Jorge Fernández Gentile
Leonardo Schwarz

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Uno de los mayores misterios en la historia de la humanidad está vinculado a Cristóbal Colón. Conocido popularmente por ser el descubridor de América, aunque falleció sin haberse enterado de semejante hecho, este personaje genera grandes misterios por su intención de esconder todo lo relacionado con su vida privada, de dónde sacó sus conocimientos sobre el mar, los porqués de su insistencia en que la Tierra no era achatada ni tenía límites y su obsesión en contarle a quien quisiera escucharlo que el planeta en el que habitaba era redondo, tal como pudo probarse poco después. ¿Acaso Cristoforo Colombo, que aparentemente era su verdadero nombre, según la lengua genovesa, fue un iluminado, alguien a quien poderes ocultos, quizá extraterrenales o incluso seres de otros mundos, lo guiaron hasta cumplimentar su hazaña, en contra de todos los poderes eclesiásticos y de muchas realezas, que lo creían un loco de atar? ¿Por qué solamente los reyes de España accedieron a acompañar su proyecto de navegar hacia el oeste, en la búsqueda de otra ruta de las especias, tan necesarias en aquellos tiempos para poder conservar mejor los alimentos?

Sus antecedentes
Si bien parte de su historia es conocida, como que se ha confirmado que Colón era hijo de un humilde tejedor de la república de Génova, y que ya como marino, luego de haber vivido desde pequeño como grumete en diferentes embarcaciones, intentó convencer a varios reinos de la necesidad de encarar una aventura mar adentro, en la búsqueda de otra ruta hacia las especias que estaban en la lejana Asia, al no poder superar el escollo que representaban ejércitos como el otomano, que impedía avanzar a los europeos. Este hombre simple logró convencer a Isabel la Católica de que le financiara un viaje con tres naves que culminaría, no sin complicaciones, en el descubrimiento de este continente en 1492.

Lo real es que apenas se sabe de la vida de este ser aparentemente solitario, además de que es difícil comprobar a ciencia cierta cuál era su verdadera procedencia. En gran medida, porque quien luego sería considerado oficialmente como descubridor del Nuevo Mundo “eligió vivir en la oscuridad en todo lo relativo a su lugar de nacimiento y familia”, argumentó su propio hijo, Hernando Colón, en la biografía de su padre.

Lo que dijo Dickson
Según cuenta en un artículo el prestigioso diario español El País, ante esta situación, obsesionado con ese enigma desde 1991 y bajo la majestuosa cúpula de la Sala de Lectura en la Biblioteca del Congreso en Washington, el ex analista de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) e investigador Peter Dickson navegó por varios mares, no de agua salada sino de documentos antiguos, en busca de la verdad.

“En los años noventa pasé miles de horas y gasté miles de dólares. Durante muchos años, casi viví aquí (...) escarbando en archivos”, comentó a la agencia española EFE en el espléndido edificio Thomas Jefferson, sede central de la biblioteca nacional “de facto” de Estados Unidos.

Nacido en 1947 y residente en Arlington, en las afueras de Washington, Dickson trabajó durante más de dos décadas como analista político- militar especializado en la proliferación de armas nucleares para la CIA. En el más poderoso servicio de espionaje del mundo, Dickson aprendió “la habilidad de ver pruebas que no parecen relacionadas, pero están relacionadas”, que puso al servicio de su incansable pesquisa sobre el llamado “Almirante de la Mar Océana”.

Con esa mente analítica, el ahora investigador independiente, autor de un libro y varios ensayos sobre Colón, intenta ordenar el galimatías de su vida mediante un infatigable rastreo genealógico.

¿No era humilde?
De entrada, Dickson cuestiona el origen humilde del navegante, históricamente aceptado: “Eso no tiene sentido”, subraya, porque “el desconocido hijo de un tejedor genovés” nunca podría haberse casado por estatus con Felipa Moniz, una dama de una familia aristocrática vinculada a la poderosa casa de Braganza, que reinó en Portugal de 1640 a 1910. Para decepción de quienes claman que Colón fue italiano, portugués, francés o catalán, el investigador sostiene que “no es nada (de eso) al 100 por ciento” y que se trata de “un mestizo mediterráneo multicultural con un complejo árbol genealógico”. El ex analista de la CIA apoya la teoría de que el almirante proviene de una zona que abarcaba la costa entre Savona (Italia) y Mónaco (Riviera francesa), lo que confirma que por esos años dicho territorio estaba bajo control de la república de Génova.

“Puede ser un ciudadano de la república genovesa sin ser un italiano monocultural”. El rompecabezas de la vida de Colón se complica aún más porque “nunca escribe en italiano a los italianos. Les escribe en castellano”, apunta Dickson, al recordar que filólogos como Ramón Menéndez Pidal demostraron que “el castellano no es su lengua materna”.

Dickson aborda la investigación que, bajo la batuta del director del Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada (sur de España), José Antonio Lorente, estudia desde 2003 cientos de muestras de ADN de posibles descendientes del almirante apellidados Colón, Colom o Colombo, de España, Francia e Italia.

Hace tiempo se duda
En un artículo divulgado en 2011 por la revista European Journal of Human Genetics, los investigadores concluyeron que los Colom catalanes pertenecen a un número de linajes menor que los de los Colombo italianos, lo que hace más fácil seguir su pista genética. Dickson lamenta que los científicos no develaran información sobre el cromosoma Y hallado en los “bien preservados restos” de Hernando, de mayor calidad que los de su padre y su tío.

