Desde el comienzo de la pandemia, los adultos mayores son el foco de todas las preocupaciones y cuidados, principalmente por su avanzada edad, aspecto que potencia el riesgo de contagio e incluso de vida.

Por lo tanto, el aislamiento, al extremo, constituyó, y continua siendo, la manera de resguardarlos de la enfermedad. Sin embargo, esa solución inicial fue contraproducente, puesto que los especialistas y los propios abuelos reconocen que el envejecimiento se profundizó con la llegada del Covid.

“La pandemia arrojó a los abuelos a un pozo que les resulta, todavía, muy difícil salir”, señaló la Licenciada en Psicología, Laura Caballaro. Un factor clave radica en la pérdida de control de su propia vida, producto del imperativo de permanecer dentro de su casa, para no exponerse a posibles contagios.

Al respecto, Caballaro argumentó que “el hecho de no poder salir les quitó la posibilidad de hacer sus actividades diarias y el poder sentirse útiles para los demás. Entonces desde las 6 a las 20, que es el horario en el que están despiertos, lo único que hacen es pensar y pensar, y principalmente respecto a aspectos negativos. Entonces caen en la depresión, en la tristeza.

"El encierro agravó los trastornos de cognición, cómo la pérdida de memoria”, precisó Silvina Guala, especialista en geriatría.

Por su parte, Silvina Guala, medica clínica y especialista en geriatría, añadió que “muchos han perdido la movilidad, y la posibilidad de ocuparse de si mismos, concurriendo a diferentes terapias para mejorar su calidad de vida. El encierro agravó los trastornos de cognición, cómo la pérdida de memoria”. Por estas razones, la geriatra considero que si bien “todos en un año hemos envejecido tres años, el impacto en el adulto mayor es más resonante”.

La ausencia de contacto con sus vínculos más estrechos, o de espacios para reforzar lazos sociales acentuó el decaimiento psicológico, y del estado de salud en general, de quienes conforman un sector de riesgo sanitario por su longevidad.

El deterioro en primera persona

Un testimonio esclarecedor de este aspecto lo brindó Adela, quien reconoció que “los 18 meses que perdimos, la juventud los recuperará pero nosotros ya perdimos ese tiempo, y eso nos lleva a pensar muchas cosas aunque debo estar fuerte por mí, y por mis hijos y mis nietos”.

Un marcado retroceso anímico que la abuela, que reside en el Hogar de Ancianos “Casablanca”, le adjudicó “al encierro, el cual nos perjudicó mucho porque si bien gracias a Dios la familia empezó a entrar a vernos, no es lo mismo porque no los podemos tocar, abrazar. Además que uno tiene miedo que mis hijos y mis nietos se contagien viniendo de acá, y sería peor porque cargaría con ese peso”.

En este sentido, la doctora Guala remarcó que “las demostraciones de cariño son muy necesarias para ellos y hoy no pueden recibir ni siquiera un abrazo”.

Justamente el miedo es uno de los principales enemigos para la integridad psíquica de los adultos mayores. Pero, a su vez, la Licenciada Caballaro recomendó “no estar esperanzado, porque la esperanza mata, sino que hay que accionar, cuidándose. Se debe empezar a salir pero tomando los recaudos necesarios. Para eso también es clave tener una guía, terapéutica o a través de la misma familia, meditando, o por iniciativa propia, y eso derriba los miedos, que es un gran enemigo, y así volver a tomar el control de su propia vida.

Por su parte, Silvina anunció que el objetivo a lograr con nuestros abuelos consiste en “tratar de hacerles entender que es la situación que tenemos hoy, que no tengan miedo, y estimularlos lo más que se pueda, por ejemplo impulsarlos a caminar. Hay que duplicar el tiempo y la dedicación. Pero es la única manera que tenemos de ayudarlos, sino van a terminar en un geriátrico”.

En tanto, Adela tiene su propia fórmula, la cual se centra en “estar preparados para muchas cosas, cómo incluso la muerte, pero no de uno mismo sino de quienes se siguen yendo por está enfermedad y merecen respeto ellos, y al Covid también”.

Un aspecto, que los especialistas y los mismos adultos mayores perciben como un avance, es asumir que la pandemia llegó para quedarse. No obstante, el desafío radica en cómo recuperar esa funcionalidad que ellos tenían previamente al Covid, pero ahora conviviendo con él y con los cuidados que aquel demanda.

Por M. R.

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