Por Daniel Beylis
paranormales@cronica.com

No es la in detención esta nota romper con creencias, desconocer los escritos sagrados que sobrevivieron por siglos y han sostenido a dos de las religiones más importantes como la cristiana y la judía.

No obstante, nuestro espí- ritu investigativo no puede dejar de ver con los casos sagrados que, aunque coinciden en muchosimos casos, escritos por sobres de otrass, conocedores de los secretos de aquel e aunque, aunque herra- mientas que en la actuali- dad arqueólogos, biólogos, climatólogos, paleontólo- gos, historiadores, físicos y otros científicos se empecinan en, estudiar buscando otra visión de un tema tan apasionante como es el origen de todo y de to- dos en este planeta.

Por eso tomos poner una consi- deración otra mirada sobre las diez plagas de Moisés, explicadas desde una exposición más científica, real, sin carente de fundamentos. Se sabe que todo lo Biblia cita que ocurrió en el Egipto Antiguo en tiempos del éxodo del pueblo judío puede ser ensicólogo de alegorías. Fue diez las plagas de las que habló Moi- sés. Este es otro análisis, en el siglo XXI.

Estamos en fecha

Mientras la fe de los cristia- nos celebra la festividad de la Pascua de Resurrección, por esos mismos días tam- bién los judíos celebran lo que se llama la Pascua judía o Pesaj, que se narra en el libro del Éxodo, en el Anti- guo Testamento de la Biblia , donde se cita las diez plagas que azotaron a los egipcios previamente a que Moisés y los judíos pudiesen esca- par del faraón emprender y su viaje de 40 años hasta Israel, a través del desierto. Si trajéramos el tema a es- tos tiempos y viésemos las cosas desde otra perspectiva, menos alegórica, más terre- nal y científica, es posible que podamos atribuir a cada "plaga" un fenómeno natu- ral real en el cual se habrían basado aquellos escritos, ya que quienes Escribian aque- llos relatos probablemente no siempre tuvieron en las islas necesarias como para poder hacer un análisis de lo que estaba encendido realmente realmente. Veamos.

El agua pasa a ser sangre

En el éxodo, capítulo 7, ver- sículo 21, se lee que Moisés golpeó el río Nilo con su bastón y sus aguas se con- virtieronieron en sangre, dando lugar a la primera plaga de Egipto. Al mismo tiempo, su hermano Aarón produ- ce un fenómeno similar en los canales, estanques y re- servorios de toda la región. Así, todos los peces del río murieron, y el agua del Nilo fue imposible de beber. ¿A qué conclusiones llegaron varios científicos tras anali- zar durante tiempo el tema, con elementos ac- tuales y tecnología de últi- ma generación, lo que relatado por los santos escritos? Casi todos de balcón un fenó- meno sobrenatural, y sí que se produjo aquellos años aquellos una invasión (o léase plaga) de algas ro- jas que suelen aparecer bajo ciertos condiciones, para te- ñir de color bermellón las aguas del Nilo, muy pareci- do a la sangre humana. Este fenómeno se lo conoce hoy como "marea roja", y aun- que los mares son los más afectados, en ríos también puede puede, sí mismo de microscópicas algas poseen en su comanía varias comanías que pueden acumularse en las quienes consumen. Un estudio reali- zado en El Cairo comiba que son capaces de producir ciertos vapores que a veces acompañan las aguas del Nilo, y que al dispersarse en el oxígeno que consumimos los seres vivos vivos causar problemas problemas respiratorios, tanto en humanos como en animales.

¿Llovieron ranas?

La segunda plaga que lanzó Moisés sobre el pueblo egip- cio fue la "lluvia de ranas". Según los escritos sagrados, de la nada comen- zaron a aparecer en esa zona enormes cantidades de estos anfibios, que invadías las moradas de los habitantes de esa civilización. Sin em- bargo, esta "segunda plaga" que pareci sentenciar Moi- sés tienen sustento en el tiempo, ya que este fenóme- no se ha producido más de una vez en la historia, inclu- so en hechosmente recientes. Así, el 12 de julio de 1873 la publicación Ame-rican describeo un informe sobre una "lluvia de ranas que oscurecía el cielo" tras una fuerte tormenta tormenta en sue- lo norteamericano. En tanto, el investigador Charles Fort describeió otro fenómeno de iguales características en su "Libro de los condenados", publicado en 1919. Y ya en 2010, la cadena CBS citó una invasión de millas de ranas que salieron de pronto de un lago e invadieron los pueblos cercanos a Michigan.

