Cuando la marea se revuelve, llega el tsunami: un 8M histórico
En el marco del Día Internacional de la Mujer, mujeres autoconvocadas, agrupadas y de organizaciones sociales asistieron a la movilización masiva que se realizó frente al Congreso este 8 de marzo en reclamo de sus derechos. Soberanía alimentaria, brecha salarial y reconocimiento de las tareas de cuidado fueron los ítems que más resonaron.
Este viernes 8 de marzo, miles de mujeres se congregaron frente al Congreso en conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Otro año más en el que se presenció el retrato vivo del feminismo, el que confirmó que el movimiento no murió, que está de pie reconfigurándose y resignificando sus propias categorías y bases.
Esta vez, la movilización avanzó bajo las consigna, "desendeudadas nos queremos", con el objetivo de batallar contra el hambre, el ajuste y la destrucción del salario, los que se agudizaron durante estos últimos tres meses.
En este sentido, la disputa por la brecha salarial sigue pendiente y fue uno de los principales planteos esta jornada, dado que en la actualidad, existe una brecha del 26,9% en la media de ingreso individual con relación al sexo masculino, de acuerdo a los datos que recogió el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) respecto al tercer trimestre del 2023.
Alrededor de las 16 horas, mujeres del Conurbano bonaerense, de la Ciudad de Buenos Aires, así como de otros puntos del país y de múltiples sectores llegaron agrupadas entre cánticos y bailes y rodearon la plaza del órgano legislativo.
El murmullo generalizado creció al punto de convertirse en un concierto de voces, que una vez más, gritaban por sus derechos, aquellos adquiridos un siglo atrás e incluso los más recientes.
Mientras sus compañeras levantaban la bandera sindical, la Secretaria General de Suteba Quilmes, Fabiana Perez Valdéz se aferró a la fuerza del movimiento. "Estamos convencidas de que va a volver la masividad", sostuvo.
"Tenemos que ganar nuevamente el sentido común, fueron muchos años de lucha. Entendemos que todavía sigue habiendo mucha desproporción en los puestos de trabajo", explicó con entusiasmo, y en este sentido, apeló al surgimiento de "un nuevo movimiento feminista que vuelva a reivindicar los principios básicos: el cuidado hacia la mujer, las niñeces y las jóvenes".
A pocos metros del frente de Suteba, bajo la carpa de su organización estaba Rosalía Pellegrini, refererenta de Mujeres por la Tierra. Un puñado de colegas insistió en la importancia de sus palabras. La ilusión por un feminismo recargado a partir de esta marcha fue idéntica a la de Fabiana.
"Donamos más de 3 mil kilos de verdura de nuestra producción, estamos desde las cuatro de la tarde", introdujo la militante. Es que hacía media hora atrás, previo al comienzo de la movilización se anticipó que habría un verdurazo impulsado por el conjunto de trabajadoras de la tierra que además son promotoras rurales de género.
"Hoy está en riesgo el plato de comida. Toda la protección que teníamos por parte del estado ya no está. Nos están persiguiendo a las organizaciones sociales y están hambreando al pueblo", aseguró con preocupación pero sin tener miedo a lo que venga. Al final, restauró la figura de la mujer bajo su rol histórico: "No hay duda que nosotras somos las que garantizamos las tareas de trabajo, producción y cuidado para que este sistema no colapse", dijo con total seguridad.
Las columnas comenzaban a avanzar y a reunir cada vez más personas. El himno callejero feminista volvió a escucharse: "Ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven, abajo el patriarcado se va a caer...". La última frase, "arriba el feminismo que va a vencer", generó tal euforia que se apoderó de las jóvenes. Una vez más la emoción irrumpió en su cuerpo y se desplegó a lo largo de las dos plazas del Congreso.
