Hoy el Frente Renovador se quiebra. Felipe Solá, Facundo Moyano y un reducido grupo de actuales diputados de esa bancada rompen con el massismo y anuncian su bloque propio. Solá anunció su deseo de ser candidato presidencial; Daniel Arroyo, otro que se va, anunció que aspira a la gobernación.

Los motivos del alejamiento son varios, pero hay un nombre que los engloba: Cristina. La disputa de todo el peronismo sobre una alianza o ruptura absoluta con la ex presidenta también juega su capítulo aquí. Solá y el resto querían posturas más duras, similares a las de Unidad Ciudadana, en algunos de los últimos debates legislativos. El bloque tomó otro rumbo. También piensan que la oposición debe estar totalmente unida, y que una interna definirá las candidaturas. El resto del Frente Renovador no comparte por el momento esa alternativa o, mejor dicho, piensa que la forma de negociar una posible unidad es desde la fortaleza propia y no en grupos sin poder que llegan mansos a la costa kirchnerista para pedir asilo.

No es casual tampoco que quienes pegan el portazo sean bonaerenses. Allí radica la mayor fortaleza de Cristina, en un núcleo territorial del conurbano donde Cambiemos logró vencer en algunos distritos, pero se mantiene con hegemonía K.

El temor de Solá y los suyos es que se repita en 2019 el escenario de 2017. Tras haber logrado terciar en las presidenciales de 2015, la candidatura de Sergio Massa naufragó dos años después entre la grieta de Esteban Bullrich y Cristina Kirchner. Cambiemos sabe que esa lógica hasta ahora le funcionó siempre, y no encuentra razones para no volver a utilizarla, especialmente cuando la gestión no tiene buenas noticias para ofrecer.

Si la grieta vuelve a ser la estrategia de campaña de los que hoy mejor miden (tanto Cambiemos como Unidad Ciudadana), no habrá lugar para que el peronismo federal consiga ser el árbitro de la elección. En ese espacio, donde Massa aspira a liderar, hacen números para saber si su resultado los convertirá en alguien a seducir en un hipotético balotaje, o serán apenas una anécdota electoral como le pasó a Florencio Randazzo.

Ahora que el calendario electoral está definido, dejamos dos datos a tener en cuenta a la hora de pensar los armados del 2019: a diferencia del 2017, los intendentes no arriesgan sólo el concejo deliberante, sino su propia supervivencia. De ahí que elegirán la opción que mejor mida, sea cual sea. No habrá lugar para aventuras o decisiones ideológicas: el objetivo exclusivo es ganar.

También habrá que considerar un cambio en las reglas: la provincia sancionó una ley que impide dos reelecciones de los jefes comunales. De ahí que para muchos estos comicios serán además un trampolín hacia el cargo que buscarán en el futuro, y quienes puedan también buscarán lanzar a un sucesor para la próxima carrera.

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