Por Pablo Manuel

Rudy sigue yendo casi a diario al Ateneo Néstor Kirchner, como le dio en llamar a ese café museo que se encuentra en la calle Alvear de Río Gallegos, a pocos metros del centro de la ciudad y de la antigua casa del ex presidente, por 25 de Mayo. En ese lugar, sentado a poca distancia del “Néstor” tamaño natural realizado por el escultor Miguel Villalba, habló casi dos horas en la primera entrevista a fondo que da a un medio de comunicación.

En diálogo con La Opinión Industrial, (donde se puede leer la entrevista completa) recordó que empezó yendo a una unidad básica con su mamá. Era 1974, en el barrio del Carmen, donde vivían. Su familia militaba en la Unidad Básica Eva Perón, ubicada en las calles 19 de Diciembre y San José Obrero. 

“Yo tenía 14 años y me gustaba ir porque era un lugar de encuentro, la gente iba, se hacían reuniones, ahí conocí a Kirchner que venía a militar al barrio; todavía estudiaba abogacía en La Plata; era lo que sabíamos nosotros”, rememoró.

Néstor “estaba en la Juventud Peronista y hablaba, hacía análisis político a nivel internacional, nacional, provincial, local; la tenía clara, con unas ganas. Lo veíamos muy entusiasmado, muy preparado, muy convencido de lo que hacía, eso nos llamaba la atención. Decíamos que el tipo este estaba loco, o era un genio”. 

Rudy indicó que por entonces la gente ya se paraba a escuchar a Kirchner: “La juventud lo escuchaba, mi mamá era fanática; había otros compañeros militantes que venían al barrio”, pero Néstor “era formado y amaba lo territorial, no se quedaba únicamente con el discurso de tribuna”. “Hablaba de la tercera posición, de lo que estaba pasando, de cuál era la idea del peronismo. Nosotros lo mirábamos y se nos ponía a la par, nos hacía sentir importantes, y yo siempre le voy a estar agradecido por eso”. 

Ulloa siguió participando de las reuniones y los actos políticos. “Movilizamos a todos arriba de un camión, íbamos con alegría. Las consignas peronistas eran esas, la gente participaba, había mucho debate, mucha felicidad”, afirmó.

Sin embargo, Rudy, que por entonces aún era un adolescente, reconoció: “Yo mucho no entendía, pero la pasaba bien, porque iban mis amigos y mi familia particularmente. Así pasó el tiempo, seguimos militando y participando, pero con el golpe del ‘76 se interrumpió todo”.

"Lo veíamos muy entusiasmado, muy preparado, muy convencido de lo que hacía, eso nos llamaba la atención. Decíamos que el tipo este estaba loco, o era un genio”. 

Rudy Ulloa dialogó en exclusiva con La Opinión Austral. (Foto: La Opinión Austral)

De cadete a encargado 

Los años de dictadura militar fueron durísimos, sobre todo para muchos peronistas que eran perseguidos, torturados, cuando no desaparecidos en todo el país. La represión generó dispersión por un tiempo, pero eso no iba a durar para siempre.

En 1978, Rudy se vuelve a encontrar a Kirchner. “Un tío dice que había un abogado que necesitaba un cadete, como mi mamá lo conocía habló con Néstor y me tomaron a mí”. Y no ocultó que en un principio “lo que yo hacía era comprar cigarrillos, los diarios, lavar el auto”. Néstor “tenía un Citroën. No me mandaba él, había otro encargado, el ‘Pelado’ Vera. Llovía, tronaba, nevaba y el hombre tenía que mandar a alguien y ese era yo, que estaba a mano y era mi trabajo”, resumió.

Desde un principio, las cosas no fueron fáciles: “Pasó el tiempo, el trabajo empezó a escasear. No entraba nadie al estudio, realmente tengo que decirlo, era muy duro. Se perdía mucho tiempo porque cada compañero que llegaba era una hora o dos con el doctor en su despacho y meta fumar y mate y hablar de política. Al principio, yo miraba y decía ‘esto no va’”. 

Kirchner “estaba preocupado por lo que estaba pasando. Me acuerdo que en 1978 estaba el mundial y teníamos otro amigo que trabajaba con nosotros, y al mediodía o primeras horas de la tarde jugaba Argentina; nosotros lo mirábamos en un televisor blanco y negro. De pronto aparecía el doctor, así le decíamos entonces, pegaba un portazo y no nos apagada el televisor, directamente lo desenchufaba. Nos cagaba a pedos: ‘Pelotudos, están entretenidos en esa huevada mientras desaparecen compañeros’. Nosotros decíamos ‘este tipo está loco, está mal de la cabeza en serio, pero el tipo la vivía, la sentía y su formación política y sus convicciones eran muy fuertes, y eso lo transmitía. El que lo entendía bien y el que no, decía ‘este está loco’. En realidad, lo tenía loco la realidad de la Argentina”, manifestó.

"Nosotros decíamos ‘este tipo está loco, está mal de la cabeza en serio, pero el tipo la vivía, la sentía y su formación política y sus convicciones eran muy fuertes, y eso lo transmitía".

La bomba

Poco tiempo después pasó un incidente que marcaría a fuego la relación entre Rudy Ulloa y Néstor Kirchner. Entre los años 1978 y 1980, el estudio jurídico seguía sin levantar cabeza. “Nos pasó de todo”, sostuvo Rudy con una sonrisa entre trágica y alegre.

