NUTRICIÓN

Lactancia materna: alimentación y conexión entre madre y bebé

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF recomiendan que los niños inicien la lactancia materna en la primera hora del nacimiento y sean amamantados exclusivamente durante los primeros 6 meses de vida.

Uno de los instantes que más conexión existe entre una madre y su bebé tiene que ver con la lactancia materna, ese nexo entre ambos que no sólo se potencia sino que también le brinda innumerables beneficios para la salud de la criatura y de su progenitora.

Lo cierto, es que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF recomiendan que los niños inicien la lactancia materna en la primera hora del nacimiento, y sean amamantados exclusivamente durante los primeros 6 meses de vida, lo cual significa que no proporcionar otros alimentos ni líquidos, ni siquiera agua, y que hasta los 2 años se alimenten con una combinación de la misma con alimentos adecuados y nutritivos para su edad.

Opinión destacada

Para hablar sobre el tema, Crónica dialogó con la licenciada obstétrica Yudith Conde Ocampos (M.N. 8827), quien sostuvo que “la lactancia materna es la forma óptima de alimentar a los recién nacidos, ya que proporciona los nutrientes que necesitan de forma equilibrada, al tiempo que protege frente a la morbilidad y la mortalidad debido a enfermedades infecciosas; fundamentalmente es un acto que logra fortalecer la relación madre-hijo después del parto”.

Esta práctica es tan importante que la mala nutrición durante las primeras etapas del ciclo de vida puede conducir a daños extensos e irreversibles en el crecimiento físico y el desarrollo del cerebro.

 

En cambio, la buena nutrición tiene un efecto positivo y es la forma óptima de alimentar a los bebés, ofreciéndoles los nutrientes que necesitan en el equilibrio adecuado, así como ofreciendo protección contra las enfermedades.

Respecto a las enfermedades que pueden evitar una correcta lactancia, las mismas pueden ser que reduce el riesgo de sobrepeso y obesidad en un 13%, lo que contribuye a combatir las enfermedades no transmisibles causadas por la obesidad, también disminuye el riesgo de diabetes tipo 2 en 35%. Además, amamantar por seis meses o más se asocia con una reducción del 19% en el riesgo de leucemia en la niñez, comparado con un período más corto o con no amamantar.

Riesgos a saber

Cabe destacar, que los bebés que son amamantados tienen un 60% menos de riesgo de morir por síndrome de muerte súbita infantil, comparados con los que no son amamantados. El efecto es aún mayor para infantes que reciben lactancia materna exclusiva. En tanto, los adultos que fueron amamantados cuando niños tienen 3,4 puntos más en los indicadores de desarrollo cognitivo, un aumento en el desarrollo cognitivo resulta en más años de escolaridad.

En cuanto a las mujeres que amamantan, estas tienen un 32% menos de riesgo de tener diabetes tipo 2, un 26% menos de riesgo de tener cáncer de mama y un 37% menos riesgo de tener cáncer de ovarios, en comparación con aquellas mujeres que no amamantan o que amamantan menos.

 

Y a nivel emocional, el apego entre madre e hijo aumenta cuando las madres interactúan con sus hijos mientras amamantan. Los períodos más prolongados de lactancia materna se asocian con respuestas más sensibles de las madres y la seguridad que se genera con el apego.

Ahora bien, una duda siempre sobrevuela por el aire y tiene que ver con qué ocurre cuando una mujer no puede amamantar a su hijo, situación que la profesional de la salud relató que “en estos casos los bebés amamantados necesitan alimentarse más a menudo que los alimentados con leche de fórmula porque la leche materna se digiere más deprisa. Esto significa que el bebé puede necesitar mamar cada dos o tres horas (tal vez más, tal vez menos) durante las primeras semanas de vida”.

 

“Las mujeres que dan el pecho deben tener cuidado con lo que comen y con lo que beben, ya que se lo pueden transmitir a sus bebés a través de la leche materna. Al igual que durante el embarazo, las madres que amamantan a sus hijos no deben comer pescado rico en mercurio y limitar el consumo de pescado que contenga concentraciones menores de mercurio”, agregó.

Atención con el alcohol

En tanto, si una madre bebe alcohol, una cantidad reducida de esta sustancia llegará al bebé a través de la leche materna. Después de tomar cualquier bebida alcohólica, deberá esperar por lo menos dos horas antes de amamantar al bebé. El consumo de cafeína se debe limitar a no más de 300 miligramos (entre una y tres tazas de café) o menos al día porque esta sustancia puede provocar problemas, como inquietud e irritabilidad, en algunos bebés.

