MARAVILLOSO

Lagunas turquesas y paisajes de altura: la escapada que parece un viaje directo a otro país

¿Dónde te vas de vacaciones? Lejos del turismo masivo, esta propuesta combina aventura, rutas escénicas y un entorno perfecto para trekking, pícnic y fotografía.

Muchos sueñan con viajar lejos para ver paisajes distintos, pero en Mendoza existe un rincón donde la cordillera se vuelve protagonista total. Es una escapada ideal para cortar con la rutina, salir del calor de la ciudad y descubrir un destino de altura que sorprende desde el primer mirador.

En verano, cuando el camino se habilita, este lugar ofrece lagunas cristalinas, aire puro y un clima de montaña perfecto para caminar, sacar fotos y pasar el día sin apuro. Una opción distinta dentro del sur mendocino, pensada para amantes de la naturaleza y la aventura.

Una joya natural poco conocida: lagunas, montaña y silencio total

Valle Hermoso es uno de los paisajes más sorprendentes de Mendoza. Se trata de un valle de alta montaña ubicado en el departamento de Malargüe, en plena cordillera, con lagunas de agua cristalina, ríos y un entorno natural que parece intacto.

Para llegar desde la ciudad capital, el viaje es largo, pero increíble: se debe tomar la Ruta Nacional 40 hacia el sur y luego empalmar con la Ruta Provincial 222, el camino que lleva al centro de esquí Las Leñas. Desde allí comienza un tramo de ripio de montaña que exige precaución (en temporada está transitable, pero el ritmo es lento por curvas y pendiente).

Un punto a favor es que el lugar se puede combinar con otros atractivos fuertes del sur mendocino. Muy cerca se ubican Los Molles y Las Leñas, además de la ciudad de Malargüe, que funciona como base turística con servicios, alojamiento y excursiones. Por eso, es una escapada perfecta para sumar a un itinerario más amplio por la zona.

En cuanto a la geografía, el gran protagonista es el contraste: montañas imponentes, vegetación baja típica de altura y lagunas que destacan por sus tonos celeste-turquesa, con ríos que atraviesan el valle y un silencio que se siente en todo el paisaje. Además, el mirador natural suma una de las mejores vistas panorámicas del lugar y la provincia cuyana.

Un detalle clave es que no se puede ingresar durante todo el año. Al tratarse de un destino de alta montaña, el camino suele quedar afectado por nevadas, hielo y crecidas, especialmente en otoño e invierno, lo que complica la circulación y puede derivar en cierres preventivos. Por eso, la mejor época para visitarlo es en los meses cálidos, cuando el clima es más estable y el circuito se vuelve más accesible para todo tipo de viajeros.

Sin embargo, antes de salir, conviene consultar el estado de las rutas y la transitabilidad del tramo final, ya que parte del recorrido es de ripio y requiere manejar con precaución. También es recomendable viajar temprano, llevar abrigo extra y agua, porque el clima puede cambiar rápido en la cordillera.

Relieve de altura, colores minerales y una laguna que refleja la cordillera: el paisaje cambia a cada paso.
Relieve de altura, colores minerales y una laguna que refleja la cordillera: el paisaje cambia a cada paso.

Las actividades son variadas y dependen del clima. Se puede disfrutar de caminatas cortas, trekking, fotografía, cabalgatas y pesca con devolución. En temporada de verano también se realizan deportes acuáticos sin motor como kayak, y hay sectores donde se puede acampar para vivir una experiencia más inmersiva.

Para quienes buscan una experiencia más completa, existe la posibilidad de acampar en la zona y pasar la noche en plena montaña, con un cielo estrellado impresionante y un silencio total que potencia la desconexión. El camping suele funcionar en temporada, cuando el acceso está habilitado, y es ideal para viajeros que disfrutan del plan simple: fogón, abrigo, mate y naturaleza alrededor.

Para quienes prefieren ir y volver en el día, el lugar también suma comodidad: durante la temporada habilitada, suele ofrecer un sector pensado para pasar varias horas, con sombrillas y reposeras disponibles para descansar frente al agua y disfrutar del paisaje sin necesidad de llevar equipamiento extra.

Es una alternativa ideal para quienes quieren vivir la experiencia de montaña con un plus de relax, armar un picnic, sacar fotos y quedarse contemplando el entorno, con la tranquilidad de contar con servicios básicos para una jornada larga al aire libre.

Elegir este destino es apostar por una experiencia diferente, lejos de los circuitos clásicos y del turismo masivo. Es un rincón de montaña que invita a recorrer sin apuro, a frenar en los miradores y dejarse sorprender por el silencio, el aire puro y el contraste de colores del paisaje.

Entre caminatas, fotos y momentos de contemplación frente al agua cristalina, la sensación es clara: la inmensidad se vuelve protagonista y convierte la visita en un recuerdo difícil de borrar.

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