Más unidas que nunca: entre abrazos, cantos y carteles, las mujeres salieron a luchar en el 8M
Como todos los años, las mujeres volvieron a manifestarse en el Día Internacional de la Mujer. En este 8 de marzo, miles marcharon y pidieron por sus derechos.
“Ese día, como todos los días, me había llamado llorando. Tenía miedo, como siempre. Entre el llanto y los gritos de su pareja que se escuchaban de fondo, no se le entendía bien lo que decía, pero tenía miedo”, recuerda Marina García, hermana de Soledad, una joven de 25 años, que fue asesinada por su pareja hace 3 años.
La chica había estado saliendo 5 meses con un hombre diez años más grande que ella, hasta que él la invitó a vivir a su casa. "A un infierno, en el cual estuvo casi cuatro años", contó ahora a cronica.com.ar.
“Primero empezó a controlar cómo iba vestida, le prohibía ponerse polleras, short o remeras muy escotadas. Después empezó a elegir con quién se juntaba y con quién no. Ella estaba bajo su manipulación al cien por ciento”, detalló.
En ese entonces, Soledad trataba de dibujar el calvario que estaba viviendo y cuando sus familiares le preguntaban al respecto, ella cambiaba de tema o decía: “Todo está bien”, “Son unas pequeñas peleas”, “Lo hace para cuidarme”, “Es muy celoso, pero nada más”, “Quiere proteger a la familia”. “Nosotros no tuvimos las herramientas para poder sacarla de esa situación, pero yo creo que hoy, gracias a todas las mujeres que luchan día a día por nuestros derechos y que visibilizan nuestra situación, la historia sería otra”, aseguró Marina, quien da su testimonio mientras sus manos se entrelazan con las de dos niñas, su hija y la hija de Soledad.
“Todos los 8 de marzo vengo a marchar. Por Soledad y las otras millones de Soledad que existen en el mundo”, sostuvo con los ojos vidriosos.
Eran las 4 de la tarde. Miles de voces se empezaban a escuchar en toda la Avenida de julio y Avenida de mayo, donde mujeres de la Ciudad de Buenos Aires, el conurbano y otros puntos se encontraron para marchar en el marco del Día Internacional de la Mujer.
(Jonatan Moreno/Crónica)
¿El objetivo? Recordarle al mundo la lucha por la igualdad, el reconocimiento de la diversidad y el ejercicio efectivo de sus derechos.
Hubo tres áreas principales de concentración de las marchas: Plaza de Mayo, el Obelisco y el Congreso de la Nación. Igual que en años anteriores, fueron muchas, muchísimas, las mujeres que marcharon.
Las calles se sentían distintas hoy. En realidad no todas las calles, sino aquellas que habían sido copadas por miles de mujeres. El rango de edad de los presentes era amplio: había desde nenes chiquitos, hasta adolescentes, jóvenes, adultas y señoras mayores.
El paisaje que se podía ver si uno se alejaba era algo emocionante; mujeres vestidas de negro, de violeta, con pañuelos verdes y carteles con frases feministas: increpando al patriarcado, a la violencia, la discriminación, denunciando la indiferencia social y pidiendo por cada una de las mujeres que se fueron y no se lo merecían.
(Jonatan Moreno/Crónica)
“Vamos a luchar porque se lo debemos a todas las pibas que nunca volvieron”, “Estás preciosa cuando luchas por tus derechos”, “Estar viva no debería ser un logro”, “Mamá, tranquila, hoy no voy sola por la calle”, “Quiero vivir bien porque me lo merezco”, “Sororidad, vinimos en familia”, “Ni estoy histérica, ni estoy menstruando, grito porque nos están asesinando”, rezaban algunos carteles.
(Jonatan Moreno/Crónica)
Hay algo que unía a todas estas mujeres que se encontraron hoy para marchar y eran las ganas de gritar, cantar, y descargar todo lo que llevaban dentro desde hace generaciones.
