La milagrosa santa de la lluvia de rosas

Teresita del Niño Jesús es conocida como la santa de las rosas y, muchas veces, sus milagros están acompañados por la aparición de estas flores. Cuando nos concede lo que le pedimos, misteriosamente alguien nos regala o aparece una rosa en nuestra casa. La santa afirmó que “Después de mi muerte, haré caer una lluvia de rosas". Así nos quería decir que nos mandaría una lluvia de favores y bendiciones.

La historia de cómo de cómo nació la novena milagrosa de las rosas sucedió en 1925. El Padre Putigan necesitaba un favor y empezó a rezar una novena a santa Teresita. Como tenía dudas, pidió un signo y al tercer día, milagrosamente, recibió una rosa. Desde entonces, esta novena, se reza en todo el mundo.

La fiesta de Teresita del Niño Jesús se festeja el 1 de octubre. Esta santa que emociona con su sencillez, nació en Alenzón, Francia el 2 de enero de 1873 y murió en Lisieux el 30 de septiembre de 1897. Además de Doctora de la Iglesia, la joven es la santa patrona de los enfermos del SIDA, los floristas, jardineros y aviadores. Se la conoce como Doctora del Amor y, cuando concede un milagro, este suele venir acompañado con rosas.

Santa Teresita fue una niña común, sencilla y simple. Su libro, “Historia de un alma”, relata en un lenguaje muy accesible, anécdotas familiares, su relación con sus padres y hermanas y, sobre todo, su enorme amor y entrega a Dios. Muchos se sorprenden de que, atrás de tanta simpleza, se esconda una sabiduría tan grande. Ella misma se había dado cuenta de que reconociéndose pequeña se podía pedir la ayuda de Dios. No es para sorprenderse que en su Autobiografía diga: “Siempre he deseado ser santa”.

Es una santa tan importante que fue canonizada en 1925, muy poco tiempo después de su muerte. Luego, Juan Pablo II la nombró Doctora de la Iglesia en 1997. El papa Pio X la consideró "la Santa más grande de los tiempos modernos".

Los padres de santa Teresita eran Luis Martin y María Celia Guerin, también santos. Ninguno de ellos tuvo una vida fácil, la mamá murió joven y el padre, pobre y enfermo. Sin embargo, en su familia siempre se vivió un clima de confianza y entrega a Dios.

En su infancia, Teresita fue muy feliz. Vivió rodeada del amor de sus padres y de sus hermanas: “No podría explicar lo mucho que amaba a papá”, decía Teresa. Las hermanas y Luis Martin la criaron con mucha firmeza y ternura una vez que murió su mamá.

Teresita ingresó muy joven al monasterio de las Carmelitas Descalzas de Lisieux aunque, al principio, no se lo permitían. Tenía 14 años y la madre superiora y el obispo le dijeron que volviera cuando fuera mayor. Pero la nena no se resignó. Con su padre, Luis Martin, fueron a ver al Papa hasta Roma para obtener su permiso. Al recibir la bendición papal, ella le pidió si podía entrar en el convento a los quince años. León XIII le dijo “Será lo que Dios quiera”.

Así fue que pronto logró entrar al convento El Carmelo de Lisieux. Allí, vivió una vida de oración. Oraba intensamente por los sacerdotes y por misioneros. Por eso es nombrada, también, patrona de las misiones a pesar de nunca haber ido a misionar. Desde dentro de las paredes del convento, acompañó con su oración a los que se iban lejos de su tierra a misionar.

Teresita pronto fue llamada al cielo. Los últimos meses de su vida sufrió una larga enfermedad, además de pruebas espirituales. Esta joven santa decía que después de su muerte derramaría una lluvia de rosas.

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