La Fragata Libertad volvió a Buenos Aires: histórica travesía de seis meses y emotivo reencuentro de los marineros con sus familias
La Fragata ARA Libertad finalizó su 53° viaje de instrucción. El buque escuela de la Armada Argentina, que había partido el 7 de junio y recorrió más de 39.700 kilómetros, recaló en diez puertos de América y Europa.
Después de casi medio año recorriendo mares y puertos de distintos continentes, la Fragata ARA Libertad volvió este domingo a Buenos Aires y convirtió la dársena norte en un escenario cargado de emoción. El buque escuela de la Armada Argentina cerró su 53° viaje de instrucción ante una multitud que esperaba desde temprano para recibirlo.
Cerca de las 9, la figura inconfundible de sus tres palos apareció sobre el horizonte. Minutos después, ya pasadas las 10, la embarcación completó el atraque final en el Puerto de Buenos Aires, escoltada por buques menores que acompañaron su ingreso. A lo largo del muelle se mezclaban familiares, ex tripulantes, autoridades militares y vecinos curiosos, todos ansiosos por presenciar el regreso.
El clima festivo se realzó con la banda de música de la Armada, que acompasó la ceremonia mientras en las gradas se multiplicaban banderas y carteles con mensajes de bienvenida.
El itinerario, iniciado el 7 de junio, se extendió por 169 días y más de 39.700 kilómetros de navegación. Durante la travesía, la Fragata recaló en diez puertos de América y Europa, entre ellos Brasil, España, Portugal, Alemania, Países Bajos, Costa Rica, Estados Unidos y República Dominicana.
Uno de los hitos destacados fue su paso por Kristiansand, en Noruega, a finales de julio. Fue la primera vez que el buque argentino visitó ese país, tras atravesar el estrecho de Dover desde el Atlántico Norte y luego internarse en el mar del Norte. Allí formó parte de la “Tall Ships Race 2025”, además de participar en actividades culturales y visitas museológicas.
A bordo viajaron 270 tripulantes, incluidos 51 guardiamarinas que completaron parte esencial de su formación profesional. Para ellos, esta campaña significó un aprendizaje práctico en áreas como navegación astronómica, maniobras de vela y liderazgo, experiencias que difícilmente podrían replicarse fuera del mar.
La llegada fue, sobre todo, un momento de reencuentros. Los primeros en pisar el muelle fueron recibidos entre lágrimas y abrazos que venían acumulando seis meses de espera. “Muy contenta de reencontrarme con la familia… fueron seis meses muy largos”, alcanzó a decir una marinera visiblemente conmovida, todavía con la adrenalina del desembarco. A su lado, otro tripulante resumió el viaje como “de aprendizaje, de experiencia”.
Mateo González, uno de los jóvenes marineros, definió la campaña como “una experiencia de vida increíble”. Historias similares se repetían a medida que avanzaban los desembarcos. Santiago, otro de los tripulantes, corrió a los brazos de sus padres, que habían viajado desde Punta Alta. “Se hizo larga la espera, pero ya está, lo tengo acá conmigo”, expresó su madre entre lágrimas.
Con la misión oficialmente concluida, la Fragata ARA Libertad, embajadora itinerante del país y admirada mundialmente por su elegancia, permanecerá ahora en el puerto para realizar tareas de mantenimiento y abrirse al público en distintas actividades institucionales. Su próxima navegación ya tiene fecha: el siguiente viaje de instrucción comenzará en 2026.

