Por Fedra Abagianos
@TrinityFlux

Internet y las redes sociales se convirtieron en el campo de batalla de una guerra en la que el ejército de trolls del macrismo arremete y desenfunda noticias falsas, ciberataques y campañas sucias contra figuras opositoras de la política, intelectuales y personalidades que coqueteen con la idea de estar del otro lado de la grieta.

Esta semana Marcelo Tinelli fue víctima de un video armado por los trolls de Cambiemos, que viralizaron en sus grupos de WhatsApp, donde se podía ver al conductor y empresario con Cristóbal López y Fabián de Sousa, sus exsocios que se encuentran detenidos. ¿Todo por qué? Por almorzar y mostrar simpatía por el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, quien es uno de los personajes fuertes que suena dentro de los posibles candidatos en la elección de este año que parece arder desde temprano.

"Macri y Cristina tienen el boleto picado", dijo Tinelli y al parecer encendió una mecha que incendió a los trolls de bronca y que lo convirtieron en el personaje principal de una reciente campaña sucia. "Es lo mismo que una guerra sucia, quizás no utilizás tiros para llevarla adelante pero en esencia es la misma intención", le explicó a Crónica Osky Canabal, quien desde hace más de treinta años se destaca como creativo publicitario y trabajó junto a Durán Barba, el consultor de imagen y asesor político de Mauricio Macri, en la campaña "Va a estar bueno Buenos Aires" para candidato para Jefe de Gobierno de la Ciudad en 2007. Para Canabal, las campañas sucias salen de "otras usinas" manejadas por politólogos, asesores de imagen y de "tipos que están involucrados en la política del lado menos profesional y más turbio".

"Mentir, desprestigiar al oponente, buscarlo, volverlo loco, debilitarlo psicológicamente, son artimañas y malas artes. Cuando lo hacen es por picardía, por sacar un ventaja, por querer ser más vivos que el resto, por ganar, lo hacen por mucho dinero porque en las campañas por lo general hay mucho dinero, y cuando se gana hay mucho más por ganar. Nunca son razones que sean demasiado santas", explicó el publicitario.

La batalla de las falsas noticias

En el campo de batalla de las campañas sucias hay varios actores y acciones que cumplen funciones específicas y que tienen un fin. Las noticias falsas, más conocidas como fake news, es otra herramienta que implosiona y dejan secuelas difíciles de contrarestar porque muchas veces se propagan, contaminan el campo de acción por largos períodos y muchas veces ganan batallas impensadas e imposibles. Según Martín Becerra, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y profesor de la Universidad Nacional de Quilmes y de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la fake news es una noción que "alude a piezas de información deliberada o intencionalmente falsas. Osea que no basta con que haya falsedad, imprecisión o error, -algo común y cotidiano-, sino que debe haber previo conocimiento de que lo que se difunde es falso".

Para el investigador, en general, se ejecutan "con objetivos de confrontación con posiciones antagónicas, para desacreditar esas posiciones y desviar los ejes que sostienen, porque una vez diseminada la fake news, el adversario/enemigo debe dedicar recursos a aclarar que lo que se ha dicho sobre él es falso y aprobarlo". De algún modo, son eficaces al "invertir la carga de la prueba".

Sobre cómo se construyen, el investigador aseguró en diálogo con Crónica que hay fake news cuando cuya producción es elaborada, sofisticada y compleja. "El ejemplo de la campaña electoral de Jair Bolsonaro en Brasil es claro al respecto, pues las piezas de fake news contra el PT eran muy profesionales e intervenían en su difusión sitios supuestamente periodísticos, especialmente creados por el entonces candidato y hoy presidente, pero también hay fake news de factura más artesanal, lo que no significa que por eso tengan menos posibilidades de ser viralizadas", explicó. "En Argentina tenemos fuentes institucionales que hace muchos años producen y diseminan fake news. Un ejemplo es el del asesor presidencial Durán Barba cuando afirmó, en una columna publicada en Perfil, que si Cristina Fernández de Kirchner llegaba a ganar las elecciones de 2019 iba a cambiar la Constitución para encarcelar a los jueces e iba a dictar una amnistía preventiva para todos los asesinos y narcotraficantes", ejemplificó Becerra.

