San Roque, el barrio del olvido
Más de 2.000 vecinos de la zona que corresponde al municipio de Presidente Perón carecen de los servicios esenciales y reclaman que la Comuna haga algo al respecto.
Por Matías Resano.
Más de 2.000 vecinos viven en el barrio del olvido, aunque su verdadero nombre es San Roque, pero la carencia de todo tipo de servicios esenciales argumenta esa consideración. El barrio pertenece al municipio de Presidente Perón, cuyas autoridades hacen caso omiso a los constantes requerimientos de sus habitantes.
Estos incluso enviaron cartas documento a la intendencia, ante la falta de soluciones por demás urgentes, puesto que los residentes no cuentan con sistema de agua potable, de cloacas y las calles se tornan cada vez más intransitables, entre otras necesidades.
Un total de 2.200 personas se alojan en las 14 manzanas que conforman el San Roque. Su propia comunidad lo cataloga como un barrio emergente, y a la vez, privado, pero no porque esté delimitado por muros y apartado de los puntos aledaños, contando con diversas comodidades y lujos.
Todo lo contrario, dado que, según Karina, domiciliada en dicho punto de Perón, “no tenemos cloacas, gas, agua corriente. Muchos vecinos nos ayudamos entre nosotros, porque el que tiene le entrega agua al que no, aunque más que nada nos abastecemos con bidones”.
En este sentido, Elvira reveló que “cada casa tiene que hacer su perforación, y de ella extraemos el agua, pero al estar tan bajas las napas no llegamos a sacar nada”. Justamente, un factor que agravó aún más esta dificultad radica en la instalación de un polo industrial, que también recurre al mismo mecanismo para emplear este recurso natural.
No obstante, la mujer aclara que “de todas formas, no puedo consumir esa agua por diferentes problemas de salud y entonces compro agua mineral. Por semana uso dos bidones, que cuestan 1.000 pesos”.
En referencia a los servicios higiénicos e indispensables, no existe red cloacal allí, y por lo tanto, los habitantes deben confeccionar sus pozos ciegos, los que suelen taparse, y una de las graves secuelas de ello radica en el riesgo de inundaciones en las jornadas de lluvia.
La vía pública representa otro revés por demás acuciante para los vecinos, por el estado progresivo de deterioro, que impulsó el envío de diferentes notas de pedido de asfalto al municipio, que no han desencadenado respuesta alguna.
Por si fuera poco, a ello se le añade el escaso alumbrado público, que se manifiesta con un irregular funcionamiento de los postes de luz callejeros, siendo una mínima cantidad los que iluminan las arterias. En este contexto, la inseguridad está a la orden del día, también en crecimiento, y en consecuencia los moradores del barrio se han organizado para comprar una alarma vecinal, y mediante esta se mantienen en alerta para prevenir los delitos.
Diversos reclamos que empezaron a canalizarse en 2018, cuando quienes habitan San Roque se fueron convocando hartos de la contaminación sonora generado por un emprendimiento multieventos.
En este sentido, Gabriel relató que “además de estar privados de todo, nos usan como barrio de reciclaje comercial, con una actividad que el barrio no está preparado para su desarrollo. Por eso llamamos a la policía local, en principio, y no venían”. Por esta razón, “vamos casi todas las semanas, me reciben con violines y orquestas para cantarme la misma canción: ‘Le tomamos el reclamo y nos comunicaremos con Ud. También se puede enviar a las redes sociales’. Hasta le mandamos carta documento a la intendenta (Blanca Cantero)”.
Una ausencia, o al menos, una serie de desatenciones que motorizan el malestar de los vecinos, y simultáneamente desazón, sensaciones que confesó Gabriel al señalar que “somos un barrio en desarrollo que quiere crecer, pero nos ponen el pie arriba. En vez de traernos soluciones, nos traen problemas y eso nos genera mucha tristeza”.
Por M.R.

