2 DE ABRIL

Guerra de Malvinas: "Si hay que morir, vamos a morir juntos, ¡qué mierda!": la promesa que mantuvo con vida a tres soldados argentinos

Walter Moyano combatió en Malvinas hasta el último día y recordó en diálogo con cronica.com.ar cómo fueron sus días en las islas. Los peores momentos que le tocó atravesar y el vínculo especial que sostuvo con otros dos soldados, a los que les prometió que iban a regresar a salvo.

“Estamos vivos porque Dios lo quiso”, sostiene Walter Moyano sobre la guerra de Malvinas y las situaciones que le tocó atravesar junto a los soldados con quienes formó parte del grupo de artillería de la batería de tiro C, con quienes batalló contra los británicos, resistiendo ya casi sin municiones hasta el 14 de junio de 1982, día en que se firma la rendición de Argentina.

Mendocino de origen, pero criado en la localidad bonaerense de Villa Dominico, Moyano entró al ejército como soldado voluntario en 1981 para ser paracaidista, sin conocer en aquel momento que un año después iba a formar parte de una guerra, aunque lejos de negar ese duro desafío, quiso estar presente desde un primer momento a ir a defender a su país.

En diálogo con crónica.com.ar, el veterano de guerra contó las situaciones que le tocó atravesar en Malvinas, los momentos límites que le tocó atravesar como artillero durante el conflicto y una promesa realizada a otros dos soldados de poder volver de las islas con vida.

La guerra y sus días en Malvinas

El día en que a Moyano le tocó llegar a Malvinas, el 22 de abril de 1982, rápidamente comenzó a entender lo difícil que sería poder sobrevivir en la guerra, cuando al llegar a la ciudad santacruceña Puerto Deseado y estar por emprender rumbo a las islas, le informaron que su grupo era víctima de una operación de inteligencia de Gran Bretaña, que al ya saber su ubicación los obligó a volver a descargar las municiones y retrasó su salida.

 

Guerra de Malvinas: "Si hay que morir, vamos a morir juntos, ¡qué mierda!": la promesa que mantuvo con vida a tres soldados argentinos
Moyano, en sus inicios dentro de la batería C, previo a Malvinas.

“Fuimos hasta Puerto Argentino ese mismo día y allí tomamos posición, en una zona muy fea, con mucho viento y mal clima. Nosotros teníamos que hacer pozos para poner los cañones y hacer las trincheras, donde ya me encontré que la tierra tenía una consistencia mala, como si fuera macilla, que nos obligaba a elegir bien los lugares donde hacerlos”, explica el veterano.

Junto a su cañón, Moyano disparaba y resistía los ataques británicos, que tiraban desde sus aviones y también desde su artillería naval, con etapas en la guerra en las  cuales “no se podía dormir por varios días”.

“Nos atacaron tres aviones y pudimos derribar dos”, recuerda sobre ese primer día, aunque los momentos de zozobra que se vivían eran constantes. El artillero recuerda como al querer descargar sus municiones fueron atacados de sorpresa por la artillería naval británica.

Guerra de Malvinas: "Si hay que morir, vamos a morir juntos, ¡qué mierda!": la promesa que mantuvo con vida a tres soldados argentinos
Walter Moyano en sus primeros días en el ejército.

El mal clima muchas veces atentaba contra los soldados y atentaba contra el trabajo que realizaban los artilleros, como la noche en que una fuerte lluvia inundó los pozos que habían realizado para posicionarse en Puerto Argentino.

“Se había inundado todo, los pozos no los podíamos encontrar y cuando los vimos estaban llenos de agua. En ese momento, sentí mucha impotencia, mucha furia. Me pregunté por qué nos tenían que pasar esas cosas y empecé a golpear una pared”, relata sobre aquel momento.

Los días pasaron y las dificultades eran cada vez mayores para los soldados, que valientemente resistieron las hostilidades de la guerra, en donde se enfrentaban al ejército británico y a todas las complicaciones que generaba el propio lugar.

“Todas las noches era normal que nos bombardearan y no teníamos defensa aérea. Te acostumbrás al bombardeo todos los días”, subraya Moyano, quien recuerda como con su grupo resistieron con su grupo días en donde sus vidas se salvaron de milagro.

Una promesa que debía ser cumplida

El veterano remarca como, con pocas municiones durante los últimos días del conflicto bélico, la fidelidad entre sus compañeros les permitió resistir los últimos cinco días de la guerra, que fueron de pura resistencia.

En esos días, tomó una relevancia especial la promesa que les había hecho Moyano a dos compañeros de artillería con quienes viajó a Malvinas, Claudio Viglione y Walter Rubies, quienes llegaron a Malvinas con poca experiencia.

