Por Francisco Nutti
@franNutti

Mientras la crisis económica se agrava y aumenta la especulación, comerciantes afirmaron en diálogo con Crónica que en los últimos tiempos se multiplicaron las ventas de segundas y terceras marcas de fideos, arroz y panes lactales, tres productos esenciales para la vida diaria.

 

Esto ocurre porque aquellos de primera categoría se volvieron impagables para el bolsillo de la mayoría de los argentinos, algo que preocupa y mucho, si se tiene en cuenta que el salario mínimo, vital y móvil en la actualidad es de $ 45.540.

 

"Lo que más se vende de segundas y terceras marcas son los fideos, el arroz y los panes lactales. La realidad es que hay muchas pequeñas empresas que cobran sus productos a la mitad de lo que cuestan las "premium" y son de muy buena calidad, pero la única diferencia es que no cuentan con un gran poder adquisitivo para hacerse publicidad", dijo a Crónica el almacenero Daniel Acuña, quien también es presidente de la Cámara Empresaria de Punta Alta. 

 

En esa misma línea, una fuente oficial de la Federación Argentina de Supermercados y Autoservicios (FASA), comentó que las segundas y terceras marcas son una elección de los clientes en este 2022. "Ante la crisis buscan precios más bajos, es natural. Cuando la situación se recompone vuelven a sus marcas favoritas. A los supermercados le da más o menos igual, lo que no quiere es perder ventas", resaltó a este medio.

Muchas pymes apuestan a poner precios bajos para ser elegidas por los consumidores.

"Un desodorante de primera marca se vendía a $259 y ahora está a $409. No necesitamos programas de controles de precio, necesitamos que haya mercadería. Somos el sector más competitivo del país. Si el valor de la azúcar es de $100 y yo lo quiero vender a $150, el mismo mercado me va a regular el precio", explicó Acuña, quien continuó:  "Buscamos que haya mercadería. La secretaría de Comercio se tiene que encargar de que haya mercadería, cantidad y variedad, para que sea la misma competencia quien regule el precio".

 

Consultado sobre la situación por la que le toca transitar, detalló: "Tenemos una mezcla de tristeza, bronca e impotencia. El almacenero sigue abierto todos los días porque no puede guardar mercadería ni remarcar por remarcar. Una botella de aceite estaba a $779, lo cual con un margen de un 25%, me da para venderla a mil pesos, el valor de nuestro billete más alto. Lo mismo pasa con los papeles higiénicos y con otros productos que subieron de manera desmedida por el impacto del dólar. A nivel nacional, no hay control o hay una complicidad entre el gobierno y las siete u ocho empresas que manejan el 90% del alimento del país".

 

En tanto Fabián Giménez, comerciante de El Palomar, partido de Morón, con 35 años en el rubro, expresó: "Tenemos que ir aumentando todos los meses y lo vemos como algo tremendo porque no sabemos qué va a pasar. Lamentablemente, tenés que remarcar, no podés quedarte".

 

Por otro lado, aseguró que "no podemos guardarnos nada. Somos de proximidad, de venta rápida, almaceneros de toda la vida en un barrio. La gente sabe que vivimos del día a día y que somos el ante último eslabón de la cadena, ya que el último es el cliente"

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