Otro punto clave es si la madre tiene afecciones como el HIV, recibir quimioterapia o tomar ciertos medicamentos hacen que la lactancia materna no sea segura para el bebé. Si una mujer no está segura de si debería amamantar a su bebé porque padece determinado trastorno, debería preguntárselo a su médico o a un asesor de lactancia.

 

Las mujeres deben preguntar a sus médicos sobre la seguridad de tomar cualquier medicamento durante la lactancia materna, incluyendo los de venta sin receta médica, como los preparados que contengan plantas medicinales.

Aquellas que se sometieron a cirugía mamaria, como una reducción de senos, pueden tener dificultades para producir leche si la intervención ha dañado los conductos mamarios. En estas situaciones, la mujer debe exponer sus preocupaciones a su médico y trabajar con un especialista en lactancia.

Lactancia materna: beneficios del bebé

En concreto los beneficios para el bebé que obtiene la lactancia son los siguientes: protege al recién nacido contra las infecciones y reduce la mortalidad neonatal, proporciona los nutrientes necesarios en calidad y cantidad, para un crecimiento y desarrollo adecuado, es de fácil digestión y absorción, contiene un aminoácido (L-triptófano) que favorece el sueño, además la succión del pecho es relajante y ayuda a dormir, fomenta el desarrollo sensorial y cognitivo, protege de las enfermedades infecciosas y crónicas, frecuentes en la infancia, como la diarrea o la neumonía, y ayuda a una recuperación más rápida, dado el caso, adolescentes y adultos que fueron amamantados de niños tienen menos tendencia a sufrir sobrepeso u obesidad y amamantar, además de ser alimento, también es refugio, protección, calor y alivio del dolor.

En tanto, para la madre son los siguientes: establece y fortalece el vínculo afectivo madre û hijo, una experiencia única, siempre está lista y a la temperatura ideal, protege la salud, pues reduce el riesgo de cáncer de ovario y mama, la diabetes de tipo 2 y la depresión postparto, ayuda a espaciar los embarazos y rápida pérdida del peso ganado durante la gestación y menos probable sufrir anemia después del parto.

Comparación con leche de fórmula

Existen diversas comparaciones desde hace largo tiempo entre la nutrición a base de leche materna y la de sachet o polvo, aunque según los términos de los especialistas, las mismas están marcadas en favor de la primera.

Uno de esos puntos a tener en cuenta es que ninguno de los anticuerpos que contiene la leche materna se encuentra en la leche artificial, y, por lo tanto, este tipo de lactancia no proporciona al bebé la protección añadida contra las infecciones y otras enfermedades que proporciona la leche materna. Además, las leches artificiales están lejos de reproducir la complejidad de la leche materna, que va cambiando a la par de las necesidades nutricionales que presenta el bebé.

 

A diferencia de la leche materna, que siempre está disponible, fresca, no se acaba y se encuentra a la temperatura adecuada, para una madre, alimentar a su bebé con leche de fórmula supone una organización y planificación para asegurarse de que tiene lo que necesita y cuándo lo necesita. Otro ítem interesante es que los bebés alimentados con leche de fórmula son más proclives a tener gases y a hacer deposiciones más duras que los bebés alimentados con leche materna.

Tampoco debemos olvidar o dejar de lado lo que significa el impacto emocional, físico y hormonal de una mujer gestante que se preparó para recibir a su hijo y darle de amamantar, y que no lo consigue. Es arriesgado para esa madre dar leches artificiales y no su producto lácteo, solo a costo/beneficio de las empresas productoras de las leches artificiales.

Forma de amamantar

La forma correcta para dar el pecho a un bebé es: 1) no debe sentir dolor, 2) la madre debe estar cómoda y puede usar almohadas para apoyar espalda, brazos o al bebé. Sujetar al bebé cerca de ella, con el pezón a la altura de su nariz. Pasar el pezón con delicadeza por su labio superior para animarle a abrir bien la boca y ofrecer una gota del líquido para que lo saboree, 3) asegurarse de que la cabeza, cuello y columna del bebé estén alineados. Su mentón debe mirar hacia arriba, y no caído hacia el pecho.

4) mantener al bebé cerca de la madre, con el mentón en contacto con su pecho. La nariz puede girar hacia arriba para poder respirar mientras está enganchado al pecho, 5) cuando el bebé se alimenta, el pezón estará colocado contra su paladar y agarrado por debajo con su lengua. El agarre debe ser cómodo y al principio realizará succiones cortas y rápidas para estimular el flujo de leche y 6) si el agarre del bebé es flojo o empieza a morder el pezón o pasar la lengua por su extremo, retirarlo y volver a intentar.

POR G.A.

 

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