Por Florencia Bombini
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El próximo miércoles se celebrará a nivel internacional el Día de San Valentín. Como suele ocurrir, mientras para algunos no significa más que un plan “comercial”, para otras parejas es una excelente excusa para organizar un plan romántico, como cenar en un restaurante con esas características, contratar una noche en un hotel de lujo o preparar una cena especial, con velas y otras decoraciones temáticas.

Ellos son los que piensan también que estos son los días en los que los problemas y las discusiones pasan a un segundo plano. Sin embargo, el mayor inconveniente es que cuando el 14 de febrero llega a su fin, la magia del enamoramiento, de la salida de novios, se termina y en algunos casos estas “malas vibras” vuelven a tomar el poder. Y esa no es la idea, más allá de que San Valentín haga posible lo imposible.

De acuerdo con el asesoramiento del licenciado Santiago Bonomi (MP 98039), “cuando las parejas pelean con frecuencia, su calidad de vida se ve desmejorada”, por lo que “es evidente que necesitan hacer algo, pero muchas veces no saben qué, y a pesar de los intentos por mejorar las cosas fracasan una y otra vez y las discusiones se prolongan tanto que quitan toda la energía y la posibilidad de disfrutar la vida”.

Quedarse más tiempo en el trabajo para no regresar a su casa o programar salidas para evitar el contacto con la pareja son ciertas alarmas que no hay que dejar de escuchar y que significan que algo hay que cambiar, para un lado o para el otro. Y esto es posible, primero, dándose cuenta a tiempo, y segundo, consultando con un especialista si es necesario.

Según explicó Bonomi, a veces estas situaciones pueden superar tantos límites que hace que la historia sea irreversible. “Cuando el enfrentamiento empieza, puede escalar rápidamente y llegar a altos niveles en los que se termina perdiendo de vista hasta por qué se discute”, señaló el licenciado.

Y son estos los momentos donde pueden decirse cosas fuera de lugar: “La agresividad de lo que se dice también aumenta y a veces se expresan cosas de las que después uno se arrepiente, pero lamentablemente es tarde, las palabras hirientes ya han llegado y aunque el deseo de volver atrás nos inunde, el daño está hecho”.

Es decir, sostuvo el especialista, no se trata de “una competencia donde alguien podría resultar triunfador” sino que en estos casos “no hay nada que ganar, más bien, mucho que perder”. Son muchísimos los motivos por los que discute una pareja: poder, dinero, educación de los hijos, ce los, intentos de cambiar al otro, impuntualidad, orden, limpieza, son algunos de una larga lista.

Sin embargo, señaló Santiago Bonomi, “el problema no está en el tema explícito de la discusión; es decir, en lo que se dice verbalmente, sino en situaciones latentes que subyacen a lo consciente. Los fenómenos inconscientes siempre están presentes e influyen fuertemente sin que nos demos cuenta de ello. Detectar cuál es el verdadero trasfondo es clave para resolver el conflicto y lograr armonía”.

Entonces, para que el espíritu de San Valentín contagie el resto del calendario, el licenciado brindó una serie de recomendaciones para aquellas parejas en las que las discusiones superan a los momentos de paz.

*Para solucionar problemas de pareja, primero es necesario resolver los propios.

*No hay que tratar de imponer ideas propias. Antes que tener razón, es mejor elegir ser feliz. Las discusiones no son más que un laberinto que conduce a la nada.

*No enfocarse en los conflictos, sino en el amor que los une.

*Cuando empieza una discusión, hay que intentar no enojarse y acordarse de que de las palabras hirientes no se vuelve fácilmente. La violencia verbal aleja el amor y deja la felicidad en el olvido.

*Aprender a pedir perdón cuando es necesario no hay que verlo como una debilidad; en realidad, es una fortaleza.

*Si uno quiere promover un cambio en la pareja no alcanza con pedirlo, hay que involucrarse y ayudar al otro para que lo logre; ponerse en su lugar y entender lo que le pasa en función de lo que el otro siente. Involucrarse en el cambio del otro tiene un doble beneficio: primero ayuda a uno mismo a desarrollar su capacidad de empatía, y además aumenta las posibilidades de que la pareja tenga éxito, ya que al sentirse entendido, comprendido y en definitiva amado, se facilita su propio proceso de cambio. De esta forma, el amor volverá a ser el protagonista de la pareja y serán más los momentos lindos y románticos que los de discusiones.

Un poco de historia...
¿Por qué el 14 de febrero es el día designado para la celebración de San Valentín? La historia data de la época del Imperio Romano. San Valentín era un sacerdote de Roma en el siglo III. En ese entonces gobernaba el emperador Claudio II, quien justamente tomó la decisión de prohibir la celebración de matrimonios para los jóvenes (según su opinión, los solteros sin familia eran mejores soldados). A partir de esto, el sacerdote entendió que eso era injusto y se animó a desafiar al emperador. De esta forma, celebraba los matrimonios en secreto, lo que motivó que se convirtiera en el patrono de los enamorados. La historia cuenta que San Valentín fue encarcelado y un oficial intentó ponerlo a prueba y le pidió que le devolviera la vista a su hija Julia, quien había nacido ciega. Valentín aceptó y cumplió con el pedido. De todas formas, siguió privado de su libertad hasta el 14 de febrero del año 270, cuando fue ejecutado. Julia, agradecida, plantó junto a su tumba un almendro de flores, que luego se convirtió en el símbolo del amor y de la amistad duradera. La fecha de celebración del 14 de febrero fue establecida por el papa Gelasio para honrar a San Valentín entre el año 496 y el 498. En tanto, sus restos descansan actualmente en la basílica de su mismo nombre, ubicada en la ciudad italiana de Terni (Italia).

Del primer flechazo al amor verdadero
Antes de entrar en esta etapa donde las diferencias son parte de la rutina, existe un punto de partida denominado enamoramiento. En ese primer momento, resaltó el licenciado Santiago Bonomi, “sólo nos atrae alguna cualidad exterior, como por ejemplo, la belleza, el tono de voz o cualquier atributo que se ve a simple vista”. Sin embargo, la realidad indica que aún “no sabemos nada del otro”. Al respecto, resaltó que en esta instancia existe una intensa atracción, que implica “una magnificación de las cualidades positivas del otro y una falta casi total de crítica hacia la persona amada”. En simples palabras, explicó el especialista, “estamos realmente ciegos a las fallas”. Pero no todo es color de rosa, pues este período intenso tiene fecha de vencimiento. Aunque, si todo va bien, “debería dar lugar a un vínculo más robusto y estable”, sostuvo Bonomi. “Empezamos a conocer los aspectos positivos del otro como los negativos”, agregó y resaltó que con el amor verdadero “comienza la aceptación total de la pareja”. Para llegar a esta instancia, hay que tener en cuenta ciertas cuestiones que explicó el licenciado:
*La atracción física inicial es importante, pero no suficiente. La química del enamoramiento dura sólo unos meses. Si no hay nada más que lo exterior, la relación durará poco.
*El enamoramiento es fugaz, es sólo la largada. La meta es el amor verdadero. Cuando esto pasa, la vida se agiganta.
*Toda relación implica esfuerzo. Es importante aprovechar el envión del enamoramiento para transformar ese vínculo intenso y superficial del principio en uno duradero y con una conexión profunda.