El entrañable “Capilla”, el boxeador y recolector de residuos de la exitosa tira Campeones de la vida (1999) murió a los 26 años. Con apenas 6 años de carrera artística, Héctor Anglada era una de las revelaciones del cine y la televisión argentina.

Como esta historia, el episodio estreno de este sábado a las 21:30 de Las nuevas tragedias de los famosos por la pantalla de Crónica HD repasará las conmovedoras trayectorias de las celebridades que marcaron a nuestro país.

Héctor Anglada fue una de las grandes revelaciones de fines de los 90. Tras su muerte, sus restos fueron sepultados en el cementerio de la Chacarita en el Panteón de Actores.

En ese corto tiempo, Anglada ya se perfilaba como un gran actor. Brilló por primera vez en Pizza, birra, faso (1998) como “Córdoba”, ese marginal ladrón de taxis que a punto de ser papá terminaba pillado por la policía, le abrió un mundo insospechado.

El realismo de su papel en la ponderada película de Bruno Stagnaro y Adrián Caetano lo sacó de la pobreza y lo llevó directamente a la entrega del Cóndor de Plata, en donde recibió el premio “Revelación Masculina”.

En 1998, cumplió su sueño de trabajar en televisión. Debutó con Carlos Calvo como barra brava en R.R.D.T (1997), luego participó en Gasoleros (1998), y finalmente, se lució en el rol de “Capilla”, el amigo del personaje de Mariano Martínez en Campeones de la vida.

Antes de eso, “el Córdoba”, como también le decían también en la vida real, transitaba entre la marginalidad y las changas. Un pibe humilde que vivía con su abuela, a la que llamaba “mamá”, y sus tres hermanos en Villa Carlos Paz. Anglada fue diarero, heladero, peón de albañil, bombero voluntario, lavacopas y cafetero.

En 1992 cuando trabajaba en la sección de mantenimiento de un hotel de la villa cordobesa, conoció al director Adrián Caetano, quien lo invitó a grabar el corto “Visite Carlos Paz”. En la familia de Anglada no había ningún antedecente actoral, pero él dijo que sí, y allí empezó todo.

En septiembre de 2001 se despidió de la televisión con “Ruben”, el albañil amigo de Celeste Cid, la contrafigura de Manuel Ortega en Enamorarte, ya que lo esperaban otros protagónicos en el cine.

A las 5 y media de la mañana, el sábado 2 de marzo del 2002, Héctor Anglada murió en la calle. El actor iba en su moto con Juan Manuel Mendive de 19 años, también actor, cuando en la rotonda de Los Pinos, en el cruce de las avenidas Hipólito Irigoyen y Monteverde, en Burzaco, un colectivo de la línea 318 los pasó por encima.

El colectivero Ramón Salazar, que se escapó sin ayudarlos y estuvo un año prófugo, fue condenado el 20 de diciembre de 2004 por el Tribunal Oral en lo Criminal n°5 de Lomas de Zamora a 3 años de prisión. Al conocerse la sentencia que lo dejó en libertad, porque el delito de doble homicidio culposo es excarcelable, se produjeron incidentes.

Héctor Anglada tenía un futuro prometedor en el mundo del séptimo arte y de las ficciones noveladas, además de haberse convertido en uno de los modelos inspiradores para tantos jóvenes que, como él, ansiaban pegarla en algún proyecto para salir de la pobreza junto a su familia definitivamente. Su sueño, según sus propias palabras, era llegar a ser "un buen actor", y así fue.

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