“Me acuerdo cuando nos pusieron la bomba y cuando los militares de ese momento nos quemaron parte del estudio, la investigación llegó a eso”, aclaró. “Bueno, Cristina que se quería ir, pero Néstor que no se quería ir…”, fue una de las charlas que más recordó.

“Esa mañana de la bomba renunciaron todos, no quedó nadie; yo me quedé ahí sentadito en una esquina. Entra Néstor y da un portazo como siempre y se va a su despacho. Yo no entraba al despacho, yo dejaba los cigarrillos, los diarios y el mate siempre en la puerta; el ‘Pelado’ Vera era el que entraba. Entonces (Néstor) se vuelve y me dice: ‘¿Vos no te vas?’. Y yo le digo: ‘¿Dónde me voy a ir? Primero, me deben 3 meses de sueldo; segundo, no tengo adónde ir, y tercero, este es mi trabajo’. Se metió al despacho y me dice: ‘Andá a comprar cigarrillos’. Cuando volví, ahí me hizo entrar, me hizo sentar. Estaba preocupado. En ese momento había de esos teléfonos fijos y llama a Cristina; viene la doctora y le dice: ‘Nos quedamos. Y vos, Rudy, mañana contratá administrativas y vamos a poner en funcionamiento el estudio’. Imaginate yo, de lavar el auto y comprar los diarios, pasé de pronto a ser un jefecito, un jefecito de la nada, pero para mí era importante”.

"Imaginate yo, de lavar el auto y comprar los diarios, pasé de pronto a ser un jefecito, un jefecito de la nada, pero para mí era importante”.

El Ateneo

Néstor, Cristina y ahora también Rudy, pusieron en marcha el estudio la misma semana de la bomba. No pasó mucho tiempo para que Kirchner se organizara y a los pocos meses empezó a militar nuevamente. Las cosas habían comenzado a mejorar. Pero en la vida del expresidente las cosas nunca fueron fáciles y debió arrancar desde bien abajo, organizando con el puñado de gente que lo acompañaba.

“Néstor empezó a juntarse con más compañeros, a transmitir la idea, lo que pensaba; siempre hablando del peronismo, de Perón y Evita, del proyecto político, de una vocación de servicio; una convicción impresionante. Yo estaba ahí, de pronto me decía: ‘Che, reunión en mi casa, tenés que ir’. Yo sabía que me llevaba porque era el que cebaba mates (risas). Eran los cuatro o cinco de siempre: (Oscar) ‘Cacho’ Vázquez, Liliana Korenfeld, (Celina) ‘Chela’ Gay, (Armando) ‘Bombón’ Mercado y dos más, y esa era la reunión. Y Néstor hablaba como si fuera un estadio”, afirmó con admiración. 

Kirchner “empezó a pensar en la idea de armar un local, pero en ese momento no se podían poner unidades básicas porque estaban prohibidas. Entonces se le ocurre hacer un ateneo. ‘¿Qué es eso?’, pregunté yo. ‘Bueno, es un lugar de encuentro cultural, donde se junta la gente a charlar, a cantar, a leer libros, esas cosas’, me explicó. Pero los muchachos no pudieron con el genio y le pusieron Ateneo Teniente General Juan Domingo Perón; no les creía nadie que no era una unidad básica”, manifestó sin dejar de reír.

Así se inauguró la primera Unidad Básica en calles Solís y Gregores, en el barrio Provincial. “Ahí empezamos, pasaba la Policía por afuera; era todo un tema. En ese momento era muy duro. Bueno, ahí se empezó a trabajar. Néstor era un hombre que siempre transmitía la militancia, la que creía que era la verdadera, la que se construía mejor, que era el contacto permanente con la gente. Era alguien que veía que la política se tenía que hacer en el territorio y con la gente”, resumió.

Aun así, mirando a futuro, seguía siendo todo un desafío. “Néstor tenía el estudio jurídico y la verdad, no era un hombre muy querido. Hablaban de ‘Néstor Kirchner’ y la oposición decía: ‘Ese fue el que le sacó el triciclo a tal, la televisión a tal otra… Bueno, si vos tenías relación con un estudio jurídico era porque debías, esto era así. Pero ellos lo vendían de esa forma. Ojo (en el estudio), se trabajaba y se trabajaba muy fuerte”, subrayó. 

Las reuniones en el Ateneo siguieron y a Rudy ya le habían empezado a interesar. “Iba a la casa de Néstor y ya había otro que cebaba mates, yo ya estaba sentado, atrevido, charlando y opinando, hoy me doy cuenta de esas cosas”, sostuvo y quedó unos segundos en silencio.

A Ulloa le tocó poner la básica en el barrio del Carmen, que era donde vivía; la llamó “Los Muchachos Peronistas”, que después se convertiría en todo un símbolo durante más de tres décadas en Río Gallegos y en Santa Cruz. Otros referentes hicieron sus propias unidades básicas, como el caso del "Gordo" Díaz, también en el barrio del Carmen; "Chela" Gay en el barrio APAP; Stella García con González y "Tabaco" en el barrio Belgrano; Pablo Miño en barrio YCF, etc.

“Y así se fueron haciendo responsables territoriales y generando discusiones políticas todos los martes, donde se charlaba y se analizaba la realidad nacional, provincial y local. Una vez que teníamos las charlas y una posición política de cada hecho en particular, salíamos a predicarla. Como decía Perón: había que tener una unidad de acción y una unidad de concepción”, expresó.

Ese fue el inicio político con mirada electoral. Unos años más tarde, desembocaría en el triunfo que lo llevaría a la Intendencia de Río Gallegos y en poco más de 15 años, a la Presidencia de la Nación.

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