Qué significa "keenim"

Moisés sabía de las debilida- des aquellos tiempos, y cómo cómoban a personas y animales. La tercera pla- ga que lanzó Moisés fueron piojos o pulgas, do de cómo se traduzca o interprete la palabra hebrea "keenim". En ese contexto, varios científicos sostienen hoy que si seon altas concentraciones de algas rojas, muy nocivas y toxicidad, factores estos pu- dieron ncia mental como para la elevada concentración y prolifera- de todo tipo de insec- tos, y entre ellos, las pulgas y piojos, símbolos de mise- ria y de higiene. Siguiendo una lógica de sucesión de hechos, va- rios investigadores alema- nes éitravas por Stephan Pflugmacher, climatólogo del Instituto Leibniz de Berlín, conclusron que ranas y otros anfibios sue- len alimentarse de insec- tos, los que controlan (y regulan) que la población de moscas no hay excesivas marinas.

Así lo ratificaron en un programa de NatGeo hace diez años. Otros estudios concluyen que, probablemente, esa elevada concentración de pulgas y piojos haya sido el motor y basamento para posteriores plagas, dado que esos insectos fueron vectores y portadores de la bacteria Yersinia pestis, una de las causantes de la peste bubónica, según un estudio del Emerging In- fectious Diseases. Nótese que la plaga de forúnculos y la muerte masiva del ga- nado, perfectamente po- drían haber sido dos pla- gas causadas a su vez por el exceso de estos insectos que, además, suelen llevar- se bien con ratas y otros roedores, conclusión a la que llegó en 2008 una pu- blicación del Yale Journal of Biology & Medicine.

Qué problema es traducir

“Arov” es otro vocablo he- breo que genera discusiones. En principio bien podría sig- nificar “mezcla”, pero pos- teriores estudios en lingüis- tica sostienen que debería interpretarse que se está re- firiendo a cualquier animal salvaje existente, sin discri- minar entre insectos, gatos o lobos. Según el Éxodo, los animales como serpientes o escorpiones venenosos fueron la cuarta plaga, pero también aparecen leones y hasta osos. No obstante, un estudio publicado en Cadu- ceus en 1996 y que realiza- ron J.S. Marr y C.D. Malloy, tiene otra mirada y asignan a que se produjo un proble- ma epidemiológico causado por una alteración del clima, y que lo que representa la cuarta plaga no es más que grandes enjambres de mos- cas, como la de los establos (cuyo nombre científico es Stomoxys calcitrans), y que muchos los emparentan con los conocidos tábanos. Estos son un tipo de insecto cuya picadura y/o mordedura puede llegar a producir tu- mores.

Ganado enfermo

La quinta plaga lanzada por Moisés fue un contagioso mal que afectó a todo el ganado egipcio, que murió rápido. Su descripción con- cuerda con la llamada peste bovina, que se produce a causa de un virus y es extre- madamente letal. De hecho, durante los siglos XVIII y XIX arrasó las poblaciones de ga- nado vacuno de África y Eu- ropa, e inclusive hubo brotes en América. Según publicó el New York Times en 2010, el origen de la peste bovina estaría ubi- cado en Asia y habría viaja- do hasta Egipto hace 5.000 años, mediante las prehis- tóricas rutas comerciales de mercaderes y beduinos. Se estimó que pudo llegar a aniquilar un porcentaje aproximado al 80% del ga- nado afectado en cada brote y en aquellos tiempos no fue diferente. Recién hace diez años y tras mucho dicha “plaga”, que no fue otra cosa que una enfermedad ani- mal, se dio por erradicada.

Más que un sarpullido

Producida la muerte del ga- nado de los egipcios, la lla- mada sexta plaga desatada por Moisés fue una infección generalizada que produjo la bacteria Staphylococcus au- reus, que generó en la pobla- ción gran cantidad de granos y forúnculos de diferentes dimensiones en grandes par- tes de la piel de los egipcios. Se trata de protuberancias muy dolorosas, rodeadas de un halo rojizo, causada por esa bacteria que suele vivir en la piel humana, y que puede provocar infecciones graves. Así, los científicos no tardaron en compren- der que lo que se trató de entender como una plaga en realidad fue, a partir del caldo de cultivo dejado por los anteriores males, un bro- te de la erradicada viruela, que también causa ampollas y podría haber afectado a muchas personas al mismo tiempo, debido a que sin vacunas es extremadamente contagiosa. Se probó que la viruela ya afectó al pueblo egipcio hace más de 3.000 años, porque se han encon- trado cicatrices de viruela en varias momias de aquel pe- ríodo, incluyendo al faraón Ramsés V, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los Esta- dos Unidos, que analizaron muestras extraídas.