Esto motivó a Moyano a decirles que si iban y se quedaban cerca de él, podrían volver de Malvinas con vida, una promesa que tuvo que refrendar en momentos muy difíciles y que ellos le devolvieron de la misma forma.

 

Guerra de Malvinas: "Si hay que morir, vamos a morir juntos, ¡qué mierda!": la promesa que mantuvo con vida a tres soldados argentinos
De izquierda a derecha: Ramón Acosta, Claudio Viglione, Daniel Poltarak, Walter Rubíes y Walter Moyano, veteranos de Malvinas en la actualidad.

 

 “Los dos van a volver con vida, háganme caso”, les había dicho Montoya a sus dos compañeros.

Del día 11 al 14 de junio, el veterano de Malvinas enfatiza que les tocó vivir los peores días, en los cuales “cuando se podía tirar cuatro o seis tiros por minuto, se tiraba 14 tiros por minuto”, ya que “había que hacer lo imposible”.

“Estuvimos cinco días casi sin dormir. Descánsabamos apenas un poco cuando cambiábamos de posición de tiro. De tanto tirar los cañones te dejaban de funcionar. El último día no seguimos la orden de replegarnos, resistimos hasta el final”, resalta.

Moyano recuerda con emoción cuando, en esa hostil situación, les pidió a Claudio Viglione y a Walter Rubies que le entreguen sus armas, ya que quería cumplir su promesa de que regresaran con vida de la guerra:

“´Yo les dije que iban a mantener la vida. ¿Cómo están ustedes ahora? Ya se acabó. Nadie les va a decir nada, ya no queda nadie´", les dijo Montoya a ambos, a lo que le respondieron: "Hicimos la guardia juntos, estuvimos en todas juntos. ¿Cómo nos vamos a ir?”.

“¡Pero los van a matar!”, enfatizó con dolor Montoya, a lo que Viglione y Rubies le contestaron: “Si hay que morir, vamos a morir juntos. ¡Qué mierda!”.

Guerra de Malvinas: "Si hay que morir, vamos a morir juntos, ¡qué mierda!": la promesa que mantuvo con vida a tres soldados argentinos
Walter Moyano con un cañón, recuerdo de la guerra.

De esta manera, los tres se quedaron hasta lo último juntos, defendiéndose de los ataques británicos, aferrados a la esperanza de poder lograr lo imposible, casi sin municiones, pero con el coraje a flor de piel.  

A su vez, en los peores momentos, Moyano se acordó también de su madre, con quien siempre mantuvo “una conexión especial” y le dio fuerzas para poder seguir adelante frente a una realidad muy dura de enfrentar.

En ese sentido, el veterano rememora como durante el mes de mayo gritó un “feliz cumpleaños mamá”, con la sensación que ella podía escucharlo, y como durante los días de mayor hostilidad en la guerra le habló desde el corazón a ella, al sentir que no podría regresar.

“´Bueno mamá, perdoname por lo que voy a hacer, porque pudiendo volver capaz que no vuelva´, le dije en ese momento, y la vi a mi mamá. Se me presentó su imagen y vi cómo me sonrió”, resalta Moyano.

 

 

 

 

Llegó un momento para los soldados en el que ya no quedaban municiones y ya se tomaba lo que sea para poder seguir tirando desde el cañón, con solo 24 personas que habían quedado junto con él.

En esa situación límite, cuenta como el cabo cocinero Rubén Quiroga, ya fallecido, quien les traía “mate cocido mientras se combatía” y cumplía una función muy importante al acompañarlos, quiso llevar adelante un acto heroico, pese a no tener la instrucción de artillería.

“Nosotros no abandonamos a nadie, eso era así para todos los que estábamos ahí. El cabo Quiroga, sin haber sido antes artillero, viene con una estopa para destrabar el cañón, a lo que la reacción del subteniente fue decirle: ´¡Quiroga que hace, no ve que vamos a reventar todos! Y él le respondió: ´Pero si ya estamos todos muertos´, así lo vivíamos”, subraya.

Recuerda el veterano como sobre el final vivieron con lágrimas la situación, al saber que ya no les quedaba más nada por hacer y la tristeza que generó el final de la guerra, pero remarca “el valor incomparable” que vio en sus compañeros.

“Yo creo que fue un milagro. Dios dijo que no podíamos morir así y nos protegió. Pudimos salir de ese lugar, no sé cómo, pero lo logramos. Esta unidad cumplió con su misión y con su juramento a la bandera y a la patria”, concluyó.

 

Por M.C.

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