La larga estadía que lleva el coronavirus en nuestro país hizo que varias especialidades sean “dejadas de lado”, ya sea por temor o simplemente por la falta de ganas de asistir a un consultorio médico para realizar un estudio o seguimiento de una patología. Una de las franjas etarias que más sufre actualmente esta pandemia son los jóvenes y adolescentes, ya que perdieron momentos de compartir con sus pares, soportaron encierros y varios de ellos descuidaron el tema de la alimentación, situación en la cual suelen frecuentar la bulimia y anorexia, que son frecuentes trastornos en la conducta alimentaria que pueden terminar de la peor manera si no se las trata como corresponde.

Por lo pronto, desde la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) informaron que, si bien no se cuenta con estadísticas concretas para exponer, sí existen diversas encuestas auto administradas en las escuelas que confirmaron una prevalencia de patologías como Bulimia Nerviosa (BN) y/o Anorexia Nerviosa (AN) en casi 1 de cada 3 mujeres jóvenes, de las que presentan algún grado de disconfort previo en su imagen corporal que impacta en sus conductas referidas a la alimentación, situación que enciende las alertas tantos en las escuelas como en los hogares.

Bulimia y anorexia: Palabra de especialista

Para dar testimonio de este tema importante para nuestra juventud, la doctora Alejandra Ariovich (M.N. 105.160, especialista en Salud Integral en Adolescencia y miembro activo de la SAP) relató que “si tomamos el rango que va de los 10 a los 24 años, segmento en el que históricamente se registra una prevalencia en mujeres del 1% para anorexia y del 3% para bulimia, notamos que la situación producida por la pandemia, principalmente la cuarentena con etapas prolongadas de restricciones en la circulación y de aislamiento social, han repercutido en los comportamientos y en el acceso al sistema de salud en estadios iniciales de presentación, sobre todo en aquellos jóvenes más vulnerables”.

Cabe destacar, que los trastornos de la conducta alimentaria se definen como una alteración en la forma de alimentarse que impacta en la salud física y psicosocial de las personas, y dentro de esta definición se incluyen múltiples entidades, donde la Anorexia Nerviosa y Bulimia Nerviosa constituyen las formas más conocidas en la población, presentándose en una relación de 4 o 5 mujeres por cada varón, cifras alarmantes entre la población femenina.

Diferencias entre bulimia y anorexia

Ahora bien, para diferenciar una distorsión de otra, la facultativa sostuvo que “la anorexia se caracteriza clínicamente por el déficit nutricional producido por una restricción en la ingesta de alimentos, con miedo intenso a la ganancia de peso y una alteración manifiesta de la imagen corporal. Mientras que la bulimia se presenta con atracones reiterados asociados a mecanismos compensatorios como purgas o ayunos prolongados, mantenidos en el tiempo, siempre con una alteración en la autopercepción de la imagen corporal. Ambas entidades se producen con una amplia variabilidad clínica que no se ajusta estrictamente a las definiciones establecidas”.

Generalmente un punto importante a tener en cuenta, es que ambas alteraciones suelen estar acompañadas de “situaciones estéticas”, entre otras. Respecto a este trascendental tema, la especialista resaltó que “para que se produzca un trastorno en la alimentación deben confluir múltiples factores. El imaginario social de belleza, junto con alteraciones en los vínculos familiares y una predisposición del aparato psíquico propio de la persona constituyen una tríada esencial para que el cuadro se desarrolle. El antecedente familiar de enfermedades mentales, historia de consumos, los vínculos violentos, pérdidas por fallecimiento o abandono, el crecimiento puberal acelerado o enfermedades mentales previas son algunos de los factores de riesgo conocidos para el desarrollo de estas entidades”.

Algo que suele “prender la alarma” de padres y familiares de alguien que padece esta situación, es que la duración en el tiempo de los trastornos de la conducta alimentaria sin su atención oportuna producirá mayor daño físico, psíquico y social, dificultando el abordaje adecuado y por supuesto, trayendo futuros problemas.

Identificación

Por eso, la identificación precoz de estas patologías requiere la participación de toda la comunidad. En el caso particular de la bulimia nerviosa, los episodios de atracones y purgas suelen ser en la intimidad, por lo que su detección es más dificultosa y a la vez peligrosa. En tanto, la anorexia nerviosa tiene unas características de presentación más evidentes que facilitan una mejor visualización. Entre otros signos que permitan sospechar un potencial cuadro de anorexia, se destacan: no compartir las comidas principales o comer a escondidas, el uso constante de snacks o golosinas, la rigidez en las elecciones alimentarias, la alteración en el tiempo, y la presencia de rasgos particulares a la hora de comer como desmenuzar, masticar por períodos prolongados, escupir o esconder la comida, son todas características comunes en las presentaciones de la AN.

Identificarlas brinda una oportunidad para que los familiares y grupos de pares se acerquen al equipo de salud, habilitando así el inicio de un abordaje terapéutico adecuado para poder recuperar al paciente lo más rápido y menos traumático posible. Con respecto a la bulimia, en ocasiones son los propios amigos quienes lo detectan y muchas veces comparten la preocupación a su familia, por lo que es importante escucharlos y no minimizar las opiniones o comentarios del entorno social del joven, ya que un rápido aviso puede salvar una vida o mejorar la calidad de la misma.

La doctora Ariovich finalizó diciendo que “el equipo de salud interviniente deberá actuar de forma interdisciplinaria, con un trabajo en red entre clínica, salud mental, trabajo social, nutrición, y espacios sociales como la escuela o lugares de recreación”.

Diagnóstico y tratamiento

Los profesionales de la salud pueden diagnosticar un trastorno de la conducta alimentaria basándose en el historial médico, síntomas, pautas de pensamiento, conductas alimentarias y exploración física. El médico registrará el peso y la estatura de la persona, y comparará estas medidas usando una gráfica de crecimiento. Es posible que pida pruebas para saber si puede haber otra causa de problemas relacionados con la alimentación, y evaluar problemas causados por el trastorno de la conducta alimentaria.

En cuanto al tratamiento, el mismo lo lleva adelante un equipo de profesionales, que suele incluir a un médico, un dietista o nutricionista y un terapeuta. El tratamiento engloba el asesoramiento sobre nutrición, los cuidados médicos y la psicoterapia. El médico puede recetar medicamentos para tratar el trastorno por atracón, ansiedad, depresión u otros problemas relacionados con salud mental. Los detalles dependen del tipo concreto de trastorno de la conducta alimentaria que presente la persona y de lo grave que sea. Algunas personas deben ser hospitalizadas debido a su extrema pérdida de peso.

POR G.A.

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