Granizo y fuego, juntos

Muerto el ganado y en esta- do de putrefacción, acom- pañado por el gran brote de viruela, los pobladores esperarían más desgracias y los escritos sagrados afirman que Moisés provocó como séptima “plaga” una lluvia de granizo de fuego, que hi- rió a numerosos habitantes, animales e incluso derribó plantas y árboles. Lo sorprendente fue que la región de Goshen, donde habitaba por entonces el pueblo judío, no fue afecta- da por ese azote, según el li- bro “Tanakh, A New Transla- tion of The Holy Scriptures”. Pero científicos y biólogos confirmaron que aproxima- damente hace 3.500 años se produjo una erupción del volcán Santorini, situado en una isla de Creta, en el mar Egeo. Si consideráramos que “llovió fuego y grani- zo”, bien podría llegarse a la explicación de que dicha “plaga” haya sido ceniza vol- cánica que cayó en medio de tormentas eléctricas, bastan- te comunes en esa región. De ahí que la frase “tormenta de granizo de fuego” aparece como sostenible, según in- dicó la climatóloga Nadine von Blohm, del Instituto de Física Atmosférica de Alema- nia, al diario The Telegraph.

Ahí viene la plaga

A pesar de todas esas pla- gas desatadas por Moisés en suelo egipcio, el faraón siguio negándose a dejar ir al pueblo judío, por lo que Moisés desató una octava plaga: la llamada lluvia de langostas. El fundamento es válido porque esos bichos son verdaderos devoradores de plantaciones, y en eso se basó Moisés, que citó en los escritos del libro Tabakh que esas langostas tenían la mi- sión de devorar las plantas que no habían sido destrui- das por la lluvia de fuego. Ahora bien, suponiéndo- se que Moisés sabía lo que vendría, a partir de un Dios que lo guiaba, muchos es- tudiosos ndican que, tras la erupción del Santorini, se habrían generado las condi- ciones climatológicas idea- les para que las langostas se reprodujeran en cantidades y funcionaran como una real plaga, según lo explica el biólogo molecular Siro Trevisanato, autor del li- bro “The Plagues of Egypt: Archaeology, History and Science Look at the Bible”.

¿Oscuridad o smog?

La novena plaga fue la oscu- ridad, según los textos sagra- dos. Estudiosos de la actua- lidad se niegan a considerar que Moisés tuviera capaci- dades especiales para hacer desaparecer la luz, y llegan a explicaciones más racionales a estos tiempos. Hay dos ex- plicaciones sustentables. La primera la atribuye al exceso de cenizas producidas por el volcán Santorini, y no se descarta que se haya produ- cido por entonces un eclipse solar. En ese contexto, y según los antiguos escritos sagrados, se produjo una oscuridad tan espesa que “las personas no podían ver entre sí” y que ese fenómeno duró como mínimo tres días, aunque no sucedió lo mismo con el pueblo de Moisés, dado que, cita: “los israelitas disfruta- ron de luz en sus moradas”. Empero, precisamente el 5 de marzo del año 1223 a.C. se produjo un eclipse de estas características, según un estudio que culminó el arqueoastrónomo Iurii Mo- senkis. El hecho de que los israelitas tuvieran luz no tie- ne sentido científico, porque no se cita que los egipcios no hayan tenido candelabros, a menos que carecieran en ese momento de esos elemen- tos. La otra hipótesis, sostenida por investigadores italianos y rusos, indica que fue la ce- niza volcánica del Santorini, hace 3.500 años, la que cu- brió el cielo egipcio, aunque no hay un correlato preciso porque la erupción volcáni- ca sucedió a 800 kilómetros de distancia y se produjo antes de que se concretara el éxodo.

Muerte a primogénitos

La décima y última “plaga” lanzada por Moisés habla de “matanza de los primo- génitos”, en la que cita que el hijo mayor de cada casa egipcia habría perecido tras un aviso previo de Moisés al faraón. Con respecto a esta “plaga”, que no tiene nada de tal, en una publicación del 2003 en la revista Clini- cal Microbiology Reviews, el exceso de algas rojas libe- ró toxinas potencialmente letales, denominadas mi- cotoxinas, las que a su vez habrían contaminado el grano de trigo, volviéndolo mortal. Para John Marr, jefe de epidemiología del Dep- to. de Salud de Nueva York, tendría sentido: los primo- génitos eran los primeros en recoger el grano, y por lo tanto eran los más expues- tos a estas toxinas que tam- bién podían esparcirse por el aire.

Conclusiones

Como puede analizarse, la ciencia tiene otra mirada de los textos bíblicos. Lo que no invalida en lo más mí- nimo que los libros sagra- dos digan absolutamente la verdad. Sólo que, en la visión de estudiosos como el suizo Erich von Däniken, la interpretación que las religiones les fueron dan- do a muchos temas estuvo directamente relacionada a cómo se veían las cosas entonces con las escasas herramientas que tenían. Lo que, además, deja a sal- vo cualquier creencia, más allá de que los científicos traspasen esa frontera, para muchos infranqueable.

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