El ejército "Troll"

En esta guerra sucia de varias batallas, donde hay un general, hay un ejército, un ejército de trolls. Individuos que se encargan desde una computadora imponer temas por repetición en las redes, publicar cientos de contenidos diarios todos los días, destacan a figuras del oficialismo, destruyen a opositores y críticos y fabrican tendencias. Según un informe publicado por C5N en julio de 2018, se destinaban para esta tarea 200.000.000 de pesos al año. El periodista Jorge Rial y Jorge Asis, quien en Twitter se define como un profesional de la palabra, fueron algunas de las víctimas apuntadas por los trolls al momento de hacer alguna crítica al gobierno de Mauricio Macri.

El martes pasado el conductor de Intrusos denunció censura y arremetió contra los trolls de Marcos Peña porque Instagram le dio de baja a un video que se había hecho viral y que mostraba una estatua viviente cantando contra el presidente. "Instagram acaba de borrar mi video de la estatua viviente de La Plata puteando por denuncias de acoso o bullying. ¿A quién? Cómo le molesta a los trolls del gobierno el enojo de la gente. Y hacen lo que mejor les sale: censurar", sentenció el periodista desde su cuenta de la red social de imágenes. Si bien Twitter es la plataforma más politizada y donde se desarrollan la mayor cantidad de posteos con contenidos y opiniones políticas, y donde también se encuentran más abiertamente los debates, no es la única donde los trolls actúan, también lo hacen en Facebook, Instagram, foros de medios periodísticos y otros sitios.

Lo que hace el troll es dominar el escenario del debate, lleva la charla a un lugar donde es muy dificil salir y todo termina siendo una tendida de odio. La idea también es correr el eje del debate y desprestigiar. Para identificarlos existen algunas posibles variables para tener en cuenta. Si bien no hay una forma exacta de descubrir un troll hay algunas señales. En el perfil no usan fotos de personas sino más bien genéricas como de equipos de fútbol, animales o autos. No hay una relación lógica entre los seguidores, los seguidos y la cantidad de tuits publicados. Puede seguir a 3.000, ser seguido por 15 y haber publicado 150.000 tuits que por lo general, siempre refieren hacia el mismo tema que es la política o similar.

Casi dos meses después de la aparición del cadáver de Santiago Maldonado, a raíz de un tuit que publicó Jorge Asis, recibió el ciberataque de los trolls y sin tapujos respondió: "Copiaron instrucciones de los trolls de Marquitos que creen que el Caso Maldonado es mi vulnerabilidad profesional. No deben explicarme a mí cómo sacaron el cadáver de la heladera y lo arrojaron al río. Deben explicarlo a Amnistía Internacional".

La estrategia y la paz

En esta guerra que se desata en Internet y en las redes sociales entre posibles víctimas y posibles victimarios, es raro que se vislumbre la paz. "Los trolls son marginales y quienes mantienen estos equipos de trolls son personas que pueden financiarlos con dinero que en general no es legal porque no son justificables legalmente estos equipos. Si vos tenés un equipo de comunicación política tenés que justificarlo y eso es algo mucho más serio", señaló Natalia Zuazo, directora de la Agencia Tecnopolítica Salto y experta en estrategia digital en comunicación política. Zuazo, autora del libro "Guerras de internet: Un viaje al centro de la red para entender cómo afecta tu vida", asesora a políticos, sindicatos, organizaciones no gubernamentales y a distintos actores que trabajan en el ámbito político. Para ella "en las redes compartimos con quienes piensan lo mismo que nosotros, y eso está estudiado, confirmamos nuestros prejuicios existentes, entonces esas noticias van a circular entre quienes pensaban ya previamente eso", dijo.

