La Casa del Teatro brinda desde su creación en el año 1938 un lugar para vivir a artistas y personas del espectáculo jubiladas con necesidades económicas, que se encuentran solas o sin vivienda, que funciona en un edificio ubicado sobre Avenida Santa Fe 1243, en el barrio porteño de Retiro. 

Fundada por la soprano ligera Regina Pacini (esposa del ex presidente de la Nación Marcelo Torcuato de Alvear), en la actualidad cuenta con 30 personas que viven de forma permanente en el lugar, entre quienes se encuentran actores, cantantes y locutores. 

Con el requisito de tener más de 65 años y una carrera dedicada a la profesión que deben certificar, estos adultos mayores habitan tres de los doce pisos que tiene el edificio, comen y duermen allí. 

Crónica dialogó con la presidenta de la Casa del Teatro, Linda Peretz, y con dos de sus habitantes, quienes contaron sus vivencias allí, cómo vienen atravesando la pandemia, las dificultades por las que han pasado y cómo han logrado encontrar en este lugar una oportunidad de empezar de nuevo. 

Historias por doquier

"Cada uno tiene su historia, son todos artistas. Cada uno con sus recuerdos. Con la pandemia hemos podido sobrellevarlo bien, porque no hemos tenido casos de coronavirus que es lo más importante, aunque tuvimos que dejar de hacer por el momento las `tertulias´, que son obras en donde actúan quienes viven aquí", cuenta Peretz. 

Los habitantes del lugar tienen todos sus propias habitaciones y comparten espacios como el comedor y el salón multiusos, en tanto que cuentan con el Teatro Regina, donde realizan las `tertulias´, que Peretz se esperanza con pronto volver a poder hacer. 

Pasión por la actuación 

Aimará Bianquet (69 años) es una actriz de más de 50 años de profesión que habita La Casa del Teatro desde hace una década y considera este lugar como el sitio que la "salvó" de un momento muy difícil en su vida, como fue la muerte de su madre. 

Hija de padres actores, Aimará considera que por esa razón es actriz desde "antes de nacer", aunque en realidad su acercamiento a la actuación se dio a los 13 años, cuando tuvo que reemplazar en una obra donde trabajaba uno de sus padres a una actriz que se bajó de la misma. 

Los huéspedes del lugar, felices de estar ahí.

"Yo en un principio quería ser bailarina y estudié ballet. Pero cuando empecé a actuar tuve que elegir entre alguna de las dos actividades y me quedé con la actuación. Comencé a trabajar y durante muchos años no paré más", resaltó la actriz. 

Con un currículum extenso en televisión y teatro, que incluye haber trabajado durante mucho tiempo con el famoso productor de TV Alberto Migré, realizó para la pantalla varias ficciones, como "Rosa, de lejos". 

Así también, realizó obras para chicos que eran transmitidas por la televisión pública (ATC), como "El Tesoro de Peter Pan" y "Cenicienta", las cuales destaca como dos de las cosas que más disfrutó hacer

"Me gustó hacer obras de todos los géneros. No hay algo en especial que me haya gustado más. Yo pienso que elegí ser actriz después de ver una película llamada `Amor sin barreras´, en donde dije `esto es lo que quiero hacer´, y después fue algo progresivo. Estudié teatro y fui perfeccionándome", confiesa. 

Zulema Durán vive allí hace 8 años.

Pasaron tres años desde su última actuación y Aimará enfatiza que, si bien no descarta volver a actuar en un futuro, hoy disfruta de dos actividades que la han tenido en constante actividad en la cuarentena, que son la pintura y la escritura

"Soy artista plástica y me gusta pintar animales, así como también flores. Dedico horas de mi tiempo a eso y he podido exponer mis pinturas en España y Estados Unidos. También escribí un e-book llamado ` Casa Maldita´, que publiqué en estos meses", explicó. 

En relación a sus días en La Casa del Teatro, Aimará definió a la gente que vive allí como "una familia numerosa", en donde la convivencia se hace sencilla porque "hay independencia", que les permite compartir momentos, pero también tener intimidad. 

"Cuando mi mamá se enfermó, yo tuve que dejar de trabajar y no tenía más familia. Una persona que trabaja en el lugar vino a explicar mi situación e hicieron una excepción para que pueda entrar antes de los 65. Realmente me salvaron la vida", expresó con gratitud Aimará, quien se encuentra más activa que nunca y con proyectos a la vista

Amor por el canto 

"Yo era cantante, pero acá sigo despuntando el vicio", señala Zulema Durán (80 años), otra de las habitantes de La Casa del Teatro, quien se encuentra viviendo en este sitio desde hace 8 años, luego de encontrarse en una grave situación económica que no le permitió conservar su casa. 

Nacida en Rafaela, su primer acercamiento al canto fue a través de su padre, quien cantaba tango, género que comenzó a cantar cuando se vino a vivir a la ciudad de Buenos Aires

"Con el tango recorrí México, el Caribe y distintos lugares, pero nunca pude grabar discos porque en esa época había mucha discriminación hacia las mujeres y se decía que nosotras `no vendíamos", apunta Zulema. 

En torno a la vida que lleva en la actualidad, Zulema indica que su principal dificultad pasa en que tiene "problemas en las piernas", pero disfruta al máximo sus días en La Casa, en donde dice que tiene un grupo de pertenencia, conformado por músicos, con los cuales hablan de todo. 

"Somos muy unidos. Todos tenemos buena convivencia y tenemos grupitos de pertenencia, que tiene que ver con nuestros orígenes. En mi caso, vamos a tomar algo con tres personas más siempre a un café que está en frente de La Casa del Teatro y nos divertimos mucho juntos", indica. 

En ese sentido, Zulema hace hincapié en que el lugar en el que viven "no es un geriátrico, sino una residencia, donde cada uno hace su actividad con total libertad". 

"Yo fui hija única, estoy solita y encontré acá un lugar para quedarme y poder continuar con mi vida. Soy agradecida", remarcó la cantante de tango. 

La Boutique

La Casa del Teatro es un espacio gratuito para los residentes del lugar, por lo que depende de los subsidios que le brinda el Gobierno de la Nación y la Ciudad para poder sustentarse, así como de donaciones de artistas. 

Tanto el alquiler de los locales como la boutique permiten la subsistencia de la Casa del Teatro, que en este último caso es una feria de venta de ropa donada con lo cual se generan recursos para la institución. 

"La Boutique es un recurso para autosustentarnos, a muy bajos precios para la gente. Enfrentamos deudas por impuestos y es un gran sacrificio poder cumplir con todos, con lo cual es necesario generar recursos para nuestros residentes", destaca Peretz. 

En el ranking de la ropa que más se vende figuran los trajes donados por Mirtha Legrand y también se pueden encontrar desde vestidos de Florencia de la V hasta zapatos de Ingrid Grudke o sombreros de Nacha Guevara, entre las prendas que son exhibidas en este lugar. 

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