El ex analista cree que optaron por el “secretismo” para esconder que “no hallaron ninguna coincidencia” genética, y por temor a que ese resultado reforzara la “sospecha” de que esos apellidos fueran “un sinónimo adoptado para ocultar el origen de la familia”. En cambio, Lorente alegó en octubre pasado que, en aquel momento, “las tecnologías no eran suficientemente potentes” para establecer el tipo de cromosoma Y en los Colom catalanes y los Colombo italianos, si bien confía ahora en poder acabar el estudio en 2018.

Más allá de polémicas, Dickson asume la “magnitud titánica” de desentrañar un misterio que dura más de quinientos años y admite que tal desafío requiere la labor de un “equipo multidisciplinario. Al menos creo que he abierto la puerta a un nuevo enfoque”, aseveró.

No todo fue como se contó
Según el imaginario popular, Cristóbal Colón se arrodilló para besar la tierra que acababa de descubrir, sosteniendo el estandarte de Castilla. Pero la realidad indica que, muy posiblemente, no haya podido realizar ese gesto, debido a que sufría artritis, enfermedad que le impedía levantarse por sus propios medios.

A partir de varios estudios, llegó a conocerse que era un hombre con escasa movilidad por la afección de sus articulaciones. Como todos los marinos de su época, estaba expuesto a las enfermedades infecciosas que pululaban en sus naves debido a las ratas, la mala comida y la peor higiene. En 1494, durante su segundo viaje, al llegar a La Isabela, quedó postrado por el tifus, a punto de delirar por la fiebre. Se recuperó para encontrar que sus marinos estaban afectados por el pian (o frambesia), una infección producida por el mismo germen de la sífilis (el treponema pálido), que hasta entonces era desconocida en Europa. Así y todo, se las ingenió para seguir navegando y lograr el acontecimiento histórico vinculado a nuestro continente.

Lo que pocos saben es que, después de muerto, sus restos emprendieron un viaje tan extenso y aventurado como los que había realizado en vida. Primero fue sepultado en Valladolid y de allí conducido al monasterio cartujo de Las Cuevas, donde estaba enterrado su hermano Diego. Lamentablemente, mucho no pudieron reposar sus cansados huesos, porque la familia decidió llevarlos a Santo Domingo, ciudad testigo de sus hazañas.

¿Vio extrañas luces que contó en su libro de viajes?
Lo guiaron hasta el nuevo mundo al “descubridor de América? El diario de Cristóbal Colón ha sido ampliamente estudiado por diferentes académicos y varios de sus comentarios son estudiados por investigadores, ufólogos y criptozoólogos de todo el mundo. Es que este extraño personaje ha descripto numerosos e increíbles avistamientos de objetos voladores no identificados (OVNIs), pero también animales fantásticos y hasta sirenas, durante su primera travesía al después llamado nuevo mundo. La primera gran referencia a extrañas e inexplicables luces en el cielo se produce en la noche del 15 de septiembre de 1492.

En esa oportunidad el navegante describió: “Navegó aquel día con su noche veintisiete leguas su camino al Güeste y algunas más. Y en esta noche al principio de ella vieron caer del cielo un maravilloso ramo de huego en la mar, lexos de ellos cuatro o cinco leguas” (sic). Muchos ufólogos reconocidos aseguran que lo que vio Colón, y que él describe como “ese fuego que cayó en el mar” podría tratarse de lo que se denomina un OSNI, para describir a un Objeto Submarino No Identificado, aunque no se debe descartar que se tratara de los OVNIs que se podrían haber ocultado en el mar.

Previo al día clave
El segundo avistamiento que observó Colón en su largo viaje sucedió el 11 de octubre de 1492, a sólo horas de que viera tierra por primera vez después de varios meses de dura navegación. En esta oportunidad, el capitán de la flota escribe: “Después del sol puesto, navegó a su primer camino al Güeste. Andarían doze millas cada ora, y hasta dos oras después de medianoche andarían noventa millas, que son veintidós leguas y media (…) Puesto que el almirante a las diez de la noche, estando en el castillo de popa, vido lumbre, aunque, como fue cosa tan cerrada, que no quiso afirmar que fuese tierra, pero llamó a Pedro Gutiérrez, repostero de estrados del rey, e díxole que parecía lumbre, que mirasse él, y así lo hizo y vídola. (…) se vido una vez o dos, y era como una candelilla de cera que se alçava y levantava, lo cual a pocos pareciera ser indicio de tierra, pero el almirante tuvo por cierto estar junto a la tierra” (sic).

Estas luces que aparecieron subiendo y bajando antes del descubrimiento, para muchos fueron realmente OVNIs que habrían evaluado observar el descubrimiento de América. Aunque otros especialistas van más allá y afirman que quizás esa flota de naves extraterrestres lo estaba “guiando”. Es que, para muchos, solamente así Colón pudo encontrar el continente. Y si bien se refiere en muchos párrafos a relatos de sirenas y monstruos, algunos indican que cuando habla de esos temas no es tan específico en sus posiciones, por lo que se puede presumir que, entre el alcohol y las comidas en regular estado, esos hechos ya no son tan bien descriptos como los anteriores.