La aplicación Whatsapp, por donde circuló en principio el video con la intención de desprestigiar a Tinelli, también hoy es una herramienta en esta guerra sucia que se desata a través de las plataformas y las comunicaciones. "Se puede convencer al convencido, no tenemos evidencia contundente de que una campaña por Whatsapp haya cambiado el voto de una persona. Sí confirma el voto de personas que pensaban antes así, y sobretodo en campañas polarizadas como opciones extremas de votación", explicó Zuazo. "La campaña sucia, campaña troll, es la última instancia. Es mucho más eficiente hacer una estrategia digital y darle tiempo a eso. A los trolls te los reportan, Twitter está avanzando en mecanismos de reporte. Facebook avanzó hace ya algunos años, las mismas plataformas transforman también su arquitectura para que no sea posible que estos mecanismos convivan, va a ser cada vez más difícil, los van a expulsar", concluyó Zuazo.

"La campaña sucia, campaña troll, es la última instancia"

Hay un campo de batalla, una guerra declarada, soldados dispuestos a disparar con infamias, mentiras e insultos, estrategias de ataque para desviar ejes de debate e imponer temas de discusión. En un año electoral se dispararán armas desde todos los ángulos posibles pero una guerra sucia demostrará al final quien está del lado del bien o quien eligió el lado del mal.

"Agravio preocupante contra el derecho humano"

Por los ciberataques producidos en los últimos tiempos en las redes sociales, que en muchos casos son coordinados y buscan inhibir la expresión de perspectivas plurales y limitar la circulación de opiniones diversas sobre temas cardinales del espacio público, Amnistía Internacional publicó en marzo de 2018 un estudio sobre este tema.

Para Amnistía, los ataques a posiciones críticas en Internet constituyen un preocupante agravio contra el derecho humano a la libertad de expresión, provocando también un riesgo para la convivencia democrática. A raíz de que distintas organizaciones en todo el mundo que manifestaron su preocupación acerca de los ciberataques, porque "inhiben la circulación de perspectivas y conducen a la autocensura", Amnistía Internacional se comprometió con distintos países a reportar las agresiones en el marco de su acción en pos de "la plena vigencia de los derechos humanos".

Amnistía Internacional Argentina realizó un estudio sobre ciberataques contra nueve reconocidos periodistas que trabajan en medios de la Ciudad de Buenos Aires y dos activistas por los derechos humanos de diversa extracción y afinidades culturales e ideológicas. Se analizaron 354.000 tuits del 22 de octubre de 2017 al 14 de noviembre de 2017 sobre los periodistas Hugo Alconada Mon, Edi Zunino, María O´Donnell, Reynaldo Sietecase, Romina Manguel, Marcelo Longobardi, Ernesto Tenembaum, Nelson Castro, Carlos Pagni y Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel y la activista argentina Mariela Belski. Una de las personas atacadas, particularmente, ha sido la vocera de Amnistía Internacional en Argentina, Mariela Belski, víctima de una acción coordinada desde cuentas ficticias con información falsa sobre su trayectoria (fake news) que fue amplificada por referentes oficialistas. En el lapso analizado se detectó la presencia de cibertropas en las interacciones y menciones de las once personas que se analizan en este informe. Su presencia, además, es importante en volumen. De los 354.000 tuits analizados casi el 47% pertenece a cuentas que tuvieron participación previa en acciones de cibertropas vinculadas a ataques o campañas concertadas.

Además, en todos los casos esas acciones de agresión a la crítica fueron temáticamente cercanas al oficialismo. Casi el 50% de los 354.000 tuits 14 con menciones a los periodistas y referentes de derechos humanos analizados tuvieron vínculo directo con acciones previas de cibertropas identificadas discursivamente con el gobierno nacional. El análisis de retweets permite afirmar que dentro de las interacciones se constata la acción de cibertropas orientadas al doble propósito de cuestionar el accionar de periodistas y defensores de derechos humanos, al tiempo que generar nuevas voces legítimas en la propia red (autoridades) que antagonizan la defensa de los derechos humanos con su descalificación.

La sincronización temática y coincidencia temporal de las embestidas contra periodistas y defensores de derechos humanos, además, es un fuerte indicio acerca del carácter organizado de estas acciones.

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