(Jonatan Moreno/Crónica)
Tres amigas de aproximadamente 24 años caminaban de la mano mientras sostenían carteles que pedían “Justicia por Ella”:
—¿Quién es ella?
—Ella es yo que trabajo las mismas horas que mi compañero, tengo las mismas responsabilidades y mi sueldo es más bajo—contestó Juliana Iriarte, indignada.
—Ella es yo que estoy en plena transición para poder vivir en el género con el cual me identifico desde chica y mis viejos me echaron de casa—lamentó Abril.
—Ella es yo que a los 20 años casi me muero por un aborto clandestino en la casa de una vecina del barrio—respondió Ludmila Méndez con la voz quebrada por la angustia.
“No podemos cargar con todo, vayan a comprar, ayuden a los pibes con la tarea. No queremos hacerlo más solas. Tenemos derecho a descansar”, gritaba una mujer de aproximadamente 50 años con un megáfono. Mientras un grupo de mujeres de la misma edad aplaudía.
(Jonatan Moreno/Crónica)
“Nos tienen miedo porque no tenemos miedo. Nos tienen miedo porque no tenemos miedo. Nos tiene miedo porque no tenemos miedo”, gritaban a coro mientras marchaban al Congreso.
“Olé, olé, olé, ola, olé, olé, olé, ola. Si los varones quieren parar, mejor que paren que nos paren de matar”, cantaba otro clan.
Victoria tiene 17 años y hoy tuvo su primera marcha. La emoción era descomunal. “Vinimos con mis amigas para apoyar la lucha de las mujeres”, decía con una sonrisa de oreja a oreja.
(Jonatan Moreno/Crónica)
“La idea es integrarnos un poco al movimiento, más que nada a algunas de las chicas del grupo que están viviendo su primer 8M”, comentó Guillermina, de la misma edad que Victoria. “La lucha necesita más gente y más edades para conseguir los derechos que necesitamos”, explicaba.
Una nena de 1 año estaba arriba de los brazos de su mamá. Ella no habla todavía, pero en una mano sostenía un pañuelo violeta que decía “Ni una menos” y la espalda de su remera afirmaba: “no somos princesas, somos guerreras”.
Marlene, de 45 años, estaba acompañada de sus compañeras. “Queremos que nos reconozcan los derechos que nos hacen falta”, exigía y pedía “Paz, amor y felicidad para todas”. “Deseo que sigamos todas unidas, que no seamos matadas, golpeadas o desaparecidas”.
Solange Grimoldi tiene 16 años y estaba vestida con uniforme de colegio. En su mano sostiene un cartón de madera: “De camino a casa quiero ser libre, no valiente”.
“No quiero tener que salir acompañada de mis compañeros hombres para no tener miedo de que me secuestren o me hagan algo. Quiero que podamos caminar solas por la calle”, exclamaba la chica que cursa el quinto año de secundaria.
Filippa tiene nueve años y fue acompañada de su mamá y su tía. “Vinimos a luchar para que yo pueda crecer sana y salva. Para que mi mamá pueda volver del trabajo sin miedo”, dijo, sin titubear, la nena que ya entendió todo.
Eran pasadas las 7 de la tarde cuando la mayoría de los movimientos llegaban hacia el destino: Congreso. Mientras el feminismo avanzaba, las calles que rodean los puntos de encuentro seguían su ritmo al igual que todos los días. Sin embargo, en este lado de la capital el clima era otro y en esta lucha, miles de voces habían sido levantadas y no calladas.
(Jonatan Moreno/Crónica)
Las personas que pasaban vestidas de traje, apuradas para hacer algún trámite, saliendo del trabajo, regresando a sus casas, pudieron escuchar el grito y los cantos de estas mujeres. Pudieron ver también los bailes descontrolados al ritmo de los tambores y los platillos con los cuales manifestaron sus ganas de seguir luchando. De seguir luchando porque ese dolor se transformó en lucha.

