Osvaldo Papaleo revivió el golpe, la cárcel y el dolor: "Nos quedamos por lealtad, aun sabiendo lo que venía"
El exfuncionario reconstruyó el 24 de marzo, su detención y defendió a Isabel Perón: "Actuó con dignidad en el peor momento".
La de Osvaldo Papaleo es una vida atravesada por el peronismo, en los momentos más destacados y también en los más oscuros. Integró el gobierno que los militares derrocaron el 24 de marzo de 1976 y pagó ese compromiso con cárcel, secuestro y exilio. Papaleo ya tenía trayectoria como periodista y conductor televisivo cuando, a los 37 años, asumió como secretario de Prensa y Difusión en la etapa final del gobierno de Isabel Perón.
Antes había intervenido canales de televisión y, en 1971, protagonizó una escena histórica: fue el primer periodista en llegar al cementerio italiano donde ocultaron los restos de Eva Perón. Dos días después viajó a Puerta de Hierro y se reunió con Juan Domingo Perón, todavía conmocionado por la restitución del cuerpo de Evita.
Con ese recorrido, Papaleo repasa para Crónica una historia que encarnó en primera persona. Su voz ronca pasa las páginas de uno de los capítulos más dramáticos del país, marcado por ideales, lealtades y consecuencias personales, en el contexto de la represión militar.
-¿Cómo vivió las horas previas al golpe de Estado?
-Todos sabíamos que algo iba a pasar. Ese día yo estaba en la Casa Rosada, en una reunión de gabinete. La presidenta se despidió como hacía habitualmente. Subió al helicóptero sin imaginar que ahí la iban a detener. Nosotros nos fuimos al Ministerio de Trabajo y enseguida advertimos que habían cortado los teléfonos y que había un operativo militar alrededor. El día anterior ya habían tomado la antena del Automóvil Club, algo clave en ese momento. Ahí entendimos que estaban tomando posiciones.
-¿Cuándo se concretó su detención?
-Estuve 48 horas fuera de mi casa. Después me detuvieron y me llevaron junto a otros funcionarios a un barco en el apostadero naval. Éramos unos 60 entre ministros, secretarios y dirigentes. Ahí nos concentraron. Luego trasladaron a Julio González, que fue el último que vio a Isabel Perón en libertad, y nos contó cómo había sido su detención.
-¿Qué pasaba dentro del Gobierno en esos momentos finales?
-Había mucha tensión. Los militares exigían la renuncia de Isabel. Algunos sectores planteaban reemplazarla por Ítalo Luder, pero nosotros insistimos en que no debía renunciar. Esa decisión fue clave. Isabel sabía lo que se venía, no actuó por capricho.
Papaleo asegura que el golpe "no irrumpió de un día para el otro", sino que fue el desenlace de un proceso cargado de presiones políticas, económicas y también internacionales. "Había una decisión tomada -responde cuando se le pregunta si existió la posibilidad de evitarlo-. Esto venía de antes. Existía un contexto regional con dictaduras en Brasil, Chile y Uruguay. Además, había presión interna. Fue un golpe cívico-militar. Participaron sectores económicos, mediáticos y políticos".
-¿Cree que hubo traición dentro del propio peronismo?
-Sí, hubo abandono de lealtad. Algunos dirigentes creían en una salida negociada con los militares, pensaban en una transición "ordenada". Pero un golpe terminaba con todo. Muchos se equivocaron.
-¿Qué rol jugó la situación económica en ese contexto?
-Había problemas, pero también una maniobra de desestabilización. Perón lo había advertido: cuando empiezan a faltar productos, es una señal. Había una estrategia para generar caos.
-Usted destaca el rol de Isabel Perón. ¿Por qué?
-Con Isabel, como con todos los compañeros que estuvieron presos, siempre pido respeto y dignidad. Cada uno hizo lo que pudo para sobrevivir. Pero cuando se habla de otros, hay que tener cuidado. Ella fue la mujer de Perón durante 17 años, en el exilio, en momentos muy difíciles. Fue su compañera. No era una estadista, pero eso también vale para otros dirigentes.
-¿Porqué cree que la cuestionan?
-Hay dirigentes que la critican y no miden con la misma vara otros procesos que terminaron en crisis profundas y con muertos en la calle. Entonces, un poco de ecuanimidad. Isabel se fue a España y nunca más intervino en la política argentina. No habló en momentos clave, no dividió. Contribuyó con su silencio a la democracia y a la unidad del peronismo. Siempre actiuó con dignidad.
-¿Cómo recuerda su paso por la detención?
-Primero estuve en el barco, después en Devoto y en Caseros. Más tarde, en 1977, me llevaron a un centro clandestino en Bernal. Estuve nueve meses en condiciones muy duras. Era un lugar de tortura. Fue una etapa muy difícil.
-¿Qué lo marcó de esa experiencia?
-Que los centros clandestinos estaban en zonas urbanas. La gente sabía lo que pasaba. Se escuchaban gritos, se veían movimientos. Eso también forma parte de la tragedia.
-Se habló bastante en las últimas semanas sobre la supuesta intención del gobierno de Javier Milei de indultar a los represores presos, ¿Lo ve posible?
-Creo que este gobierno tiene la intención de hacer algo así, tal vez un indulto "selectivo" o alguna medida para generar provocación y enfrentamiento. El pueblo argentino ya sabe lo que significa el 24 de marzo y no podrán transformar ese concepto, por eso es importante que hoy la manifestación sea numerosa. Mantengamos viva la memoria y la idea de "nunca más".

