Espasticidad: ¿De qué se trata esta afección que es más común de lo que parece?
La espasticidad puede afectar tanto a niños como a jóvenes, adultos o ancianos, dependiendo de la causa que la origine, aunque el tratamiento dependerá del cuadro que tenga el paciente.
Existen diversas enfermedades o afecciones poco conocidas por las personas y a veces por la propia medicina, y una de ellas tiene como protagonista a la espasticidad, que es muy frecuente en personas con enfermedades y secuelas neurológicas y, si no es tratada a tiempo, puede impactar notablemente en la calidad de vida de quienes la padecen.
Cabe destacar, que es una secuela común en las personas que han sufrido un accidente cerebrovascular (ACV), parálisis cerebral, lesiones medulares o con enfermedades como esclerosis múltiple u otras patologías asociadas al sistema nervioso central. Lo cierto, es que la espasticidad es un trastorno motor producido por una lesión en el sistema nervioso central que ocasiona muchas limitaciones al paciente.
Se define como un desorden motor caracterizado por un aumento del reflejo tónico de estiramiento que genera un aumento del tono muscular y que afecta la movilidad de quienes lo padecen. Se trata de un trastorno que no tiene cura, es crónico, y tiende a empeorar si no se lo trata correctamente.
Para saber cuál es su frecuencia de aparición, hay que decir que si bien es desconocida por muchos, la espasticidad es más frecuente de lo que se cree. Puede afectar tanto a niños como a jóvenes, adultos o ancianos, dependiendo de la causa que la origine. Es una condición que afecta por igual a hombres y mujeres.
En tanto, el porcentaje de apariciones depende de la condición que la origina, por ejemplo: Esclerosis múltiple: 84%, Encefalopatía crónica no evolutiva (ECNE o PC): 70% a 80%, Lesiones medulares: 60% a 78%, ACV (Accidente cerebrovascular): 20% a 30% y TEC (Traumatismo de cráneo): 13% a 20%. En cuanto al impacto que puede alterar en la calidad de vida de alguien, es que suele ocasionar la pérdida de la capacidad funcional en general. Esto impacta notablemente en la calidad de vida de quienes la padecen, afectando sus rutinas.
El trastorno limita a las personas, que comienzan a padecer dificultades motoras: alteraciones para manipular objetos, lograr alcances, vestirse, caminar, higienizarse, entre otras. Además, la espasticidad puede ocasionar mucho dolor. Otra situación clave que los especialistas en este campo se atreven a confiar es que, más allá de lo físico, esta condición altera también el ritmo del sueño y, en algunos casos, genera síndrome depresivo, situación que empeora el cuadro si no se toman las medidas requeridas.
Un punto importante a saber es que la espasticidad en sí misma no puede prevenirse, pero sí se puede evitar y prevenir la aparición de un ACV o de una lesión medular, por ejemplo. Una vez instaurada la lesión neurológica, lo que se puede hacer es evitar que la espasticidad empeore. Por ello es fundamental el diagnóstico precoz del médico fisiatra y el equipo de rehabilitación.
Finalmente, este diagnóstico permite evitar las complicaciones típicas de esta condición: dolor, deformidades, lesiones de piel, alteraciones en la esfera psicológica e impacto funcional. Por tal motivo, y como siempre se recomienda en estos casos, si existe alguna duda, malestar o síntoma, hay que acudir a un profesional de la salud para tratar el tema.
Espasticidad ¿Cómo se la trata?Es vital entender que esta afección debe tratarse con un equipo multidisciplinario en el que intervengan médicos fisiatras, neurólogos, kinesiólogos, terapistas ocupacionales y fonoaudiólogos. Es clave que el tratamiento implique distintos abordajes y técnicas, con el objetivo de reducir el impacto de la espasticidad en los pacientes.
La misma puede tratarse con fármacos que actúan como relajantes musculares; infiltraciones con toxina botulínica, que actúan solo sobre los músculos afectados; yesos seriados; cirugías ortopédicas o neurocirugías.

