CRISIS

Arreglar una muela ya cuesta un ojo de la cara: largas filas en la Facultad de Odontología de la UBA

Los precios de los tratamientos odontológicos se fueron por las nubes.

Por estos días ir al dentista para dejar atrás un dolor de muela genera nuevos malestares -incluso comparables con infecciones- en los bolsillos, puesto que la complejidad de las prácticas odontológicas catapultó las consultas y atenciones a valores inaccesibles. Una gran muestra de ello representan las largas filas que se forman en las inmediaciones de la Facultad de Odontología de la UBA desde hace semanas, en razón de un arancel considerablemente menor al dentista particular. 

Sin embargo, muchos odontólogos contienen, como pueden, los importes para garantizar la salud dental del paciente. Y si bien la demanda es variable, suele ajustarse a las posibilidades económicas, es decir, acude a un especialista en situaciones de urgencia.

 

Causó impresión y poderosa atención la imponente cantidad de personas que en las últimas semanas se agolparon en las cercanías de la sede del Hospital Odontológico de la Universidad de Buenos Aires. El motivo radica en la diferencia de cotizaciones de las prácticas dentales en un consultorio particular y las que se realizan en el establecimiento universitario. 

En este sentido, su decano, Pablo Rodríguez, aseguró a Crónica que "se advirtió un crecimiento de la demanda en un 30%, en comparación con los niveles prepandemia. Las causas son varias". Al respecto, Rodríguez detalló que "en primer lugar, los insumos están más caros, y la financiación de la salud privada tiene un tope. Entonces hay ciertas prácticas que los odontólogos no pueden hacer, por eso la oferta es menor y queda mucha gente sin atender". Pero a su vez, reconoció que "los costos también son importantes porque están en un 30 o 40% menos que un arancel particular".

Parámetros

En referencia a uno de los factores en los que el decano hizo énfasis: los valores de la atención y las prestaciones de las obras sociales y prepagas, el odontólogo Ariel Peñalva, MN 31817, dejó en claro que aquellos se establecen de acuerdo a los parámetros de la salud privada. En este sentido, Peñalva remarcó que "los costos que abonan las compañías de medicina son muy bajos, y por lo tanto, muchos dentistas dejan de atender a los pacientes o hacer prestaciones mínimas, porque ya que pagan mucho, si les cobrás un plus el afiliado te hacen un reclamo, y uno tiene que hacer un descargo".

En base a este contexto, y al poder adquisitivo de quienes requieren al menos de una consulta, el especialista admitió que emplea diversas estrategias a la hora de fijar un importe a sus servicios. Al respecto, el profesional, quien se desempeña en la zona porteña de San Nicolás, reveló que "las cotizaciones dependen de cada profesional, de la ubicación, y de los años de experiencia. 

Además uno va probando, porque si pasás un presupuesto, por ejemplo de perno y corona, y varios pacientes me dicen que no pueden pagarlo, entonces lo bajo o dejo un tiempo sin aumentar los valores. Es por estos motivos que no aumenté demasiado respecto del 2023, por ejemplo perno y corona costaba 220.000 pesos, y este año 300.000 pesos".

Notable diferencia

Mientras en el Hospital Odontológico la consulta y el diagnóstico asciende a los 9.000 pesos, en los consultorios particulares cuesta el doble, mínimamente. En tanto, prácticas tan habituales como la extracción o el arreglo de las caries oscila entre los 45.000 y los 50.000 pesos, asimismo el tratamiento de conducto entre 88.000 y 120.000 pesos. Por su parte, los implantes superan los 300.000 pesos, cifras que desencadenan reacciones y determinaciones completamente disimiles en quienes requieren, o son muy celosos de su cuidado dental. Puesto que hay quienes redoblan sus esfuerzos, empleando sus limitados recursos para acudir al odontólogo, como es el caso de Laura Taboada, quien le confió a Crónica que "se hace cada vez más inaccesible, aun para los que hacemos el esfuerzo por mantener una prepaga. Necesitaba hacerme una limpieza pero me negué a pagar 61.000 pesos. Me pareció un despropósito semejante suma, y me fui enojadísima. Voy a buscar precios de manera particular y me la haré en diciembre, no bien cobre el aguinaldo".

Respecto de los medios de pago, las alternativas, en su gran mayoría, confluyen en créditos o préstamos, como reconoció la mencionada mujer. En relación a ello, Laura afirmó que "tarjeteo, no me queda otra que endeudarme. Lo voy haciendo en etapas, especulando con los cierres de la tarjeta. Así y todo me llevó un año y cuatro meses hacerme todo eso. Obviamente no pude ahorrar nada". Recurriendo a este mecanismo, vivió una angustiante experiencia: "Recuerdo que una de las veces me dio fondos insuficientes y estando en medio del tratamiento se negaron a atenderme, así que perdí el turno".

Por su parte, Carlos, quien reside en la localidad bonaerense de Remedios de Escalada, manifestó que "hace un mes me colocaron el perno y la corona. Me salió 46.000 pesos. Una parte la puse yo y después pedí prestado a mi pareja y mi vieja. Una locura".

Sin embargo, hay quienes postergan las reparaciones de sus piezas dentales por no contar con el dinero suficiente. En la ciudad de La Plata, Romina busca "la changa" que le permita realizarse la extracción y comprar la medicación correspondiente. En este sentido, la mujer reflejó que "estoy muy mal por una muela, que se partió hace dos años aproximadamente. Hace dos meses el dolor ya no me deja ni dormir". 

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A su vez, Marcela Alejandra, oriunda de Mar del Plata, expresó que "perdí muchas piezas dentarias debido a procesos que también hacen los dentistas. Por ejemplo un tratamiento de conducto, donde a la semana se te rompe el diente. Pagué por el último mucho dinero para hoy tener la falta del canino, con lo que representa. Un perno y corona me es imposible pagar. Por eso, hoy tengo prótesis arriba y abajo de algunas piezas".

En correlación a estas dificultades económicas, el odontólogo Ariel Peñalva sostuvo que "algunos pacientes dicen que este mes no llegan. Entonces dejan para más adelante porque no tienen los medios para pagarlos".

Un fiel reflejo de la dicotomía que encierra, a quienes requieren de una práctica dental, entre el dolor de muela y el dolor que implica abonar cuantiosos valores producto de una salud dental que se perfecciona y a la vez resulta inaccesible para muchos.

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