizó una presentación por escrito en la que manifestó: "Luego de indagar y estudiar los hechos y circunstancias que rodean la causa –aunque inicialmente no fue así-, llegué a la conclusión de que la caída del helicóptero, y la consecuente muerte de mi hijo, fue el resultado de un atentado".

Pacto y reelección

Para poder acceder a un segundo mandato consecutivo, Menem tuvo que reformar la Constitución Nacional, lo que hizo en 1994 gracias al llamado Pacto de Olivos que negoció con Raúl Alfonsín. De la mano del “uno a uno” de Cavallo y del llamado “voto licuadora” –por la cantidad de personas de clase media que habían comprado productos en cuotas-, Menem ganó por un abrumador margen de 20 puntos en las elecciones de 1995.

Pero su segundo mandato, si bien intentó mantener sus políticas económicas, se caracterizó por el inicio de una recesión, el desempleo, el aumento de la deuda externa y nuevos escándalos de corrupción, que, ahora sí, golpearon su imagen. Intentó, de forma fallida, una nueva reforma constitucional que le permitiera un tercer período presidencial. Así, terminó su gobierno el 10 de diciembre de 1999, traspasándole el mando al presidente electo, el radical Fernando de la Rúa.

El paso en falso de 2003

En noviembre de 2001, tras ser liberado del arresto domiciliario al que estuvo sometido por la causa de la venta ilegal de armas a Ecuador, Menem lanzó su candidatura presidencial en La Rioja, junto a su entonces esposa, la conductora y modelo chilena Cecilia Bolocco. La crisis del 2001 se llevó puesto a parte del sistema político y el “que se vayan todos” generó una atomización de propuestas para las elecciones de 2003.

Menem debió competir con otros dos candidatos peronistas: Néstor Kirchner, apoyado por Duhalde, y Adolfo Rodríguez Saá. Si bien Menem fue el candidato más votado con el 24,45 % de las preferencias, dos puntos por encima de Kirchner, con las encuestas vaticinándole una derrota electoral aplastante, el riojano se retiró del balotaje cuatro días antes del mismo. Claro que esto no lo hizo abandonar la política.

Menem y Yoma, junto a su hijo Carlitos Jr. (Crónica/Archivo).

De regreso a su provincia, se dedicó a cuestionar las medidas adoptadas por el presidente Kirchner y así logró ser electo senador nacional en 2005. Pero hasta ahí llegó su capacidad electoral: en 2007 fue duramente derrotado en su intento de llegar otra vez a la gobernación.

Problemas judiciales

Carlos Menem sobrellevó varias causas judiciales en su contra al dejar la Presidencia. En la más dura, el 7 de junio de 2001 fue detenido por el escándalo por venta de armas a Ecuador, Croacia y Bosnia sucedida durante su gobierno y quedó bajo arresto domiciliario hasta el 21 de noviembre del mismo año, cuando la Corte Suprema emitió un fallo absolutorio en su favor. También fue absuelto por la voladura de la fábrica de armas de Río Tercero, ocurrida a poco de comenzar su segunda presidencia, y por el encubrimiento del atentado a la AMIA ocurrido el 18 de julio de 1994.

Su última elección

En las elecciones de 2017, logró acceder a la banca de senador nacional por la minoría, ya que perdió ante el candidato radical. Esta fue la última contienda electoral de la que participó Carlos Menem.

Si bien perdió, a finales de 2019 volvió a apostar a ganador: después de un breve coqueteo con Mauricio Macri, anunció su apoyo su adhesión al Frente de Todos, que llevó a la Presidencia a Alberto Fernández.

Tras la victoria electoral de la coalición, Menem se unió formalmente al bloque oficialista del Frente de Todos en el Senado. La muerte lo encontró formando parte, al menos en el Congreso, de un nuevo gobierno peronista.

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