La historia de Mauro Flores es un claro ejemplo de superación, de creer siempre que no hay obstáculo imposible de superar. Cuando tenía 26 años, un tumor maligno le significó la amputación de su pierna derecha. La enfermedad había avanzado notoriamente y la única opción para sobrevivir era someterse a esta cirugía que le cambió su rutina de vida pero nunca lo desvió de sus objetivos.

En aquel momento, el joven estaba cursando el cuarto año del profesorado de educación física y tenía una vida totalmente activa, con distintos trabajos y un único fin: crecer profesionalmente.

“Me costó mucho parar de golpe. La operación fue una dura decisión, pero de acuerdo con el grado de la enfermedad, no había ningún tratamiento posible”, aseguró este hombre que hoy puede disfrutar de su familia y de su pequeña hija de cuatro años en su casa de Florencio Varela.

A pesar del golpe que debió afrontar en agosto de 2005, Mauro tuvo el espíritu para salir adelante. De esta manera, a finales de 2006 terminó su carrera y se recibió de profesor de educación física rindiendo exámenes con una metodología distinta de los demás pero siempre con el mismo nivel evaluativo respecto de sus compañeros.

Hoy, con 39 años y una pró- tesis que le permite llevar una vida normal, el hombre se dedica a lo suyo: da clases en escuelas (tanto primarias como secundarias) y se moviliza dentro de sus posibilidades para explicarles los ejercicios a sus alumnos.

Además, participa en la asociación civil Risel (Resilientes por la Inclusión Social, Educativa y Laboral), donde brinda talleres inclusivos para chicos con distintas patologías. Y con ellos también habla de lo que le pasó. “Siempre lo hago y vi resultados muy positivos en ellos, porque toman la discapacidad de otra manera. Yo no busco ocultar nada”, sostuvo.

No conforme con su rutina, Mauro pudo correr 100 metros con una prótesis especial en un encuentro realizado en el Cenard entre deportistas que presentaban diferentes limitaciones.

¿Cuál fue la clave para superar ese momento? “Tuve dos pilares fundamentales que fueron la fe y la familia. Siempre me sentí con el ánimo para superar obstáculos”, le comentó Mauro a este medio.

Hoy sale a disfrutar del aire libre y, gracias a su prótesis, puede compartir recorridos de mountain bike junto con su hermano y hacer bicicleta fija en su casa. Mauro nunca se dio por vencido y siempre contagia ese espíritu motivador que lo caracteriza, que lo convierte en otro héroe del pueblo.