Faltaban pocos minutos para las 19, horario en el que estaba prevista la lectura del documento oficial para este 8 de marzo. Podía leerlo cualquier referenta, cualquier intelectual, cualquier dirigente: las mujeres, travestis, transgénero, así como la totalidad de las presentes este día prestarían especial atención a aquello que las vuelva a convocar, así como pasó en el 2015 con la emergencia del Ni Una Menos y con las múltiples batallas que dieron después.
Mientras las nubes comenzaban su propia aglomeración que después terminaría con una lluvia leve que no frenó hasta el final de la jornada, las chicas de la Secretaría de Género del Club Atlético Chacarita Junior se sacaban fotos y recorrían la vereda. El humo de las parrillas obstaculizó el contacto pero también efectivizó que se trataba de una marcha: la comunión, la lucha, la insignia, la pertenencia y la participación, todo eso que sigue ahí, frente al Congreso.
María Laura es fotógrafa y asistió con sus compañeras del club futbolístico. No vaciló al afirmar que "cada vez que las mujeres salimos a la calle es un momento histórico", más allá de la presencia permanente o aquellas que tuvieron un paso más fugaz por el movimiento.
"Hoy conmemoramos la lucha histórica de las mujeres trabajadoras", subrayó. Pero además, enfatizó en lo más relevante de esta edición: el reconocimiento a "las tareas de cuidado" que diaria y tradicionalmente ejercen las mujeres.
En cuanto a la coyuntura actual, utilizó este medio para dirigirse al Gobierno, y de alguna manera, para que se legitime ese reconocimiento. "Estamos demostrándole a todo el arco político y patriarcal que las mujeres existimos, estamos y que siempre reclamamos por nuestro derechos", afianzó ante la mirada orgullosa de sus acompañantes.
Se largó a llover. Las gotas caían con intervalo pero densas como puñal sobre los hombros. Llegó a empañar varios anteojos feministas. Los carteles que las presentes llevaban en su cuello o en sus manos exigían justicia por las compañeras que ya no están.
Una mujer asesinada cada 27 horas durante los primeros dos meses del año se traduce en la insistencia de un reclamo y en la persistencia de un acto de violencia patriarcal que retumba en la expresión masiva: "dejen de matarnos".
Los bombos que en un principio sonaban enfurecidos se hicieron más ligeros. Se sentía en el aire la ilusión, al mismo tiempo en que rondaba la inquietud general ante un panorama hiper complejo pero sin perder esa fuerza típica que sobrevuela la marea, como se autopercibió el movimiento tiempo atrás.
Finalmente dieron las 19 horas. Una Taty Almeida más aguerrida que nunca apareció entre los fotógrafos del escenario que intentaban congelar su imagen. Su discurso fue impecable: como siempre, del lado de los trabajadores y las trabajadoras, de los jubilados y las jubiladas, de la juventud y de la lucha. Sobretodo, de la ternura.
Apeló una vez más a los derechos ganados y a la reivindicación de la memoria, esa que no dejó ni dejará morir a compañeros del pasado. "30.000 presentes, ahora y siempre", resonó sobre la multitud que entre abrazos logró contener varias lágrimas.
La jornada finalizó con la lectura del documento oficial por parte de la locutora Liliana Daunes. Entre el despliegue temático, destacó el repudio hacia los cientos de despidos de trabajadores estatales en las diversas áreas, así como al total de los ítems del DNU del Gobierno.
Cupo laboral, brecha salarial y soberanía alimentaria son los ítems de esta época en la que parece que todo puede estallar si no se camina con cuidado, como se le exigió a las mujeres desde el inicio de los tiempos.
Las nubes se apartaron. Apenas iluminó el sol cuando Liliana coronó la jornada: "Ni un paso atrás, no tenemos miedo. Fuimos marea. ¡Seremos tsunami!". Otra vez el retrato vivo de la corriente que no dejó de dar pelea y que se emociona hasta las lágrimas en el abrazo de sus compañeras. En la plaza, una vez más, igual que las madres y las abuelas.
Fotos: Pablo Villan/Crónica.
Por A.T.G.

