PASIÓN Y EXPERIENCIA

Peluqueros a la tercera edad: "Cortar el pelo es una terapia que nos ayuda a sonreír"

Artistas de la tijera. Crónica dialogó con tres peluqueros, quienes coincidieron en que "la pasión por el oficio es mucho más que cortar cabello". 

Algunas veces, el valor de nuestro trabajo radica en algo mucho más profundo que el hecho de poder ganar dinero, que consiste en la posibilidad de poder vivir de la profesión que amamos, entablar un vínculo especial con muchas personas y lograr superar momentos difíciles de la vida. 

Estas características en común son las que se encuentran en quienes eligieron ser peluqueros, una profesión que trasciende, entre otras cosas, el mero hecho de realizar “un buen corte” de pelo y representa para los clientes de quienes se dedican a este oficio mucho más que eso. 

"Crónica" dialogó con tres peluqueros adultos mayores, quienes dedican desde hace varias décadas sus vidas a la peluquería y contaron sus distintas experiencias con las tijeras, lo que los apasiona a realizar su trabajo y los aspectos positivos que les permitió rescatar el hecho de haberse dedicado de lleno durante tanto tiempo a esta profesión. 

Salir adelante 

Para Liliana Gagliardi (73 años) la peluquería fue una elección que eligió desde un primer momento, desde que su padre le preguntó a sus 13 años qué quería ser y ella respondió que quería “ser peluquera”

“Desde que terminé la primaria que me quería dedicar a esto. A los 15 años hice mi primer permanente a mi tía y me encantó poder hacerlo, así que a partir de ahí empecé a cortarle a familiares y vecinos, yendo a las casas de ellos. Siempre llevaba un bolso con tijeras”, cuenta Liliana. 

Oriunda de la localidad bonaerense de Villa Celina, en el partido de La Matanza, Liliana apunta que esta profesión le permitió atravesar momentos muy difíciles en su vida, como fue la pérdida de su hijo Fernando

Peluqueros a la tercera edad: "Cortar el pelo es una terapia que nos ayuda a sonreír"
Liliana Gagliardi tiene 73 años y es una apasionada de su oficio. 

En ese sentido, expresó que aún en las situaciones más complejas nunca dejó de ejercer su profesión, como cuando con su hijo internado en el Hospital Gutiérrez llevaba sus tijeras y le realizaba cortes “a otras madres” que iban a acompañar a sus hijos a este lugar. 

“Con lo que me sucedió, la peluquería me ayudó a encontrar un escape. La falta de un hijo no se calma con nada, pero el negocio fue para mí un cable a tierra. Me ayudó a salir adelante en ese momento”, enfatiza la mujer. 

Escuchar al cliente 

En relación a su vínculo con los vecinos, Liliana considera que “con 33 años teniendo el negocio en Villa Celina”, lugar en el que creció, se fue y regresó luego de casarse, su peluquería jamás perdió la “esencia del barrio” y hace hincapié en que gracias a la peluquería está en contacto con la gente que le gusta y quiere. 

A partir de ello, explica que para ella el contacto con la gente va mucho más allá de un “buen corte” y que muchas veces su peluquería se transforma en un “confesionario” en el que termina cumpliendo el rol de “psicóloga” de sus clientes

“Yo me doy cuenta de que varias de mis clientas cuando están deprimidas vienen o les dicen que vengan conmigo quienes me conocen. Creo que pasa porque yo soy una optimista de la vida, trato de contagiar eso, y además porque de acá no sale nada de lo que me cuentan, muere con la peluquera”, resalta Liliana. 

La mujer remarca que para ella la peluquería es su vida y que disfruta de hacer lo que le gusta, ya que le permite “el contacto permanente con la gente, poder sentarse a tomar un café o un té y charlar de la vida”

Sobre esta línea, el peluquero Aldo Elías (75 años), quien desde hace 53 años trabaja en el barrio porteño de Villa del Parque y desde hace 60 que se dedica a esta profesión, destaca que lo que los clientes buscan “más allá de cómo le corten, es pasar un buen momento”. 

“Si sos un amargado, el cliente por más que le hayas cortado bien, no te vuelve más. En mi caso, yo siempre salgo con cosas raras, cuento anécdotas divertidas y la gente viene más a divertirse que a cortarse el pelo”, explica Aldo. 

Peluqueros a la tercera edad: "Cortar el pelo es una terapia que nos ayuda a sonreír"
Hace 53 años que Aldo Elías tiene su peluqería en Villa del Parque.

A lo largo de sus años como peluquero, recibió la visita de personalidades de la música y del deporte, como Pappo, Diego Maradona, Miguel Ángel Brindisi, entre muchos otros. 

“Cuando Brindisi era técnico de Independiente en 1994 venía a mi peluquería siempre. Yo creo que por cábala, porque el equipo venía bien y yo soy del Rojo. Y al final terminó siendo campeón. De Maradona recuerdo que vino cuando recién empezaba en Argentinos Juniors, junto a Jorge Cysterpiller y me di cuenta que le gustaba una chica que trabajaba acá, pero solo vino un par de veces”, recuerda. 

Padre del cantante Cae, Aldo cuenta que le enseñó el oficio a su hijo, quien llegó a trabajar de peluquero en España, mientras que cuenta que muchas veces su negocio se convirtió en un “lugar turístico” para las fanáticas de su hijo que esperaban cruzárselo al saber que era su papá. 

Un oficio de familia 

Para Aldo, la posibilidad de poder trabajar como peluquero surgió a los 14 años, cuando se fue a aprender a una academia, en tanto que desde los 15 considera que ya “era peluquero”. 

“Mi mamá y mi hermana eran peluqueras, creo que de ahí tomé las ganas de querer aprender. Disfruto de lo que hago. Ver como los clientes se ponen a conversar entre ellos. Uno tiene media hora con cada cliente y te pueden llegar a contar toda su historia, afirma. 

Por su parte, en el caso de Félix Gauna (65 años), quien tiene su peluquería desde hace 40 años en la localidad bonaerense de Rafael Calzada y enseña como maestro peluquero de la Unión de Peinadores de Argentina (UPA), el acercamiento a la profesión llegó por medio de su tío, quien también era peluquero. 

Peluqueros a la tercera edad: "Cortar el pelo es una terapia que nos ayuda a sonreír"
Además de peluquero, Félix Gauna, de 65 años, es maestro en la Unión de Peinadores de Argentina (UPA). 

“Cuando me preguntaban que quería ser cuando sea grande, decía que quería aprender a tocar el acordeón por mi padre y ser peluquero por mi tío. Siempre me gustó. Pero mi acercamiento real con la peluquería se dio a los 18 años, cuando me empecé a cortar el pelo en Lanús. Un día le dije a mi peluquero que me gustaba su trabajo y me recomendó ir a una academia”, cuenta Félix. 

Sin embargo, resalta que su mayor aprendizaje se dio en una peluquería de la ciudad de Banfield en donde trabajó “durante dos años sin cobrar nada”, mientras aprendía la profesión, hasta que una vez que se consolidó dejó su trabajo en una metalúrgica, donde se empleaba como tornero, para ser peluquero. 

Gracias a esta profesión pude cumplir mis sueños. Viajar a Europa, conocer lugares y hacer lo que me gusta. También pude viajar al campeonato mundial de cortes con la delegación argentina y viví momentos inimaginables. Por eso volvería a elegir esta profesión siempre”, concluye. 

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