El dramático día que secuestraron a Chirolita y Chasman pagó su rescate
Gamero fue el ventrílocuo más popular de Aregentina y Chirolita, un muñeco emblemáticos. El vínculo del dúo histórico, y el presente de la figura icónica de un tiempo que hoy descansa en un banco.
"Qué harías, Chirolita, cuando te quedes solo?", le preguntó una colega al entrañable muñeco, en presencia, obviamente, del propio Mister Chasman, durante una entrevista allá por 1986.
-Sabe que a mi, me gusta el maní con chocolate...
-Me parece que no me entendiste Chirolita, te pregunté otra cosa.
-Es verdad..., pero yo no le puedo contestar eso. Por primera vez en mi vida no puedo responder. No le diga, por favor, a Chasman que no pude contestar, ni le cuente la pregunta que me hizo... Se pondría muy triste.
Ese vínculo entre Ricardo Gamero (Mr. Chasman) y su muñeco, Chirolita excedía todo terreno de sociedad artística, se proyectaba en una relación de componente humano. De esta manera, el talentosísimo ventrílocuo, ese showman impagable que era Gamero se mimetizaba, durante el show, en las entrañas mismas de su gran creación. Compartían varias horas juntos y cuando Gamero regresaba a su hogar, personaje y Chirolita "descansaban".
Pero hubo dos episodios que marcaron, sin lugar a dudas, el derrotero cotidiano de Mister Chasman (y también el del querible muñeco). El primero sucedió mientras Gamero y su entonces novia, Mimi, se encontraban cenando en el restaurante Los Dos Mundos. Al volver a su vehículo se percataron de que había sido forzado el baúl y no se encontraba el maletín que guardaba a Chirolita. Sin embargo, luego, quienes habían perpetrado el hurto, al comprobar que ese maletín guardaba al popularísimo muñeco, lo devolvieron. El siguiente formó parte de un hecho delictivo que impactó emocionalmente en la humanidad del ventrílocuo. Fue el día que secuestraron a Chirolita.
Sucedió en la década de los setenta. Gamero y su inseparable amigo trabajan en el recordado ciclo televisivo "El Special", que iba en vivo por Canal 9 con la conducción de Silvio Soldán. El programa, uno de los más emblemáticos de la pantalla chica de todos los tiempos, contaba con los cantantes Rosamel Araya, Roberto Yáñez, el ballet estable de la emisora dirigido por Beatriz Ferrari, la orquesta de Santos Lipesker y la participación especial del ya citado Chasman.
Nada hacía prever que ese día sería una jornada oscura y aciaga para la figura. Aquella tarde, luego de tomar un café en la pequeña confitería de la emisora, Ricardo Gamero regresó a su camarín y se encontró con una desagradable sorpresa: la puerta había sido violentada y adentro no se encontraban su compañero de ruta ni el maletín en que lo trasladaba.
Horas después, aún embargado por la bronca y la angustia, Mister Chasman recibió un llamado telefónico que le advertía: "Viejo, tenemos a Chirolita, vas a tener que pagar para volverlo a ver, ni se te ocurra avisar a la poli porque hacemos pelota al muñeco...".
Entre la impotencia y la desesperación, Ricardo se debatía ante la encrucijada: cumplir y pagar el rescate u olvidarse para siempre de Chirolita. Se trataba de una suma muy importante para ese entonces. Ese dinero debía ser entregado en una valija cubierta por nylon y depositada en la fuente del Monumento a los Españoles, ubicado en Avenida del Libertador y Sarmiento, muy cerca de la Rural y el predio del Zoológico. El artista había logrado reunir la suma, parte de unos ahorros que tenía en el banco. Había transcurrido un día desde que se había llevado a cabo el secuestro de Chirolita. La desazón se había apoderado del ventrílocuo, en tanto su pareja lo contenía de la mejor manera posible.
Alrededor de la medianoche del día siguiente, Ricardo y Mimi se dirigieron hacia el lugar señalado por los delincuentes. Era una noche desapacible, de otoño: ventosa y con una lluvia pertinaz que golpeaba en la humanidad de los pocos transeúntes. La pareja llegó y dejó la valija, tal cual estaba acordado: con la cobertura del nylon, en el agua. Volvieron al auto, esperaron 15 minutos y regresaron a la fuente. Otra valija, protegida en las mismas condiciones, había sido tirada hacía instantes. Al abrirla, lograron respirar otra vez: allí estaba Chirolita, íntegro, sin lesiones. Mimi y Ricardo se abrazaron fuerte: habían recuperado al célebre muñeco. Con algunas lágrimas en su rostro, Gamero apoyó la cabeza de Chirolita en su pecho y lo acarició. El drama había terminado.
Según pudo comprobar "Crónica", Gamero le reveló este episodio a un actor de populares ciclos en Canal 9. "Mirá, te voy a contar algo que no quiero que trascienda para no avivar giles y para evitar que vuelva a ocurrir. A Chirolita me lo afanaron y tuve que pagar para recuperarlo", contó, con una indignación que no lograba disimular.
Artistas inolvidablesRicardo Gamero fue un hombre sutil y con una destacada formación intelectual que hacía gala de la ironía. En este juego de idas y vueltas, de marcada contraposición entre ambos protagonistas, Chirolita era otra "persona": lo interrumpía en las discusiones y, cuando lo situaba dentro del maletín, se interpolaban los planos de las voces de una manera increíblemente exacta. El muñeco gritaba azorado: "Sacame de acá, negro".
En el teatro de revista, Mister Chasman desarrollaba un cuadro de composición dramático que solía arrancar las lágrimas a una platea movilizada para el humor. Chirolita se enamoraba de alguna bailarina y, en otras oportunidades, de las bonitas acomodadoras del teatro. Con ansiedad se lo contaba a Mister Chasman, quien intentaba persuadirlo amablemente de su imposibilidad para "concretar" algo así. Chirolita no se daba por vencido y seguía insistiendo. Chasman, superado por el avance sistemático del muñeco, le acotaba en tono muy severo:
-Y bueno, Chirolita, usted me obliga a decirle que ese romance no se va a concretar nunca. Jamás.
-Pero, ¿por qué, negro? Decime por qué?
-Porque usted, Chirola..., es un muñeco.
Acto seguido se proyectaba un silencio que parecía interminable. Chirolita miraba a Chasman, giraba luego su cabeza y mirando al público como si llorara, con voz entrecortada por la emoción, cantaba: "Un muñeco de triste figura...". El cuadro finalizaba, ovación mediante, cuando Mister Chasman ponía una impecable rúbrica: "Chirolita, ¿quiere que le diga algo? A partir de hoy usted ya no es más un muñeco".

