Por Roberto Di Sandro y Jorge Cicuttin

"Fue un momento emocionante, histórico para el pueblo argentino". Así define Lorenzo Pepe el regreso al país de Juan Domingo Perón, aquella lluviosa mañana del 17 de noviembre de 1972, después de casi 18 años en el exilio. Lorenzo Pepe, actualmente al frente del Instituto Nacional Juan Domingo Perón, formó parte del comité de recepción que organizó el Partido Justicialista para recibir a su líder en Ezeiza. Sindicalista y cinco veces diputado nacional, Pepe sufrió, desde 1955, en varias oportunidades la cárcel por razones políticas. Por ser peronista, para decirlo claramente. Ahora, se sentó a recordar toto aquello en un mano a mano con Crónica.

-¿En qué momento se tuvo la certeza de que Perón volvía del exilio?

-"El regreso de Perón fue el resultado de una larguísima, y en muchos casos dolorosa, lucha militante del movimiento peronista, sobre todo el movimiento de base, de los trabajadores y sus sindicatos. A mí me tocó atravesar esa etapa, yo la conozco desde adentro. Y puedo decir con absoluta certeza que todo ese grupo de gente, de quienes la historia no recuerda sus nombres, formaron parte del retorno de Perón".

-Como en el 17 de Octubre de 1945...

-"Exacto, es como querer buscar los nombres de los cientos de miles que produjeron el 17 de Octubre. Nadie tiene memoria de sus apellidos. Pero yo puedo dar fe de los miles de compañeras y compañeros que sufrieron la proscripción y la persecución, que era brutal y cotidiana. Pero se luchó hasta que llegó el momento en que el país estaba lleno de las pintadas “Perón vuelve”, de la V y la P. Este símbolo nació recordando que debajo de las alas de los aviones que bombardearon Plaza de Mayo el 16 de junio del ‘55, los pilotos navales pusieron una cruz y una V, que significaba “Cristo vence”. El peronismo tomó el mismo signo y en lugar de la cruz puso la P. Bajo este axioma nos movimos durante varios años".

-Y en ese tiempo usted lo fue a ver a Perón en el exilio

-"Fueron muchos años de proscripción para el mejor hombre que la Argentina ha tenido en el siglo XX. Lo tuvieron a 14.000 kilómetros de distancia. Y yo fui en 1966 a verlo en Madrid. Fui enviado por el movimiento obrero. Tuve el honor de ser abrazado por el general Perón".

-Es un abrazo que usted todavía recuerda

-"Ese abrazo, se los cuento a todos, todavía me conmueve. Porque me abrazó muy fuerte, apretándome contra su pecho. Y saben que el día que me estaba pegando la vuelta, me animé y le pregunté: '¿Por qué apreta tanto?'. Él replicó, como enojado, '¿Qué apreto yo?'. Le aclaré: 'No, general, en el abrazo, por qué tan fuerte'. Me contestó: 'Ah, el abrazo. Lorenzo, era para que usted no se sintiera solo'. Y agregó: 'El abrazo, Lorenzo, es el acto humano de mayor fraternidad y es muy lindo practicarlo'. Yo les explico a todos que el peronista da la mano la primera vez, de ahí en adelante, el abrazo".

-Volvamos al encuentro en Puerta de Hierro

-"Llegué y estuve en el hotel un día y medio esperando el llamado desde Puerta de Hierro. Hasta que sonó el teléfono y nos dicen: 'Señor Pepe, lo está esperando el general Juan Perón en su residencia'. Me visto rápido y cuando salgo me estaba esperando, en un Mercedes Benz blanco, Jorge Antonio, que conducía el auto, y me llevó él. Jorge Antonio fue su gran mecenas en el exilio, porque Perón estaba seco, no tenía la fortuna que decían acá. Y así llegó el encuentro. Al hombre al que iba yo a explicarle cómo estaba la Argentina, finalmente él me enseñó a manejarme durante el resto de mi vida. No pude decir nada más que 'General, vengo a explicarle lo que está ocurriendo...' y me corta: “Espere un minuto Lorenzo, yo le voy a contar...'. Y me contó todo lo que pasaba en el país y en el movimiento obrero argentino".

-¿Ya en 1966 estaba seguro de su regreso?

-"Nos pusimos de pie, sirvió dos copas de cognac, me dijo que nos pongamos de pie y brindamos. 'Por el regreso', dijo. Y tuvieron que pasar seis años más para que Perón pudiera regresar".

-¿Qué sintió al volverlo a ver en el aeropuerto de Ezeiza?

-"Primero la gran sorpresa de que al llegar y darme un abrazo se acordara de mí y del encuentro que habíamos tenido en 1966. Pero era una situación muy tensa, con una gran vigilancia y presencia militar, hasta pusieron una ametralladora apuntando a la puerta por donde tenía que salir Perón. Recuerdo que el avión llegó a las 11.20 de la mañana y lo tuvieron hasta las 4.30 de la madrugada del otro día en el hotel de Ezeiza. Más allá de la tensión por la presencia militar, Perón mantuvo siempre el gesto de ser quien mandaba en la situación".

-Una versión cuenta que alguien dentro del avión, al ver tanta presencia militar, le dijo: “¿Va a bajar?”. Y Perón respondió: “¿A qué vine?”.

-"Y claro, a eso venía, a bajar y a quedarse. Aunque después volvió un tiempo a España a arreglar sus cosas. Pero ese fue el comienzo de su retorno definitivo a la Argentina".

-¿Qué representó en aquel momento el regreso de Perón para los dirigentes del movimiento?

-"Fue una referencia de la unidad interna inexcusable. No había forma de generar una división, estaba Perón de regreso después de casi 20 años. Estaba Perón, así que convocó y amontonó a la gente, esta es la realidad. No había discusión posible. Además de la manera en que lo hizo. 'Vengo como prenda de paz y de unión entre los argentinos', dijo".

-Quedó grabada en el regreso la imagen de José Ignacio Rucci con el paraguas, ¿Como recuerda ese momento?

-"Fue un momento muy emotivo. Recuerdo la sonrisa amplia de Perón debajo del paraguas. Rucci haciendo fuerza, porque era bajito, para taparlo, porque llovía mucho. Y Perón luego secándose las lágrimas con sus manos, en el automóvil cuando estaba en Ezeiza. Eso marca una carga de sentimiento muy grande".

-¿Perón siempre estuvo seguro de que iba a volver?

-"Él tenía la profunda certeza de que el pueblo lo iba a pedir y fue lo que ocurrió históricamente. No podían bancarse más acá el “Perón Vuelve”,. Al final, los dictadores bajaron los brazos".

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