La hipertensión y su incidencia en el desarrollo de daño cognitivo es de 3 en cada 10 personas con este enfermedad. Dicho riesgo se ve aumentado en aquellos subdiagnosticados que ignoran durante años su condición y en los que pese a tener diagnóstico y muchas veces estar bajo tratamiento, aún así no logran tener bajo control su hipertensión.

Sobre este tema se discutió en el reciente foro médico regional "Haciendo visible lo invisible: tomando conciencia de las enfermedades no transmisibles", del que participaron especialistas de la Región Andina y el Cono Sur en forma virtual, organizado por la División Upjohn del laboratorio Pfizer, con el auspicio científico de la Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP), así como de otras importantes asociaciones científicas de Chile y Colombia.

"En general, cuando los clínicos y los cardiólogos atienden a un paciente con hipertensión arterial, evalúan el estado de su corazón a través de una ecografía y/o de un electrocardiograma y revisan el riñón mediante un estudio de laboratorio de función renal, pero no estudian el cerebro, que es algo muy importante", sostuvo el doctor Augusto Vicario, coordinador de la Unidad Corazón-Cerebro del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA).

 

Tener la presión elevada daña el riñón, el corazón y el cerebro, aunque su relación con el daño cognitivo no está lo suficientemente difundida. Las últimas guías internacionales de las Sociedades Europeas de Hipertensión y Cardiología reconocieron la función cognitiva (y su declive) como un daño orgánico mediado por la hipertensión. De hecho, el daño cerebral puede ser el único daño orgánico mediado por hipertensión en más del 30% de los hipertensos y evolucionar sin ser detectado durante varios años si no se examinan adecuadamente o si no tienen su presión arterial bajo control.

Cuando alguien desarrolla hipertensión arterial, las paredes de sus arterias comienzan a perder elasticidad y las características propias de su función se alteran, este daño incluye a los pequeños vasos cerebrales que irrigan la subcorteza del cerebro. La lesión va produciéndose lentamente y lastima vascularmente todo lo que está en la subcorteza cerebral. "Estas lesiones vasculares, comprometen las conexiones entre las neuronas alterando la función cognitiva 10 o 15 años después", detalló el doctor Vicario.

"Para detectar daño cognitivo, no se puede indicar resonancias magnéticas o tomografías de cerebro a todos los pacientes, pero sí puede evaluarse el funcionamiento cognitivo a través de test sencillos en el consultorio, cuyos resultados son un indicador muy preciso", añadió el especialista.

La presión alta causa lesiones vasculares, que comprometen las conexiones entre las neuronas alterando la función cognitiva 10 o 15 años después.

Una vez detectado el deterioro cognitivo, se debe continuar implementando estudios como: resonancia magnética, dosaje de vitamina B12 y hormona tiroidea que permitirán descartar otras causas de deterioro cognitivo distintas de las causas vasculares, así como controlar los factores de riesgo vasculares (hipertensión, diabetes, dislipidemia) y las conductas de riesgo tales como el sedentarismo o el tabaquismo.

"En esta instancia, cobran jerarquía los medicamentos antihipertensivos, los cuales han demostrado retrasar la declinación cognitiva propia del envejecimiento, el comienzo de la demencia e inclusive mejoran muchos el funcionamiento de varios dominios cognitivos", señaló Vicario.

Se estima que más de mil millones de personas en el mundo tienen hipertensión y 50 millones, demencia. En la Argentina, según la Cuarta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, un 34,6% de la población reportaba presión arterial elevada, mientras que se producen cerca de 100 mil muertes por enfermedades cardiovasculares al año en nuestro país y se considera que el 37,3% podría evitarse si la gente tuviese controlada su presión arterial.

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